"La vida, como la fotografía, consiste en positivar lo negativo"

Julio de 2020

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Praga y Polonia

De la ciudad de las cien torres hasta el granero de Europa

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Panorámica de Praga.

  Tras dar comienzo el año 2020, las perspectivas de continuar con la Ruta de la Seda se acabaron disipando por completo. A la insistente negativa de Isabel con respecto a volver a China, se unió, en diciembre de 2019, el incontrolable brote de Coronavirus ó COVID-19 en la ciudad de Wuhan y la consiguiente epidemia que "puso en jaque" al país asiático. La OMS, a finales de enero de 2020, declaró la epidemia y aconsejó no viajar a China. Viendo que iba a ser imposible continuar nuestro periplo por el antiguo camino de las caravanas, barajamos varias opciones: Bolivia, Namibia, Kenia, Islandia o el triángulo de Armenia-Georgia-Azerbaiyán, en el que también había ciudades relacionadas con la Ruta de la Seda.
  Finalmente, a últimos de febrero, tomamos la decisión de ir en mayo, al salvaje país natal de Erick "el rojo"; Islandia. Pero el virus avanzaba y la epidemia se convirtió en pandemia. Entró con fuerza en España y, el 13 de marzo, el Gobierno declaró el estado de alarma. Poco a poco se cerraron las fronteras de toda Europa. Yo mantuve la esperanza hasta el último día, pero la alarma se alargó hasta el 22 de junio. Rosa decidió que este año no viajaba al extranjero y tomé la decisión de hacer un viaje con mi hijo. La primera opción fue la ansiada Escocia pero, viendo que el virus estaba castigando con virulencia el Reino Unido, cambiamos nuestro destino por la atractiva Polonia. Este es el relato de un interesante viaje por tierras polacas. Ponte cómod@, empieza la aventura...

  La situación turística era bastante inestable. Aunque Europa abrió las fronteras del espacio Senghen a mediados de junio, me costó mucho organizar el viaje ya que, de pronto, los datos de nuevos contagios y repuntes de la mortandad, volvían a dejar todo en el aire. Por dos veces tuve que cambiar de ruta, e incluso, con todo ya atado, me cancelaron el vuelo de Praga a Varsovia y el tren nocturno que une las dos ciudades, teniendo que recurrir al traslado en autobús. Pero las ganas de viajar eran más fuertes que toda la incertidumbre. Finalmente, llegó el día señalado y partimos hacia la ciudad de las 100 torres; Praga.

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* Itinerario del viaje:
> día 24/07: Biarritz-París-Praga ( vuelos )
> día 26/07: Praga-Varsovia (bus)
> día 28/07: Varsovia-Cracovia (bus)
> día 30/07: Cracovia-Auschwitz-Cracovia (bus)
> día 31/07: Cracovia-Wieliczka-Cracovia (bus)
> día 01/08: Cracovia-Wroclaw (bus)
> día 04/08: Wroclaw-Poznan (bus)
> día 06/08: Poznan-Torun-Gdansk (bus)
> día 09/08: Gdansk-Amsterdam-Bilbao ( vuelos )


2 nuevos países, 9 ciudades, 4 vuelos más y la friolera de 1.950 Kms en autobús, para conformar un viaje fotográfico y cultural... inolvidable.

Mapa del recorrido del viaje.
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Astigarraga - Biarritz - París - Praga

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  El vuelo salía a las 13:00 horas, pero la media hora de traslado y el no saber lo que nos íbamos a encontrar, referente a temas de controles sanitarios, me hizo ser precavido y andar con tiempo de sobra. Todo salió bien, no hubo ningún tipo de actuación especial y a las 11:40 ya habíamos pasado el control de seguridad y esperábamos el momento de subir al avión. Tanto Iosu como yo, estábamos ansiosos por iniciar la aventura.

  Amaneció un día maravilloso. Quizá, por poner alguna pega, demasiado calor. La mañana pasó rauda y sobre las 10:30 horas nos reunimos con Rosa para que nos acercara hasta el aeropuerto de Biarritz.

El aeropuerto de Biarritz.
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Las tarjetas de embarque de los vuelos de ida.
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El Airbus 320 de easyJet que nos llevó a París.
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  Tras un ordenado embarque, el vuelo EJU3708 despegó con unos cinco minutos de retraso. Según dijo el comandante - yo no, el del avión... ;-) - íbamos a volar a unos 3.000 m de altura y en apenas una hora y cuarto estaríamos en París.
  El vuelo fue tranquilo y a las 14:25 estábamos en "la ciudad de la luz". Tuvimos que pasar otro control de seguridad antes de hacer el transfer a la terminal 2F. El vuelo de París a Praga salía a las 17:50 y todavía no estaba anunciado en los paneles.

  En el boarding pass, figuraba que la puerta de embarque era la F05 pero, después de dar vueltas de un lado a otro, dicha puerta no aparecía por ningún sitio. Finalmente, le pregunté a un operario y, tras mirar en una aplicación interna el número de vuelo, nos dijo que nuestra puerta era la F49. Nos dirigimos hacia allí y nos sentamos a esperar. Después de una rato, en los paneles informativos apareció: 
                                               
AF1582 ----- 17:50 ----- Praga ----- F49  


 

  Más tarde, vino uno de seguridad pidiendo pasaportes, tarjetas de embarque y midiendo la temperatura a todos los pasajeros. Embarcamos sin contratiempos y tuvimos un vuelo tranquilo en un Airbus 318 que despegó y llegó con total puntualidad, aterrizando en Praga a las 19:30 horas. Hacía calor, marcaba 27º pero la sensación térmica era más elevada.​

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El uso de la mascarilla era obligatorio para volar.
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  Habíamos llegado a la República Checa. En Praga tuvimos que pasar por el control de pasaportes y después fuimos a la oficina de información. Allí nos explicaron como ir hasta el centro de la ciudad y nos vendieron los billetes que nos sirvieron tanto para el autobús 119 como para el metro. El bus nos dejó en la parada Nadrazi Veleslavin, de la línea verde del metro (A) que nos llevó hasta la parada Muzeum, a tan solo 500 m de nuestro alojamiento. 

  Salió todo redondo y a las 20:15 horas, aproximadamente, estábamos en el Accomodation Smecky 14, un apartamento sito en la calle Ve Smeckach de la capital checa. Nos mandaron las claves de acceso por Booking, cogimos las llaves de una key-box de la pared y... ¡ Adentro !
  Tras acomodarnos, cogimos las cámaras y salimos a cenar algo. Al comienzo de la calle habíamos visto un local de la cadena KFC. Entramos allí y pedimos unos muslitos de pollo con patatas fritas y una ensalada. Luego, con fuerzas renovadas, nos dirigimos a  la Stare Miastro. Pasamos por la Torre de la Pólvora y nos dirigimos al Puente de Carlos. Cuando llegábamos empezaron a caer cuatro gotas, pero, paró enseguida. Hicimos unas fotos nocturnas hasta que, a eso de las 00:30, empezaron a apagar las luces de los monumentos más emblemáticos. Eso ya lo había visto en Shanghai. Decidimos irnos a descansar. Había sido una dura jornada de aeropuertos y demás. En el apartamento, nos dimos una ducha y nos fuimos a dormir. 

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A la izquierda la Old Town Bridge Tower.
En el centro mi hijo disfrutando de la fotografía nocturna.
Sobre estas líneas, el Puente de Carlos con el Castillo de Praga al fondo.
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El Puente de Carlos.
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Praga

  Praga es la capital de la República Checa y de la región de Bohemia. Situada a orillas del río Moldava, tiene aproximadamente 1,2 millones de habitantes, lo que la convierte en la ciudad más poblada del país y la séptima de Europa Central. Su belleza y patrimonio histórico la convierten en una de las veinte ciudades más visitadas del mundo.

  Se ha desarrollado desde el siglo IX, convirtiéndose en una de las capitales más importantes de Europa en los siglos XVIII y XIX. Antigua capital del Reino de Bohemia y de Checoslovaquia, en el siglo XX sufrió las dos guerras mundiales y la dictadura nazi. Finalizada la segunda gran guerra, quedó dentro de la esfera de influencia soviética. Tras la Revolución de Terciopelo y la caída del Muro de Berlín la ciudad se ha ido adaptando a la economía de mercado. Su casco histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1992.

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Escudo de Praga.
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Colección de monedas y billetes de curso legal de la República Checa.

  Nos levantamos sobre las 07:30. La cama era cómoda, así que, descansamos bien. Desayunamos en el apartamento y sobre las 08:15 nos pusimos en marcha. Quería estar a las 09:00 horas en la plaza para ver el primer pase de las figuras del Reloj Astronómico. A las 08:50 estábamos allí, esperando. Se arremolinaba gente, pero tampoco fue una multitud.

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A la izquierda la Torre del Reloj Astronómico.
En el centro, el famoso reloj minutos antes de las 09:00 horas. Arriba la Iglesia de Ntra. Sra. de Tyn en la Stare Miastro de Praga.
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  La ciudad de Praga surgió desde su Castillo. Durante el siglo XI, las edificaciones fueron extendiéndose desde el castillo hasta la orilla derecha del río Moldava. A finales de este siglo se menciona por primera vez la existencia de un mercado en la actual plaza de la Ciudad Vieja (Stare Miastro). A lo largo de los dos siglos siguientes, Praga continuó creciendo y en el siglo XIII adquirió el título de ciudad. El ayuntamiento comenzó a funcionar a mediados del siglo XIV. La plaza está repleta de edificios de interés entre los que destacan la Iglesia de Nuestra Señora de Týn, la Iglesia de San Nicolás, el Ayuntamiento de la Ciudad Vieja y el Reloj Astronómico de Praga que es el reloj medieval más famoso del mundo y está localizado en la pared sur del Ayuntamiento. Fue construido en 1410 por el maestro relojero Hanus y perfeccionado por Jan Taborsky en el siglo XVI. La leyenda dice que, para que Hanus no repitiera su obra, los concejales le dejaron ciego.

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La casa Dum U Minuty, construcción del s. XV, monumento histórico de la ciudad.

  Tras ver las figuras en movimiento y hacer algunas fotos por allí, nos dirigimos al Puente de Carlos. A esa hora, aunque ya había gente, todavía no estaba muy concurrido y pudimos hacer algunas fotos. Desde allí, debíamos ir a la estación de metro de Malostranská, para reunirnos con el responsable del free-tour que habíamos contratado por medio de Civitatis.

  El Puente de Carlos es el monumento más famoso de Praga y comunica la Ciudad Vieja (Staré Město) con la Ciudad Pequeña (Malá Strana)Con más de 500 metros de largo y 10 de ancho, tuvo en su día 4 carriles destinados al paso de carruajes. Actualmente es peatonal. Recibe su nombre de su creador, Carlos IV, que puso la primera piedra en 1357 para sustituir al Puente de Judit, que se destruyó por una inundación.

  A lo largo del puente encontraréis 30 estatuas situadas a ambos lados de éste, muchas de las cuales son copias ya que las originales se encuentran en el Museo Nacional de PragaLa primera estatua se añadió en 1683. Fue la de San Juan Nepomuceno, quien fue arrojado al río en 1393 por orden de Wenceslao IV y, en el siglo XVIII, la iglesia católica lo santificó. Su imagen se encuentra situada en el lugar desde donde fue arrojado al agua. Cruzando el puente encontraremos, además de las estatuas, muchos puestos de "pitxias" y artistas intentando ganarse la vida dibujando caricaturas y pintando paisajes de la ciudad.

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La calle Karlova.
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De día, el Puente de Carlos y toda la zona del Castillo de Praga lucían con brillantes colores.
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Distintas tomas del puente y la estatua de San Juan Nepomuceno.
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  El tour empezaba a las 10:00 pero, como siempre, pedían estar en el punto de encuentro unos minutos antes del inicio. Según había mirado, desde el puente hasta allí había unos 10-15 minutos a pie. Iniciamos la marcha, pero me despisté en algún punto.

  Puse el GPS del teléfono y se ve que marqué la opción de ir en coche, porque nos llevó por un camino que nos hizo dar mucha vuelta.

  Al principio, no me di cuenta porque nos llevaba hacia el lugar en cuestión, pero, cuando vi que nos hacía cruzar una gran avenida, comprendí que no estábamos en el camino correcto. Bueno, el resultado fue que llegamos más de 20 minutos tarde al punto de encuentro y ya no había nadie del grupo. Lo siento, hizo que me sintiera muy mal conmigo mismo e hizo que me sintiera mal por el grupo de gente que, seguramente, nos estuvo esperando un buen rato. Desde aquí, PERDÓN.

  Bueno, había que recomponer la mañana y decidimos hacer lo que teníamos pensado para esa tarde, es decir, la visita a la Torre Petrin en el monte homónimo, el Monasterio Strahov y el Castillo de Praga. Sólo íbamos a estar ese día entero en la ciudad y había que aprovecharlo a tope. 

  Nos pusimos a andar ladera arriba en dirección a la torre. La mañana estaba espectacular, la gente iba despertando de su “letargo” y el acceso a la torre empezaba a saturarse. Eran casi las 11:00… Todavía no era caótico, es más, sacamos el ticket y subimos sin hacer cola, pero se notaba la llegada continua de gente cual romería hacia la ermita. 

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El ticket de entrada a la Torre Petrin.

  Subimos hasta arriba en dos tramos, primero paramos en la primera plataforma y, tras hacer unas fotos, subimos hasta la plataforma más alta. Desde allí, las vistas de la ciudad eran… ¡! Maravillosas !!

Bien valió la pena pagar las 230 coronas checas ( 8,50 € ) y subir todas las escaleras.

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La Torre Petrin sita en la colina homónima.

  El Monte Petřín, con sus 140 metros sobre el nivel del río, es uno de los lugares de esparcimiento más queridos de Praga. Para alcanzar su cima, se puede subir paseando por sus jardines o tomar el funicular desde la calle Újezd. Arriba encontramos la Torre de Petřín

  Con sus 60 metros de altura y una estructura similar a la Torre Eiffel, es el mirador más elevado de Praga. Desde su terraza superior, a 51 metros de altura, llegamos a alcanzar los 200 metros de altitud sobre el río Moldava. Su parecido con la torre parisina no es casual. La Torre de Petřín se construyó dos años después de la Torre Eiffel, en 1891, con objeto de la Exposición Nacional de Praga.

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Panorámica de Praga desde la Torre Petrin.

  El Monasterio de Strahov pertenece a la orden de los Mostenses y fue fundado por Vladislao II en 1143. El aspecto barroco actual data de finales del siglo XVII. Lo más destacable de este monasterio es su biblioteca. En ellas se conservan libros y manuscritos de la Edad Media, ilustraciones y globos terráqueos. Además, cuenta con una de las pinacotecas más importantes de Europa central en su género.

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El Puente de Carlos sobre el río Moldava.
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El Monasterio Strahov en las laderas del Monte Petrin.

  El calor a esa hora (11:30) era un verdadero castigo. El móvil marcaba 28º pero la sensación térmica era de 35º. Tras las fotos desde la torre nos dirigimos al Castillo de Praga. En apenas diez minutos estábamos entrando por la llamada Puerta de los Titanes. Estábamos dentro de aquella majestuosa construcción.

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La calle Úvoz Nerudova da acceso al Castillo de Praga.

  El Castillo de Praga, construido en el siglo IX, es el castillo más grande del mundo y el más importante de los monumentos de la República Checa. Fue declarado patrimonio cultural nacional en el año 1962.

  Alejado de la idea de castillo medieval con aspecto fortificado, el Castillo de Praga está compuesto por un conjunto de hermosos palacios y edificios conectados por pequeñas y pintorescas callejuelas.

Se puede decir que la historia de Praga comienza con la construcción del castillo.

  Su situación estratégica pronto lo convirtió en el centro del territorio y constituyó la residencia de los Reyes de Bohemia desde su fundación por el príncipe Borivoj. En 1918 el Castillo de Praga se convirtió en la residencia del presidente de la República Checa y desde entonces tiene allí su despacho.

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La llamada Puerta de los Titanes, entrada al Castillo de Praga. A ambos lados los Titanes con más detalle.
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La plaza de acceso al Palacio Real con la Fuente del Tritón en el centro.
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El viejo Palacio Real junto a la Catedral de Praga.
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Ticket de acceso al Castillo de Praga.

  Pagamos las 250 Kc ( 9,30 €) para entrar con la "Ruta B" en el Castillo de Praga. Recorrimos las instalaciones de sur a norte, viendo la Fuente del Tritón, la Catedral de San Vito, la Iglesia de San Jorge y acabamos entrando en el llamado “Callejón de Oro”.

> Catedral de San VitoCon una importante historia y un notable valor artístico, la Catedral de San Vito es el símbolo de Praga y de toda la República Checa. La primera piedra fue colocada el 21 de noviembre de 1344 por el arzobispo de Praga, Ernesto de Pardubice, en presencia del rey Juan de Luxemburgo. Tras pasar por muchísimas vicisitudes, distintas épocas y arquitectos diferentes, abrió sus puertas al público a finales de 1929, es decir, casi 600 años más tarde. Su interior alberga la tumba de Wenceslao IV (el rey bueno) y las Joyas de la Corona, siendo además el lugar de coronación de los reyes de Bohemia. La altura de la torre más elevada son 99 metros y las de sus dos torres gemelas 80.

> Antiguo Palacio Real: Construido en el siglo IX sobre los restos del palacio de Sobeslav, de origen románico, el antiguo palacio sufrió importantes cambios hasta convertirse en el impresionante edificio que se conserva en la actualidad.

> Basílica y Convento de San JorgeFundada en el año 920, la antigua basílica fue ampliada en el 973 con la construcción del convento, que en la actualidad acoge la colección de arte bohemio del siglo XIX de la Galería Nacional de Praga.

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La impresionante Catedral de Praga.
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Detalles de los adornos de la fachada principal de la catedral.
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Fantásticas gárgolas "vigilan" desde los desagües de sus tejados.
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El colorido "Callejón de Oro".
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Trabajados relieves nos cuentan heroicas historias y leyendas.

  Llegamos al llamado Callejón de Oro. Iosu, a esas alturas estaba ya bastante agobiado, pero, finalmente, aguantó como un jabato.

El Callejón de Oro es una calle corta, estrecha y preciosa situada en el interior del Castillo de Praga. Debe su nombre a los orfebres que la habitaron en el siglo XVII. El lado izquierdo de la calle está ocupado por casitas de colores que fueron construidas en los muros del castillo.

  Estas casas se construyeron a finales del siglo XVI con el propósito inicial de dar cobijo a los 24 guardianes del castillo. Un siglo después de ser construidas, el gremio de los orfebres ocupó las casas y las modificó. Habitaron en ellas varios cientos de años. Hacia el siglo XIX fueron habitadas por mendigos y delincuentes de Praga.

  En el siglo XX fueron desalojados y las casas se han convertido en tiendas de marionetas, cristal y otros productos turísticos típicosEntramos en algunas de las casitas que antiguamente sirvieron para el alojamiento de las familias que trabajaban en la construcción del castillo y sus edificios anejos. Allí también, en la casa número 22, vivió durante una temporada el escritor Franz Kafka, natural de la ciudad de Praga. 

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La casa de Franz Kafka; su hogar y su escritorio.
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Los instrumentos de tortura de la Torre Daliborka.

  Finalmente, llegamos a la Torre Daliborka, el punto más meridional del castillo y antigua mazmorra, construida por Benedikt Ried en el siglo XV (1496), como parte de las fortificaciones durante el reinado del Rey Vladislav II. 

  Se denomina con ese nombre después de que su primer interno, Dalibor de Kozojedy, un caballero bohemio fuera encerrado allí. Según una leyenda local, aprendió a tocar el violín mientras estuvo encarcelado y las personas le acercaban alimentos.

  Pero, la torre, no solamente era un lugar de detención. Allí encontramos los aparatos de tortura que se utilizaban en la época y descripciones escritas y visuales de como se aplicaban estos métodos. Daliborka dejó de usarse como cárcel en el año 1781. 

 

  Tras esta última visita, bajamos hasta la parada del metro de Malostranská, punto donde debíamos habernos reunido con la gente del free-tour. El crío estaba muy cansado -y el padre también, todo sea dicho- así que decidimos ir al apartamento. De camino, compramos una ensalada y un menú del burguer para Iosu y nos fuimos a comerlo a nuestra habitación. Descansamos un rato hasta las 16:30 h.

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El billete del metro de Praga.

  Por la tarde salimos en dirección sur. Pasamos junto al Ayuntamiento Nuevo en el centro administrativo del Barrio Nuevo de Praga , o "Nové Město". Luego fuimos a ver un famoso edificio junto al puente Jiráskuv.

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El edificio del Ayuntamiento Nuevo de Praga.
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La Casa Danzante.

  Con la idea de crear un edificio emblemático en Praga, un banco holandés, el Nationale-Nederlanden, posteriormente ING,  contrató a los arquitectos Frank Gehry y V. Milunic para que llevaran a cabo un innovador proyecto arquitectónico, concediéndoles un presupuesto casi ilimitado y total libertad artística. El resultado fue un edificio rodeado de elementos de gran plasticidad que, pese a su estilo "deconstructivista", armoniza con su entorno. Es una de las pocas casas de la ciudad que entra de forma dinámica en el espacio de la calle, es la llamada Casa Danzante.

  La construcción de este edificio, cuyo nombre oficial es Edificio Nationale-Nederlanden comenzó  en 1994 y duró hasta 1996.  Pese a que el mismo año del final de obra recibió el premio de la prestigiosa revista American Time, en la categoría de diseño, este edificio fue muy controvertido en sus inicios. No sólo destacó estilísticamente, sino que era asimétrico y para muchos, estaba evidentemente fuera de lugar en un entorno más tradicional. Entre sus detractores era conocido como The Drunk House ( La Casa Borracha ). Incluso muchos años después sigue habiendo polémica entre los ciudadanos a quienes disgusta el edificio considerándolo fuera de lugar en un contexto conservador y quienes lo ven como un símbolo de libertad, liberación y creencias democráticas después de la caída del comunismo. A mí, particularmente, me gustó mucho, tanto por su situación como por su estética.

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Panorámica desde el puente Jiráskuv.

  Hicimos unas fotos y cruzamos el puente en dirección a la zona llamada Mala Strana. Le llaman “la Venecia de Praga” ya que es la zona de los barquitos y algunos canales. Caminamos hasta el llamado Legií Most (Puente de las Legiones) y allí cruzamos al otro lado del río, camino al Puente de Carlos. A esas alturas de la tarde (18:00 h) y con el día que hacía, pasear tranquilamente por el Puente de Carlos, era una verdadera quimera. Un gentío impresionante cruzaba de una margen a otra del río Oder.

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Distintas tomas desde el puente Jiráskuv.
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Las casas del Barrio Nuevo y el Palacio de la Ópera.

  Nos dirigimos a ver el llamado Muro de Lenon. Es una pared llena de grafitis que hacen referencia al legendario líder de The Beatles. No tiene nada más, pero bueno, era simple curiosidad. Tras unas fotos, volvimos sobre nuestros pasos hacia el Puente de Carlos.

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La imagen de Jhon Lenon resalta en el muro dedicado al malogrado lider de The Beatles.
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Las calles de Praga con su cableado para los tranvías.

  Antes de cruzar el puente, en una tienda de comestibles, nos gastamos nuestras últimas 200 coronas checas. Al crío le apetecía comer unos spaguetti. Compramos tomate, unos yogures, galletas y zumo de naranja para desayunar y nos fuimos para el apartamento. Pero, para despedirnos de la ciudad, pasamos por la Plaza de la Ciudad Vieja e hicimos las últimas fotos. Eran las 20:00 horas de un espectacular sábado y, por ese motivo, las terrazas de los restaurantes acogían a mucha gente, pero, eso sí, guardando la famosa “distancia social”. 

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Panorámica de la Plaza de la Ciudad Vieja al atardecer.
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La Plaza de Wenceslao.

 

  Antes de que la luz del sol decayese por completo, subimos hasta la Plaza Wenceslao. Allí hicimos las últimas fotos de Praga. Es el centro de la Ciudad Nueva y es un lugar que ha presenciado muchos de los acontecimientos de la historia reciente de Praga y de la República Checa.

  La plaza tiene forma rectangular y mide 750 metros de largo por 60 de ancho. Los edificios que la rodean son en su mayoría hoteles, restaurantes y tiendas de moda. Antiguamente el mercado de caballos fundado en 1348 se ubicaba en esta plaza. El edificio más famoso de la plaza es el Museo Nacional de Praga, edificio terminado en 1890.

  El acontecimiento más importante que se ha dado cita en ella sucedió en noviembre de 1989, cuando una manifestación contra la brutalidad policial, dio inicio a la Revolución del Terciopelo y la caída del comunismo.

A la izquierda su parte alta, con la estatua ecuestre del rey y el Museo Nacional tras él. A la derecha su larga bajada hacia la Ciudad Vieja.

  Por la mañana había que levantarse sobre las 05:30 horas para coger el autobús de las 07:00 camino de Varsovia así que, tras preparar la pasta, cenamos, descargué las fotos, recogimos todo y nos fuimos a descansar. La jornada, entre las caminatas y el calor que había hecho, fue muy intensa y estábamos bastante cansados. Praga quedaba atrás, mañana llegaríamos a la segunda escala, Varsovia, entrando así en Polonia.

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Praga - Varsovia

  El despertador sonó sin piedad, aunque yo ya estaba medio despierto… Me levanté, preparé el desayuno y llamé a mi hijo para que se fuese espabilando. A las 06:00 horas salimos por la puerta del apartamento.

  Dejamos los 85 € para pagar la habitación encima de la mesa y la llave en la misma key-box donde la habíamos recogido y nos dirigimos hacia le parada del metro de Muzeum para ir hasta Florenc en la línea roja. A las 06:20 estábamos en la estación de autobuses. Miramos en la pantalla de salidas y…

¡Oh, oh! ¡Problema! Nuestro autobús no aparecía por ningún lado. Pregunté en información y la señora, muy atenta, por cierto, me dijo que ese bus se había cancelado. Nos remitió a las oficinas de Flixbus, que era la compañía con la que hacíamos todos los traslados. Estas no abrirían hasta las 08:00. Iosu empezó a impacientarse pero, sosegadamente, le hice entender que siempre hay una solución, lo que hay que tener es la cabeza fría.

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El billete de Flixbus antes del cambio de horario.

    Si, por la razón que fuese, hoy no había autobús para Varsovia y no teníamos tren u otro medio de transporte, reservaríamos una habitación en un hotel y al día siguiente seguiríamos ruta. 

  A la hora indicada abrieron las ventanillas de Flixbus. Una jovencita nos comunicó que efectivamente ese servicio se suspendió con antelación. Nos dijo que se nos había comunicado mediante un correo electrónico, pero yo no había recibido nada. Tal vez, con el trajín de movimientos, aeropuertos y demás el correo no había entrado… No sé.

Nos comunicó que había en bus que partía a las 13:20 h y llegaba a Varsovia a las 23:40. Perdíamos toda la tarde pero, por lo menos, manteníamos el planing de ruta intacto. Con el viaje solucionado y viendo que aún eran las 08:30 de la mañana, le dije a Iosu que volvíamos al apartamento. Las llaves seguirían en la key-box y podríamos meternos a descansar hasta las 11:00, hora en la que debíamos hacer el check-out. La mañana se estaba tornando triste y oscura y amenazaba con acabar lloviendo…

  Efectivamente, las llaves estaban todavía en la caja. Las cogimos y entramos. Por una vez, me alegré del funcionamiento de ese sistema. El dinero de la habitación estaba aún sobre la mesa. A eso de las 10:00 horas llegó la propietaria. Claro, le habíamos dicho que marchábamos a las 06:00 de la mañana y venía para empezar a recoger. Salí y le pagué la estancia en persona. Por supuesto, nos dejó hasta las 11:00 que teníamos pagado. Ese rato de relajación nos vino muy bien después del stress de la mañana.

 

  A las 11:00 dejamos el apartamento y nos encaminamos hacia la parada del metro. Antes de bajar al suburbano, frente a las escaleras de acceso, había un Starbucks. Teníamos tiempo de sobra así que paramos a tomar un par de cafés con algo dulce. Pedimos dos cappuccinos, una ración de tarta de manzana para mi y un brownie de chocolate para Iosu. Alargamos la consumición alrededor de una hora y, para entonces, ya había empezado a llover.

  Cogimos el metro para Florenc a las 12:15. En la estación de autobuses compramos unos bocadillos para comer algo por el camino y esperamos a la hora de acercarnos al muelle número 18 desde donde partiría nuestro autobús. A las 13:05 llegó el bus número 488 de Flixbus, un vehículo nuevo con todo lujo de detalles. 

  Embarcamos y arrancó puntual. Ahora teníamos por delante 11 horas de viaje… Era cuestión de paciencia. Avisé al hotel que teníamos contratado, el Premiere Classe Warszawa, comunicando que, por problemas de transporte, llegaríamos sobre las 00:00 horas. Al cabo de un rato, me contestaron diciendo que la reserva se trasladaba al Hotel Campanile, sito junto al que teníamos reservado con antelación. El hotel era de la misma categoría pero, por motivos logísticos, nos trasladaban allí. 

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Plantaciones de alfalfa y cereales vestían de colores los campos de la República Checa.
Los típicos pueblitos, con su prominente iglesia y sus tejados rojos,  ponían una pincelada de tonos rojizos sobre el verde predominante.

  Sabido es que la paciencia tiene un límite y, esta vez, se sobrepasó con creces. El viaje a Varsovia, que había comenzado con problemas, acabó siendo una auténtica tortura. Casi 700 kms de trayecto que, al principio, transcurrieron por carreteras secundarias. Dejamos la República Checa por el paso de Náchod, una localidad situada sobre la frontera con Polonia, que daba inicio a un pequeño puerto de montaña. El autobús fue recogiendo gente por cantidad de pequeñas poblaciones diseminadas entre verdes valles y suaves montañas. Tras el puerto, parada en Polanica-Zdrój, primera localidad de Polonia. En una de esas paradas, subió un hombre con un chaval de unos 4 o 5 años que, a la larga, fueron un verdadero tormento. El niño, al fin y al cabo es un niño, pero el padre, un tío de unos 30 años, un verdadero “gilipollas”.

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Pasada la localidad de Wroclaw el sol se puso en el horizonte.
Campos de cereal en tierras polacas.

  No se cayó ni un solo minuto en las 9 horas que compartimos de viaje. Nos tenía a todos desquiciados hasta el punto que, en un momento dado, una chica le llamó la atención. Le importó como se dice “un carajo” y siguió hablando con su cansina y estridente voz. 

  Finalmente, cansados, aburridos y desesperados, llegamos a Varsovia a las 00:10 horas del día 27 de julio. Habían sido 10 horas y 50 minutos de viaje. Cogimos un taxi que nos costó 50 zloty ( unos 11€ ) y, en apenas diez minutos estábamos en el hotel. Hicimos el check-in y subimos a la habitación. Una ducha calentita y a dormir. Estábamos destrozados y con ganas de estirar las piernas…

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La factura y la habitación del Campanile Hotel de Varsovia.
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Varsovia

  Sonó el reloj a las 07:00 horas. Estábamos en Polonia. Afortunadamente la cama del hotel era muy cómoda y pudimos descansar muy a gusto. La noche anterior habíamos dejado reservado el desayuno a las 07:45, así que, tras una ducha,

bajamos al restaurante del hotel a reponer fuerzas. El restaurante estaba muy tranquilo. Apenas media docena de personas nos acompañaban en un amplio y luminoso salón. Un opíparo desayuno con zumo de naranja, fruta, un sandwich con jamón cocido, queso, lechuga, tomate, huevo y pepino, más un café con leche y un trozo de bizcocho, nos dieron las fuerzas suficientes para arrancar el día con energías renovadas. Tras desayunar, subimos a lavarnos los dientes y coger las cámaras. Algo después de las 08:30 estábamos en marcha. La mañana estaba preciosa, limpia y soleada, aunque se anunciaban unas temperaturas de 27-28º C y la posibilidad de alguna tormenta de verano para mediodía. 

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El desayuno del Campanile Hotel.
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  Varsovia es la ciudad más grande de Polonia y la capital del país desde 1596. Es también la sede del presidente de la República, del Parlamento y del resto de las autoridades centrales. Cuenta con una población de 1.745.000 habitantes​ (en 2014), lo que la convierte en la séptima ciudad más poblada de la Unión Europea. La historia de la ciudad se remonta a finales del siglo XIII. En ese momento era un

pequeño pueblo de pescadores. En 1569, el rey Segismundo III transfirió su corte junto con la capital polaca de Cracovia a Varsovia. Llamada la «París del Norte», Varsovia fue considerada una de las ciudades más hermosas del mundo hasta la Segunda Guerra Mundial. ​Bombardeada al comienzo de la invasión alemana en 1939, la ciudad resistió. Las deportaciones de la población judía a los campos de concentración provocaron el Levantamiento de Varsovia entre agosto y octubre de 1944 llevó a su mayor devastación. Varsovia adquirió el nuevo título de «Ciudad Fénix» debido a su larga historia y reconstrucción completa después de la Segunda Guerra Mundial, que había dejado en ruinas más del 85 % de los edificios y la destrucción del gueto después de un mes de lucha.

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Escudo de Varsovia.

  El Centro histórico de Varsovia fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1980. Es la parte más antigua de la ciudad y también es la principal atracción turística con la Columna de Segismundo, la Barbacana y el Castillo Real

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Billetes y monedas polacas.

  Lo primero fue dirigirnos, por cercanía, a la calle Zlota. En el número 62, en un patio de manzana que en realidad es un enorme jardín, se haya el único tramo del muro del ghetto de Varsovia que queda en pie. Es un trozo de pared de unos 6 metros de largo, 3 metros de alto y cerca de 2 metros de ancho. En él, unas placas con textos en hebreo e inglés y unas velas encendidas, mantienen viva la memoria de los miles de víctimas de esta ciudad durante los años de ocupación nazi. En realidad, parte de las paredes que configuran el acceso a ese espacio, también formaron, en su día, parte del muro del guetto. Bajo el arco de entrada al patio se pueden ver, aún, los rojizos ladrillos que se utilizaron para levantar el muro que dividía la ciudad. Hicimos unas fotos y, tras unos minutos de reflexión en los que la mente se me fue, inconscientemente, a algunas de las escenas de la película El Pianista, imaginé el sufrimiento de tanta gente de todas las edades en aquellos años de violencia y exterminio. 

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En el número 62 de la calle Zlota, girando a la derecha, se haya el tramo de muro del ghetto que queda en pie.
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El muro del ghetto desde la calle Juan Pablo II.

  Tras esta primera visita en la capital de Polonia, nos dirigimos hacia la parada del metro de la línea roja que teníamos más cercana. En un principio, cuando organizaba el viaje, reservé un free-tour para esta mañana por el casco antiguo de Varsovia de la mano de Civitatis que, como todos sabéis, es un operador web que aglutina o centraliza las búsquedas de eventos como estos. Unos días antes de iniciar el viaje recibí un email diciéndome que ese tour quedaba cancelado. Sin embargo, la tarde-noche del día 26, recibí otro correo de la mano de la agencia Walkative-Warsav, que es quien organiza y gestiona esos tours. En ese correo, nos citaban a las 10:30 horas en la Stare Miastro… Así qué, como os decía, cogimos el metro en la parada Swietokrzyska ( línea roja ) y nos dirigimos a Dworzec Wilenski en el barrio de Praga para, desde allí, cruzar el puente Slasko-Dabrowski sobre el río Vístula y plantarnos bajo la columna de Segismundo. 

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El Palacio de la Cultura y la Ciencia, llamado "La Giralda de Varsovia".
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Billete del metro de Varsovia.
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La Stare Miastro de Varsovia, con el Palacio Real a la izquierda, desde el puente Slasko-Dabrowski.

  Efectivamente, allí, bajo un paraguas amarillo, esperaba la guía junto a algunas personas más. Nos presentamos; la chica se llamaba Ania y, tras aclarar el mal entendido con Civitatis, esperamos a que se acabase de conformar el grupo. Madrid, Barcelona, Mallorca, Ciudad Real, Sevilla, Cali (Colombia), Mar del Plata (Argentina), Puebla (México) y nosotros, los vascos, conformábamos un conjunto de lo más pintoresco. Mientras terminaba de completarse el grupo, Ania, nos contó que había estudiado Filología Hispana en la Universidad de Varsovia. Había estado en Colombia, México y España y conocía San Sebastián, una ciudad que catalogó como “preciosa”. Luego, una vez todos reunidos, allí mismo, bajo la columna de Segismundo, nos empezó a hablar de Varsovia, sus orígenes y su historia.

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La plaza de la Stare Miastro.
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La estatua de Segismundo III.
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El exterior y la plaza interior del Palacio Real.

  De allí pasamos al interior del Palacio Real. Nos explicó sus distintos estilos arquitectónicos, todo reconstruido fielmente tras la Segunda Guerra Mundial ya que, Varsovia, fue reducida a cenizas en 1944. Luego nos explicaría el porqué de tanto ensañamiento.

  Después nos adentramos por las calles de la Stare Miastro. Fuimos a ver la Catedral de estilo gótico-báltico, un gótico muy pintoresco que proviene de las regiones del norte. Su fachada es muy austera, pero, su puerta, tiene grabada en varios relieves la “mutación” de la famosa sirena de Varsovia, símbolo del escudo de la ciudad.

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  Como podemos ver en la puerta de la Catedral, la sirena, en un principio, parecía más una de nuestras lamiak que una sirena en sí. Sus patas de ganso, su cuerpo de mujer…

Luego, con los años, se ha ido estilizando más y, en la actualidad, su imagen cumple todos los cánones de una sirena tal como la teneos idealizada. Eso sí, un par de elementos no han cambiado con el paso de los siglos: el escudo y la espada, ambos se han mantenido en todas las formas del mítico ser. 

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Algunas de las "mutaciones" de la sirena.
Adentrándonos por la Stare Miastro.
La puerta de la Catedral de Varsovia.
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  En la parte trasera de la catedral hay una plaza donde, en una de sus manzanas, encontramos una de las fachadas más estrecha del mundo, con apenas 1m de anchura. En su día se pagaban los impuestos por los metros de fachada que daban a la calle principal. Seguidamente, fuimos hasta la orilla del Vístula, a escasos 50 metros de donde estábamos, en lo que ahora llaman la zona de los enamorados pero que, en su día, fue el antiguo basurero de la ciudad.

Allí, mirando al Vístula, nos habló de la sirena; 

Cuenta la leyenda… 

  …Que, en el Mar Báltico, vivían dos sirenas hermanas. Una de ellas, sosegada y conformista se quedó en aguas de Copenhague donde, todavía hoy, podemos ver su estatua. La otra, curiosa e inquieta, se adentró aguas arriba por el río Vístula. Llegó hasta los meandros de la ciudad de Varsovia y se dedicó a vaciar las redes de los pescadores, liberando a los peces que estos capturaban. Los pescadores, cansados de volver con las manos vacías, decidieron apresar a la sirena. Pero esta, con su mítico canto, los hipnotizó envolviéndolos en un dulce susurro. Así pasó el tiempo…

  Pero, un día, un pescador sordo que llegó a la ciudad, inmune al hechizo del canto, consiguió capturarla. La sirena, prisionera en una jaula de mimbre en las ciénagas del Vístula, iba muriendo de pena día tras día. Su canto se tornó triste y melancólico y los pescadores languidecían con ella, hasta que, en un acto de amor, la liberaron. La sirena les prometió qué nunca más soltaría sus capturas y protegería las aguas del río con su vida. Fue así como la famosa sirena se convirtió en la protectora de la ciudad de Varsovia y, desde el siglo XVII, representante de su escudo de armas.

Justo en la esquina podemos ver la fachada estrecha.

  Tras contarnos la leyenda en aquél mirador junto al río, nos dirigimos a la Plaza del Mercado o Rynek Satrego Miastra. Allí está ubicada la estatua de dicha sirena, bueno, una réplica de la original que, según nos dijo Ania, se encuentra en el Museo Histórico de Varsovia. 

  La plaza, como todo Varsovia, es una fiel réplica de la que existió hasta los bombardeos nazis de  1944. Fue reconstruida siguiendo unos grabados realizados por un pintor años antes de la Segunda Guerra Mundial. Cada fachada indicaba la profesión de sus propietarios mediante retratos de sus dueños y dibujos de sus medios de trabajo. La fachada del boticario llevaba asociado el símbolo de la farmacia; el comerciante con especias; el zapatero, el médico, el albañil… Muchas de estas casas, en la actualidad, son propiedad del Museo Histórico de Varsovia y están incluidas en su patrimonio cultural protegido.

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La sirena de Varsovia.
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Una fachada de la Plaza Rynek.
La Plaza Rynek ó Plaza del Mercado. En ella encontramos a la famosa sirena.
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Los detalles antes mencionados de las fachadas de las casas de la Plaza del Mercado.
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Lateral de la Plaza Rynek, calle con faroles y la estatua de Wars y Sawa.

  Desde la Plaza del Mercado bajamos por unas calles llenas de faroles y flores y nos encontramos con la estatua de los personajes que "dieron nombre" a la ciudad. El nombre Warszawa viene del posesivo del nombre Warsz, es decir, Warszewa o Warszowa.​ Allí, Ania nos contó que, según la etimología popular, el nombre viene de un pescador pobre llamado Wars y su mujer, una sirena llamada Sawa. 

  Desde la estatua de Warszawa pusimos rumbo a la Barbacana de Varsovia. Este elemento arquitectónico, la barbacana, es una construcción en forma de arco prácticamente inexpugnable que fuimos encontrando en casi todas las ciudades que visitamos.

  Esta, la de Varsovia, se ubica en el punto divisorio entre el Barrio Antiguo (Stare Miasto) y el Barrio Nuevo (Nowe Miasto). Se erigió entre 1540-1548 y sustituyó a una puerta más antigua para proteger la calle Nowomiejska. La diseñó Jan Baptist el Veneciano, un arquitecto italiano del Renacimiento. 

  Este elemento fue clave en el rediseño de las murallas del siglo XIV. Por aquel entonces, las estructuras defensivas habían caído en mal estado. La barbacana tenía la forma de un semicírculo de tres niveles, como un bastión tripulado por fusileros. Tenía 14 metros de ancho y 15 metros de altura desde el fondo de la fosa, que rodeaba las murallas de la ciudad.

Se utilizó en la defensa de la ciudad sólo una vez, durante la invasión sueca de Polonia, el 30 de junio 1656. Entonces la ciudad tuvo que ser reconquistada a los suecos por el rey polaco Jan Kazimierz. Es decir, los únicos que asaltaron la Barbacana fueron los propios varsovianos.

  En el siglo XVIII, la barbacana se desmanteló parcialmente pues su valor defensivo era insignificante. La ciudad se benefició de una puerta grande que facilitaba el movimiento de personas y mercancías dentro y fuera de la ciudad. En el siglo XIX sus restos se incorporaron en la nueva construcción de apartamentos. Durante la Segunda Guerra Mundial, en particular durante el Asedio de Varsovia de 1939 y el Levantamiento de Varsovia de 1944, la barbacana se destruyó en gran parte, al igual que muchos de los edificios de la Ciudad Vieja. Se reconstruyó después de la guerra, durante 1952-1954, sobre la base del siglo XVII.

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La Barbacana de Varsovia separa el casco antiguo (Stare Miastro)  de la nueva ciudad vieja (Nowe Miastro).
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  Justo donde comienza la Nowe Miastro -"la nueva ciudad vieja", como la llaman l@s varsovian@s-, se ubica la casa natal de Maria Salomea Sklodowska, más conocida como Marie Curie. Actualmente es un museo donde se relata su obra y su brillante trayectoria. Como podéis imaginar, una mujer tan importante tiene mucho que contar así que, si queréis saber más os dejo un enlace.

  Desde allí, transitando por unas calles adoquinadas, llegamos al punto final del tour; el Monumento a los Héroes del Levantamiento de Varsovia. En aquella plaza cargada de simbolismo, Ania, nos contó como el pueblo, cansado de la humillación, del hambre y la represión, se organizó para sublevarse contra los nazis. Un “ejercito” de partisanos, de gente enferma, débil, hambrienta, sin armas y sin experiencia militar, alentado por el ansia de libertad, se lanzó desesperadamente contra las ordenadas y bien pertrechadas fuerzas alemanas, sucumbiendo inevitablemente a la maquinaria de guerra del ejercito germano. Fue en ese momento, tras doblegar a los sublevados, cuando las fuerzas del III Reich decidieron tomar represalias.

La orden fue tajante:

BORRAR LA CIUDAD DE VARSOVIA DE LA FAZ DE LA TIERRA

La casa natal y actual museo de Marie Curie.
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  Este monumento denominado en polaco Pomnik Powstania Warszawskiego, está dedicado a los combatientes que perdieron la vida durante el Alzamiento de Varsovia de 1944. Diseñado por Jacek Budyn y esculpido por Wincenty Kućma, está ubicado al sur de la Plaza Krasiński. 

Está dividido en dos secciones:

* La primera está compuesta por cuatro figuras, tres soldados y un sacerdote. Además, uno de los soldados está saliendo de una alcantarilla, ya que, durante la Segunda Guerra Mundial la mayor parte de los miembros de la Armia Krajowa y de la resistencia polaca se desplazaban a través del sistema de alcantarillado de la ciudad.

* La segunda sección es la más grande y agrupa a un mayor número de figuras. Muestra a siete soldados participando en combate, huyendo de un edificio a punto de derrumbarse. 

  La diezmada y extenuada población de Varsovia casi fue aniquilada por completo, pero, cuando ya se daba todo por perdido, llegaron las tropas del Ejército Rojo. Entraron en la ciudad, como en otras muchas de Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Ucrania, etc. y… ¡¡¡ Se quedaron allí durante 50 años !!! Es por eso que los polacos no les tienen mucha simpatía a los rusos. 

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Imágenes de Varsovia tras los bombardeos de 1944.

  Allí terminó el free-tour que magistralmente nos ofreció Ania. Gracias por tan apasionante lección de historia. Le dimos 100 zloty ( unos 20 € ) y le pedimos indicaciones para ir al Cementerio Judío. Nos ayudó a sacar un billete que nos serviría para toda la jornada, tanto en el bus como tranvía y metro. Por 15 zloty ( 3,5 € ) para mí y la mitad para mi hijo, nos pudimos mover sin preocupación por toda la ciudad. 

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  Iosu, mi hijo, que había aguantado estoicamente todo el tour, poniendo interés y escuchando toda la información que Ania iba desgranando, se me plantó diciendo que estaba cansado de andar. Pude convencerle para ir hasta el Cementerio Judío prometiéndole que, luego, iríamos a comer y descansar un poco. Cogimos el bus 180. Tras unos minutos nos dejó en la misma puerta de entrada al cementerio. Las pegas iniciales se disiparon. El ambiente, lo nuevo de la situación, la carga lúgubre de los encuadres y descubrir que el blanco/negro iba en aquella situación como anillo al dedo, desencadenó en mi hijo una frenética actividad fotográfica en tan singular y macabro escenario.

Una de las calles del inmenso Cementerio Judío de Varsovia.
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Distintas tomas de la infinidad de lápidas que recuerdan a las víctimas.