"La vida, como la fotografía, consiste en positivar lo negativo"

Marzo de 2016

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Lisboa

La ciudad de las siete colinas

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Es un honor comenzar este diario con esta foto de mi compañera, hecha desde el Mirador de Sta. Luzía en el barrio de Alfama
​y ​que refleja la Lisboa romántica y bohemia que vimos.

  Lisboa, la ciudad de las siete colinas, una urbe con una pincelada bohemia, a caballo entre el romanticismo de antaño  y la vorágine de nuestro tiempo... Una capital llena de atractivos, un bonito lugar para fotografiar... Gente amable, exquisita comida, unos postres riquísimos y una oferta musical llena de sentimiento; el fado. Unos relajantes días en buena compañía, que harán que recuerde esta ciudad como una de las más acogedoras que hasta el momento he conocido.
  Habíamos planeado cuatro intensos días en la ciudad, con la intención de ver lo más posible y una salida a Sintra, para ver el famoso pueblo de los palacios y castillos. Más o menos cumplimos con lo planeado, aunque, como pasa la mayoría de las veces, alguna cosa se quedó en el tintero, como se dice siempre... Para otra ocasión.
​  Este es el diario de viaje de esta romántica aventura en la bohemia Lisboa.

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Astigarraga - Madrid - Lisboa

Según el plan establecido, a las 16:15 horas, nos acercó una amiga hasta el aeropuerto de Hondarribia, para coger el

vuelo IB8329 que a las 17:20 nos llevaría en un AT7 hasta Madrid. Llegamos sin complicaciones y nos dirigimos al control para pasar a la zona de embarque. Pasé la mochila con todo el equipo sin necesidad de vaciarla... ¡¡ Qué gozada !! Esta vez, el guardia civil del control me apartó a un lado y me pasó una tira de papel por el pecho y los brazos. 

Despegando del aeropuerto de Hondarribia.
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 Le hice el chiste de que, si la colonia que me había puesto era tan buena que había encendido el chivato de alcohol o drogas y volviéndose de espaldas, para continuar con su trabajo,  me contestó algo que no entendí, pero después, al volverse hacia mí, si entendí que me dijo:
- Todo en orden, puedes pasar...
 

  Así que sin dar más importancia al asunto recogí mis cosas y me reuní con mi compañera para dirigirnos a la zona de embarque. El avión salió bastante puntual y salvo un pequeño movimiento al despegar, el resto del vuelo fue tranquilo y sin sobre saltos. En una hora y cuarto estábamos en Madrid -T4, donde debíamos coger el enlace para Lisboa a las 19:45. Como siempre, nos tocó ir de una punta a otra de la terminal, pero nos dio tiempo para ir al baño y tomar un café. A las 19:35 marcaba la hora de embarque y allí estábamos puntuales. Ya de noche cerrada y con el avión repleto, despegó sin incidentes el vuelo IB3106, un Airbus-319 que llegó a las 20:05 a Lisboa -T2, hora local, 21:05 hora de Madrid. Pasamos la hora y cuarto haciendo los ejercicios de inglés que nuestra profesora nos había mandado para las vacaciones de Semana Santa.

  Así pues, entretenidos con ese tema se nos pasó el tiempo... “volando”... :-)

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Llegamos a Lisboa con una buena temperatura y tiempo seco. Salimos al exterior y cogimos un autobús para ir al centro.
  Nuestro hotel, el NH Lisboa Campo Grande, estaba situado en la Calle Campo Grande junto a la Rotonda Entre Campos, que es nexo de unión de la Avda. das Forças Armadas, al oeste y la Avda. Estados Unidos de América, al este- como veis, estábamos "súper protegidos" -.
  Allí mismo, en la esquina con la Avenida de la República, teníamos la boca del metro de Entre Campos, correspondiente a la linha amarela. También justo en frente de la puerta principal del hotel, estaba la parada de autobuses para el centro, así que estábamos perfectamente comunicados, como a mí me gusta.

El plano del metro de Lisboa.
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  Lisboa tiene cuatro líneas de metro: 

Linha Amarelha; Linha Vermelha; Linha Verde; Linha Azul.

  El autobús nos dejó en la Avenida de la República, a cien metros del hotel. En recepción nos atendió un hombre muy educado y amable, llamado Ricardo. Tras el check-in, nos entregó la llave de la habitación 804 y subimos a dejar nuestras cosas. La habitación estaba muy bien, salvo un pequeño detalle, no tenía la cafetera que nos decía en la web. Así que al bajar para salir a cenar, le dije a Ricardo que todo OK, salvo ese detalle. El hombre muy cortes, me dijo que unas la tenían y otras no, pero si queríamos dejaba la orden para que nos llevasen una.

La puerta principal del hotel NH Campo Grande.

  Acto seguido salimos a la calle y le dije a mi compañera que íbamos a un sitio especial que había encontrado por Internet... Cogimos el metro para bajarnos en Campo Pequeño, una sola parada, pero nos ahorró unos cuantos minutos andando y dada la hora que era, debíamos movernos rápido. Salimos del metro y anduvimos hacia el oeste, en busca de la Avda. Elías García. 
Mi compañera estaba un poco “mosca” y de vez en cuando me preguntaba :

- Pero... ¿ A dónde vamos ?
A lo que yo le contestaba :
- Ah !! . . . sorpresa . . .

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  Enseguida dimos con la Avda. Elías García y el número 172 que era donde se encontraba la “Casa Nepalesa”, un restaurante nepalí que había encontrado buscando sitios para comer en los alrededores del hotel. Recibidos con un cordial Namasté, nos atendieron unos chicos muy majos con los que, entre inglés y portugués nos entendimos a la perfección. 
Al sentarnos, nos sacaron para "picar" Paneer Roti, que son unas tortillas de pan, parecidas al chapati, con una pequeña fuente en la que había cuatro salsas distintas, desde la very spicy, hasta la not spicy y unas croquetas de bacalao.
  De la carta pedimos Paneer Palungo ( espinacas con requesón ) y Alu Chana Ra Kurilo ( un guiso con dhal - lentejas-, patatas y espárragos verdes ), acompañado del indispensable arroz. Todo muy rico y nos trajo gratos recuerdos del que, sin duda, ha sido el mejor viaje hasta el momento... ¡¡ NEPAL !!

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No es igual que en Nepal pero ​sirvió para quitar la "morriña".
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  Tras cenar y sin entretenernos mucho, volvimos sobre nuestros pasos para regresar al hotel. Estábamos cansados, sobre todo mi compañera, que llevaba varios días madrugando para trabajar y esa misma mañana se había levantado a las 05:00. Eran más de las once de la noche, nos esperaba una ducha caliente y el merecido descanso en la amplia, cómoda y coqueta habitación del NH Campo Grande . . .

La cómoda y coqueta habitación del hotel NH Campo Grande.
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Lisboa

A las 06:00 de la mañana estábamos despiertos, no sé sí por el cambio de hora o por qué, yo ya no podía dormir, pero mi compañera si volvió a coger el sueño. Me levanté a las 07:30 y tras darme una ducha bajé al súper que hay en la esquina

de la Avda. de la República con la Avda. das Forças Armadas y compré para desayunar unos yogures, unas uvas y unos "pastelitos de nata", los famosos pasteles de Belém (Belain, como pronuncian allí), que curiosamente son de crema pastelera.  Tras “cargar las pilas”, cogimos la mochila con los equipos de fotografía y salimos a la calle contentos y animados. El viaje había empezado perfecto, el día venía con sol y una temperatura ideal.

Los pastéis de Belém.
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  La tarjeta "viva viagem" es un bono-bus para metro, tranvía y autobuses. Además existe la opción de la Lisboa Card para pasar unos días ahorrando dinero.

  Compramos en la parada del metro dos tarjetas "VIVA viagem" con 5 € de saldo cada una que luego, cuando fuese necesario, podíamos recargar. No pensábamos que nos íbamos a mover tanto y por la tarde estábamos sin saldo...
  Además, en Lisboa, al igual que en casi todas las grandes ciudades de Europa, existe la bono-tarjeta turística. Aquí se llama "Lisboa Card". Esta incluye acceder "gratis" a los siguientes servicios y lugares de interés:
Monasterio de los Jerónimos, Torre de Belém, Monasterio de Batalha, Monasterio de Alcobaça, Sintra, Cascais... y muchos de los museos de Lisboa.
  Además del libre acceso a más de 80 actividades, también puedes usar el transporte público de manera gratuita incluyendo los transportes típicos de la ciudad como el metro, tranvía, elevadores, etc. Sólo por este motivo ya merece la pena. Como todas estas tarjetas, su precio depende de los días que la quieras utilizar. Es aconsejable que la adquieras on-line.
​Aquí te dejo un enlace para poder solicitarla:

  Nosotros no la compramos on-line y cuando quisimos comprarla no encontrábamos los puntos de venta, así que, cuando quisimos reaccionar ya habíamos visto algunas cosas y finalmente no lo cogimos. Sinceramente fue un error, pero... Seguimos con el viaje:


​  Cruzamos la calle y esperamos al bus 736 que nos llevaría hasta el centro. Bajamos en la Plaza Restauradores y nos tomamos un café en la Taberna Imperial, un bar-restaurante con una carta de "quitar el hipo"... Allí montamos las máquinas y después arrancamos la caminata en dirección al río Tajo ( Tejo como le llaman los portugueses ). Estábamos en lo que se conoce como Rossio. 

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Plaza Restauradores.
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Tomando café en la Taberna Imperial.

  Bajamos por la Rua Aurea y llegamos al Elevador de Sta. Justa, que es un ascensor de 45m de altura de estilo neogótico, que une los barrios de la Baixa y Chiado.  Se construyó en 1900. Como no había mucha cola, decidimos subir a ver desde allí una panorámica de la ciudad.

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El elevador de Sta. Justa.
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La escalera de acceso al mirador.
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La Iglesia do Carmo.

* Elevador de Santa Justa


​      > Dirección: Rua Do Ouro
      > Cómo llegar: Metro Baixa-Chiado y Tranvía 28
      > Horario: Todos los días de 07:00 a 21:00
      > Precio : 5,00 € - Billete en la taquilla del elevador

  La vista desde arriba es impresionante; al este, el famoso barrio de Alfama bajo el Castelo de San Jorge, la llamada Catedral de Lisboa y el Panteón de Santa Engracia; al sur, la Plaça do Comercio y el Tajo; al oeste, la Iglesia do Carmo que, casi, podíamos tocar con las manos; al norte, la Plaça Restauradores.
Una vista de 180º... Impresionante !!

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Panorámica desde la terraza del elevador de Santa Justa.
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A la derecha la Sé con sus dos torres.
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Al fondo la colina con el Castelo de San Jorge.

  Desde allí, un paso elevado te comunica directamente con el Barrio Alto y vienes a salir justamente a la Iglesia do Carmo, pero antes de cruzar, en un punto estratégico, hay una cafetería. Así que, nos tomamos un café disfrutando del sol que suavemente acariciaba nuestros rostros y nos regalaba unos momentos de relax que agradecimos con creces.
  Tras la confortable pausa nos dirigimos a ver la Iglesia do Carmo, un edificio con la cubierta derruida por el terremoto que asoló la ciudad el uno de noviembre de 1755 y que ha quedado así como un atractivo más de la ciudad. En la parte que quedó entera se encuentra el Museo Arqueológico del Carmen, instalado en las ruinas de la iglesia del antiguo convento y que en su día destacó como uno de los más hermosos templos góticos de Lisboa.
  En el museo podemos ver el sepulcro del Rey Fernando I del s. XIV, pilas bautismales, ventanas, tumbas y elementos de estilo manuelino del s. XVI, momias peruanas de los indios chachapollas  datadas en el s. XVI, monumentos funerarios de varias épocas e incluso un sarcófago egipcio del s. V a.C.

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 Distintas tomas de los pasillos de la Iglesia do Carmo.
El contraste entre la grandeza de la obra y verla a cielo abierto era brutal.
A quedado como un símbolo y un recuerdo del terremoto.
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Las momias peruanas siglo XVI. Momias de la tribu chachapollas.
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* Convento do Carmo


  > Dirección: Largo do Carmo, Chiado
  > Cómo llegar: Metro Baixa - Chiado 
  > Horario: De martes a domingo de 10:00 a 17:00
  > Precio: 3,50 € Adultos / Menores de 14 años gratis

El interior estaba cargado de sarcófagos, ​tumbas y mausoleos,
con finos aunque lúgubres ​detalles tallados.
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En el interior de la iglesia, en el museo, se guarda esta maravillosa maqueta de lo que fue la construcción antes del terremoto.

  De allí bajamos a Chiado, entramos en los almacenes que ocupan gran parte de la antigua zona que se quemó en 1988 y que se reconstruyó con una arquitectura más moderna. Una vuelta para echar un vistazo a las tiendas de ropa, complementos, máquinas de fotos... Cada “loco” con su tema.
  Se hacía la hora de comer y decidimos acercarnos hasta el Restaurante-Marisquería UMA, un lugar “curioso”, que aparece en muchas guías y del que también me había hablado mi compañera Eva, comentándome que hace unos años, cuando ella fue, lo regentaban una pareja de “viejitos” y donde se podía comer bastante barato un delicioso arroz con marisco. Así que plano en mano encontramos el número 177 de la Rua dos Sapateiros y el mencionado lugar y...  ¡¡ Allí seguían los “viejitos” !!

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 Nos sentamos y al momento llegó el señor con una carta repleta de platos a cada cual más apetecible. Miramos y elegimos arroz como para uno y algo de pescado, pero al llegar a tomar nota...
- Tomaremos uno de arroz y bacalao.
- No, no... - Nos respondió el señor y, señalándonos, nos indicaba que sería arroz para los dos.
- No, pero... queríamos esto... - Le dijimos señalando la carta...
- No, no... - Y volvió a insistir con el arroz para los dos. Así que, al final, arroz para los dos...

  Después nos dimos cuenta que todas las mesas estaban servidas de la misma manera; pan, las bebidas y... la cazuela de arroz.  :-) 
El lugar no es ningún cinco tenedores, ni mucho menos, pero el arroz estaba...


​¡¡ De muerte !!

El arroz caldoso que comimos en la Rua dos Sapateiros.

  Acabamos la comida y decidimos tomar el café en otro sitio para, de esta manera, no privar a la longeva pareja de poder ofrecer otra exquisita cazuela de arroz con marisco a algún turista más.
  Bajamos por la Rua dos Sapateiros en dirección sur, hacia el centro neurálgico de la ciudad y escenario principal de la pacífica Revolución de los Claveles en 1974; la Plaça do Comercio, conocida también como Terreiro do Paço (terreno de paso) ó como lo bautizamos nosotros... el " Territorio de Paco ", al ser el lugar por donde, en otra época, accedía a la ciudad la realeza por unos escalones de mármol blanco, al bajar de los barcos que atracaban en lo que hoy se conoce como el Cais das Columnas.

Cais das Columnas.
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Los eléctricos (tranvías), autobuses, coches, bicis y tuc-tucs conviven por las calles de Lisboa.
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La Plaça do Comercio, conocida también como Terreiro do Paço, con el Arco Triunfal de la Rua Augusta y la imagen de José I de Portugal.
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La imponente estatua de José I de Portugal, con el típico color verde que adquiere el bronce con el paso de los años.

  Yo quería hacer alguna foto desde el mirador del Arco del Triunfo, pero el chico que daba los tickets para acceder a la parte superior, nos dijo que había que pedir permiso en una dirección de correo electrónico que nos apuntó en un papel. Al llegar al hotel pediría el permiso.
​  En la Plaça do Comercio seguimos disfrutando del sol tomándonos el café en una terraza, mientras la tarde avanzaba inexorablemente hacia el ocaso. Disfrutamos un rato contemplando el trajín de los tuc-tucs, que conviven en la ciudad, junto al eléctrico (tranvía), los coches y los autobuses y recordándonos las repletas e intransitables calles de Nueva Delhi o Benarés en India. Creo que, Lisboa, es la única ciudad europea que utiliza este transporte ( tuc-tuc ).


  Aún quedaban unas horas de luz, así que decidimos acercarnos hasta el barrio de Belém. Frente al Arco del Triunfo de la Rua Augusta, puerta de entrada a Chiado, cogimos el tranvía 15E con dirección  al oeste de la ciudad, a Belém. Se nos había terminado el saldo de la tarjeta “Viva Viagem” y la máquina dispensadora de tickets que había dentro del tranvía no funcionaba, porque devolvía las monedas, así que hicimos el viaje “de gorra”. El “eléctrico” iba hasta la bandera y tenía quince paradas hasta llegar al Monasterio de los Jerónimos, punto en el que teníamos que apearnos. Tardamos más de media hora en llegar.

El Arco del Triunfo en la Plaça do Comercio.
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  El monasterio cierra en esta época del año a las cinco de la tarde, así que dejamos la visita para otro día. Nos dirigimos directamente a ver la Torre de Belém. 
   La Torre es una antigua construcción obra de Francisco de Arruda y Diogo de Boitaca que tuvo gran importancia en la Era de los Descubrimientos de Europa, ya que sirvió como fortaleza y como puerto desde donde partieron los exploradores portugueses para establecer el que, a la postre, sería el primer comercio europeo de la historia con China e India. Cuando dejó de servir como defensa de invasores, en el estuario del río Tajo, se utilizó como prisión, como faro y también como centro de recaudación de impuestos para ingresar en la ciudad.
  Su construcción fue iniciada en 1516, bajo el reinado de Manuel I de Portugal. Las obras finalizaron en 1520. El monumento tiene las influencias islámicas y orientales que caracterizan el estilo manuelino y marca el fin de la tradición medieval de las torres de homenaje, formando uno de los primeros baluartes para artillería en Portugal.
  Fue parte de un sistema de defensa triple conformado con el baluarte de Cascais, una hermana gemela a la otra orilla del Tajo, y el fuerte de San Sebastián de Caparica, utilizando fuego cruzado, para defender el puerto de los piratas. En la actualidad, el cambiante curso del río y las violentas avenidas del mismo, han dejado la Torre varada en la margen derecha y hace mucho tiempo ya, que se encargó de derruir la de la margen izquierda.
  Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983. Es uno de los monumentos más importantes y representativos de la ciudad de Lisboa y de todo Portugal, con gran afluencia de turistas durante todo el año. 

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La famosa Torre de Belém, uno de los iconos de Portugal.

* Torre de Belém


> Cómo llegar: Tren a Belém desde Cais do Sodré
   Tranvía 15 o autobuses 714, 727, 729, 751
> Horario: Octubre-Abril 10:00 a 17:00
             Mayo-Septiembre 10:00 a 18:30
    De Martes a Domingo
    Los lunes cerrado
> Precio:
   Billete normal 6 €
   Combinado con Monasterio de los Jerónimos 12 €
   Gratis con la Lisboa Card
   Gratis el primer domingo de cada mes

* Monumento a los Descubridores


> Dirección: Av. de Brasília
> Cómo llegar: Tren a Belém desde Cais do Sodré
   Tranvía 15 o autobuses 714, 727, 729, 751
> Horario: Octubre-Mayo 10:00 a 18:00
             Junio-Septiembre 10:00 a 19:00
   De martes a domingo
   Los lunes cerrado
> Precio:
   Billete simple 4 €
   Familias (2 adultos + dos de 12 a 18 años) 10 €
   3€ con la Lisboa Card

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  Desde allí, paseando por la Avda. de Brasilia, llegamos hasta el Monumento a los Descubridores, popularmente conocido como Padrão dos Descobrimentos. Fue erigido por primera vez en 1940, con carácter efímero, como parte de la Exposición del Mundo Portugués.  Su construcción definitiva se remonta a 1960, cuando se celebró el 5º centenario de la muerte de Enrique el Navegante. Fue encargado por el régimen de António de Oliveira Salazar, tiene 52 metros de altura y homenajea a los marineros, patrones reales y todos los que participaron en el desarrollo de la Era de los Descubrimientos. 

  Los autores de la obra fueron el arquitecto José Ângelo Cottinelli Telmo y el escultor Leopoldo de Almeida. El monumento tiene la forma de una carabela con el escudo de Portugal en los lados y la espada de la Dinastía de Avís sobre la entrada. Enrique el Navegante se alza en la proa, con una carabela en las manos. En las dos filas descendientes de cada lado del monumento, están las estatuas de héroes portugueses fuertemente ligados a los Descubrimientos, así como famosos navegantes, cartógrafos y reyes.

El Monumento a los Descubridores.

Nota:
  Un padrão era un monolito de piedra rematado por una cruz que llevaba grabadas las armas portuguesas y una inscripción, y que era colocada por los navegantes portugueses, en la era de los Descubrimientos, para hacer valer la soberanía nacional en los lugares que descubrían. En la inscripción del padrão se podía leer:

 “Aquí chegaram os navios do esclarecido rei D. João II de Portugal”

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  Ya entre dos luces, volvimos hasta el casco del barrio de Belém. De camino hice una panorámica de los Jerónimos. Cogimos de nuevo el tranvía frente a la famosa y renombrada Pastelería do Belém. Este establecimiento se enorgullece de ser el genuino obrador donde, desde 1837, se hacen los auténticos Pastéis do Belém, con su receta secreta.
​  El tranvía llegó relativamente rápido y nos llevó de nuevo hasta la Plaça do Comercio, donde cogimos el metro linha azul en la estación de Terreiro do Paço. Desde allí hasta Marques de Pombal y ahí transbordo a la linha amarelha que nos llevó hasta Entre Campos.

La Pastelería do Belém desde el tranvía.
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Jardines frente al Monasterio de los Jerónimos.
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"Hora azul" en  la Rotonda de Entre Campos.
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 Cansados de “patear” todo el día, llegamos al hotel sobre las 19:30 horas. Era el momento de “la hora azul”, así que aproveché para fotografiar el monumento de la Rotonda de Entre Campos.
  Al subir al hotel vimos que nos habían traído la cafetera. Bajamos al supermercado y de paso le agradecimos al recepcionista su atención. Compramos algo para cenar y nos subimos de nuevo a la habitación. Una ducha y tranquilamente cenamos y nos relajamos.
​  Descargué las fotos y estudié un poco la ruta del día siguiente. Aprovechamos el wifi del hotel, para comunicarnos con la familia y los amigos y nos fuimos a descansar.

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Lisboa

Nos despertamos sobre las 07:30. El día había amanecido muy nublado pero no llovía, aunque amenazaba con hacerlo. Preparamos el desayuno; zumo, yogur, unas uvas, pan con mantequilla y un café en la máquina de Nespresso que nos

habían traído la víspera... !! De lujo !!​  Tras el reconfortante desayuno, nos vestimos y salimos con el rumbo puesto en la Feria de Ladra, en el barrio de Alfama. Al salir a la calle nos acompañaba ya la lluvia. Era un fino xiri-miri, bastante molesto, que no nos hizo cambiar de planes. Bajamos al metro para hacer el recorrido hasta Marqués de Pombal en la línea amarelha, allí transbordo a la linha azul hasta Terreiro do Paço y allí nuevo transbordo a la linha verde hasta Martín Moiz.

El metro de Lisboa en Terreiro do Paço.
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  Al salir al exterior en esta última estación, nos despistamos un poco. Tras dudar unos instantes, preguntamos a un hombre y nos indicó que íbamos bien para subir a la Feria en la parada del tranvía donde estábamos situados. Pero, al llegar el tranvía la conductora nos dijo que no, que debíamos coger otro tranvía que paraba al otro lado de la calle. Ahí empezó un poco el lío que nos hizo perder más de media hora.
  Después de dar unas cuantas vueltas, nos indicaron que lo más fácil y rápido era subir en el tranvía 12 hasta el Mirador de Sta. Luzía y desde allí acceder a la Feria.

​  Llovía a ratos, pero, cuando lo hacía, lo hacía cada vez con más intensidad. Llegó el tranvía 12 y subimos la empinada cuesta que nos llevaría hasta el mirador. Al bajar, aprovechando una tregua de la lluvia, hicimos unas fotos y allí mismo un chaval africano, muy amable, que vendía paraguas y palos de selfi, nos indicó exactamente como llegar a la Feria.

El tranvía 12 camino de Alfama.
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Panorámica desde el mirador de Sta. Lucía.

De camino paramos en una tienda a comprar la camiseta de la selección portuguesa de fútbol, que le había prometido a mi hijo y de paso le compré también la del Sporting de Lisboa.
  Siguiendo las indicaciones del chaval, de camino a la Feria, dimos con una curiosa cafetería donde paramos a tomar un café y comer unos “pastelitos de nata”. El sitio en cuestión se llama Cultura Portuguesa Café y está en el número 7 de la Rua Escolas Gerais. Un lugar acogedor, con una decoración underground, confortable, calentito y con una chimenea de leña a pleno rendimiento que, con el día tan húmedo que estábamos viviendo nos hizo resurgir como el “Ave Fénix”.
  Al salir del café, coincidimos con el tranvía 28 en plena ascensión, una foto que recordaré en mi memoria para siempre.

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Un precioso y acogedor lugar para tomar un café camino de ​la Feria de Ladra, Cultura Portuguesa Café.

 Las estrechas y a menudo empinadas callejuelas de Alfama son un precioso ejemplo de la Lisboa más auténtica y cuna de la melancólica expresión del pueblo portugués, el fado. Antiguo arrabal de humildes pescadores, Alfama se encuentra a los pies del Castelo de San Jorge y limitado al sur por el río Tajo. El mítico “eléctrico 28 ” recorre sus calles, caminando por unos incrustados y herrumbrosos raíles, regando de vida y bañando de nostalgia y glamour  cada uno de sus rincones.
​  La estrechez de algunas de sus calles obliga a arrimarse a las paredes de los edificios al paso de las obsoletas máquinas.
  Subimos la cuesta hasta la plaza de la Iglesia de San Vicente y después, por la calle del lateral izquierdo según miramos a la fachada principal, nos dirigimos al comienzo de la Feria, pudiendo ver ya desde el inicio el colorido y alineado entramado de toldos y plásticos que, debido a la incesante lluvia, conformaban el escaso mercado de esta desapacible jornada. Cerámica, fruta, herramientas, recipientes de todo tipo, ropa, libros, verduras, viejos electrodomésticos, pitxias, muebles, circuitos oxidados de arcaicos ordenadores, cómics. Un revoltijo de cosas de las que me llamó la atención una antigua cámara de fotos Nikon, que el vendedor valoró en 150 €, pero que renuncié a comprar porque no tenía muy buena presencia y no podíamos probarla para ver si funcionaba.

El "eléctrico 28" circulando por Alfama.
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Entrada a la Feria de Ladra y algunos de los puestos.

  La visita fue más corta de lo que me habíamos imaginado, debido a que la lluvia no cesaba. Dimos la vuelta por la calle de atrás y fuimos a parar al Panteón de Sta. Engracia. Desde ahí volvimos a la calle por donde habíamos subido y cogimos el mítico “28 ” para bajar al centro.

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El Panteón de Sta. Engracia.
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Los Almacenes de Chiado.

  El tranvía 28, por lo visto, va siempre abarrotado de gente, pero con la mañana que hacía os podéis imaginar cómo bajaba. Desgraciadamente en él es donde más actúan los carteristas, pero sabiendo un poco del asunto, íbamos alerta.
  Un señor muy majo nos dio algo de conversación hasta la parada de Chiado, en pleno centro de la ciudad. Allí bajamos y nos metimos en los Armazenes do Chiado, huyendo un poco de la insistente lluvia. Luego salimos y dimos una vuelta por el centro comprobando el ritmo de la ciudad, una ciudad ordenada y fácil de transitar.

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Los tranvías son parte esencial de Lisboa. Incluso tienen uno turístico.

  Este centro comercial ocupa una gran extensión y se construyó tras el incendio que en 1988 que arrasó toda esa zona. Chiado es uno de los barrios más tradicionales de la ciudad de Lisboa. La zona destaca por sus modernas tiendas, cafeterías, teatros y museos, pero también por sus antiguos establecimientos de principios del s. XX, como el Café A Brasileira. En esta parte de la ciudad se solían reunir conocidos escritores portugueses de finales del s. XIX y principios del XX. 

  El 25 de agosto de 1988 un incendio que comenzó en una calle cercana, alcanzó la Rua Garrett, afectando no sólo a comercios y oficinas, sino también a importantes edificios históricos. Chiado se recuperó gracias al proyecto de renovación que duró una década y conserva en sus edificios y en el interior de muchas de sus tiendas, el esplendor de otros tiempos. Esta convivencia entre lo antiguo y lo moderno convierten a Lisboa en una ciudad excepcional.

De paseo por el centro.
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  Dimos una vuelta viendo las tiendas y haciendo un poco de tiempo, tomando un respiro del chaparrón que nos había acompañado toda la mañana. Al salir, poco a poco se empezaron a abrir claros y entre ellos se empezó a asomar un tímido sol que se agradecía mucho.

  Bajamos hasta la Plaça do Comercio y mientras mi compañera se acercaba a ver las tiendas de la Rua Augusta, yo me quedé haciendo unas fotos. Al juntarnos de nuevo cogimos el metro en  Terreiro do Paço, para subir hasta la Plaça Restauradores, con la intención de comer en la Taberna Imperial, establecimiento donde la víspera tomamos el café y que habíamos visto con muy buena presencia.
  Al llegar, aunque el sol se había instalado definitivamente con nosotros, decidimos comer dentro, desechando la idea de la terraza al aire libre, porque todavía notábamos la penetrante humedad que había calado en nuestras ropas. Dentro del local, pedimos Bacalhau assado no Carväo y Mero a la Piedra, con unas croquetas de bacalao para picar que, acompañadas de una copa de vinho verde, nos vinieron de cine mientras esperábamos.
​Comimos el pescado relajadamente y para terminar, como no podía ser de otra manera, un pastelito de nata y un café.

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Los exquisitos platos de la Taberna Imperial.

  Al salir a la calle la tarde había quedado espectacular. Fuimos a la parada del Elevador de Gloria, para subir al Barrio Alto, pero con mi típica mala suerte en ese sentido, lo encontramos cerrado por cuestiones de mantenimiento hasta el día 16 inclusive. Entonces mi compañera sugirió dar un paseo en el bus turístico que circula por todas las ciudades y así, mientras reposábamos la comida, conocíamos un poco más de la capital. Bajamos hasta la Plaça do Comercio y sacamos los tickets del llamado en esta ocasión Yellow-bus. 
​Os dejo el enlace a su web oficial:

  Además existe un tour gratuito de esos que das la voluntad al final del recorrido y sirven para situarse en la ciudad si, sobre todo, lo haces el primer día... Os dejo enlace a su web.

  Nosotros vimos la ciudad en todos sus ambientes, la zona universitaria, el centro con la Plaça del Marqués de Pombal, donde se enlaza con la subida a una gran zona verde como es el Parque Amalia Rodrigues. Luego la parte noroeste que es la zona donde están los edificios más modernos, los bancos y hoteles más lujosos, El Corte Inglés, etc. Para subir a la zona llamada Amoreiras, bajar hacia Belém y retornar por la paralela a la zona portuaria hasta la Plaça do Comercio.
​  En el recorrido del bus-turístico invertimos el resto de la tarde y al terminar la ruta nos encontramos ya entre dos luces, así que decidimos coger el metro y volver al hotel. 

La Plaça do Marqués de Pombal.
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El Jardím Amália Rodrigues.
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Estatua de Joáo I de Portugal en la Plaça da Figueira.
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Antes de subir a la habitación compramos en el súper algo para cenar, un poco de pasta y pollo asado (frango en portugués). Preparamos la mesita y, casi como en casa, cenamos tranquilamente. Luego, una ducha, descargué las fotos, mandé el correo que pedían para fotografiar desde el Arco del Triunfo  y relajadamente vimos una película en inglés, con subtítulos en portugués. Después, mientras charlábamos un poco, nos fue atrapando el sueño y nos quedamos dormidos.

El "yellow-bus" en su recorrido.
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Lisboa

Nos levantamos temprano y preparamos el desayuno. Había que reponer fuerzas. La verdad es que es una auténtica gozada poder desayunar tranquilamente en la intimidad de tu habitación, sin agobios, sin ruidos, ir entrando en la

mañana a tu ritmo. Fruta, yogur, pan con mantequilla y un riquísimo café, nos dieron las energías necesarias para arrancar. Nos esperaba una preciosa mañana. Tras una ducha y preparar el equipo bajamos a la calle. En la recepción del hotel, comenté que era el cumpleaños de mi compañera y que queríamos ir a cenar y ver un espectáculo de fado a algún local. Le pedí que nos aconsejaran alguno y nos mandó al “Club de Fado” en Alfama. Como íbamos a andar por allí, les comenté que nos acercábamos a reservar personalmente. El recepcionista nos comentó, después de felicitar a mi compañera, que si no conseguíamos reserva les dijésemos y ellos la hacían desde ahí. Así que quedamos en eso. El plan para esta jornada empezaba por visitar el Mercado de la Rivera en Ciés de Sodré.

El Mercado de la Rivera.

  Bajamos a la parada del metro para ir esta vez en dirección opuesta, es decir al norte, hacia la estación de Campo Grande. Al igual que en Budapest, esta línea sale al exterior al abandonar el núcleo urbano. En esta estación enlazamos con la linha verde para llegar en dirección sur hasta Ciés de Sodré, otro punto importante de la ciudad, donde se juntan la línea del metro, el tren, el tranvía, el bus y los ferry que cruzan a la orilla meridional del Tajo. La parada del metro está situada justo enfrente del mercado, así que al salir al exterior solo hubo que cruzar la calle y estábamos allí. Entramos por la puerta de la derecha, por el pasillo donde estaban los puestos de carnicería. No había mucha actividad y vimos que los precios se asemejaban a los de nuestro país, quizás un poco más barato, pero no mucho.
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A la izquierda, el pasillo del mercado. A la derecha, la zona de cafeterías.

  En el segundo pasillo estaban los puestos de pescado con mucha variedad y al otro lado las frutas y verduras. Después, un ancho pasillo dejaba a la vista una amplia zona de ocio, con muchas mesas para poder comer y los laterales repletos de bares, cafeterías y puestos de comida de todas las nacionalidades.

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Cantidad de pescado, frutas y bacalao en los puestos del Mercado de la Rivera.

  Decidimos ir a ver el Castelo de San Jorge. Para ello subimos de nuevo al metro en Ciés de Sodré y nos dirigimos a Martin Moiz para volver a coger el "eléctrico 12"  y subir al barrio de Alfama. Bajamos en la parada del Mirador das Portas do Sol, otro punto desde donde se ve una bonita panorámica de la ciudad.

  Allí nos volvimos a encontrar con el chaval africano del día anterior. Nos comentó que una bonita fotografía se sacaba desde el Mirador de Grapa, justo detrás del Castelo, pero si íbamos a subir a la fortaleza no merecía la pena ir después hasta allí.

El Mirador das Portas do Sol.
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  Nos encaminamos por las empedradas y empinadas calles en dirección a la antigua ciudadela medieval (la alcazaba),  en un paseo por el corazón del barrio. Conservando un aspecto impecable, la fortificación, construida por los musulmanes a mediados del s. XI, sobre unos asentamientos que datan del s. VII a. C., fue el último reducto defensivo de la población que habitaba la ciudadela antes de la conquista el 25 de octubre de 1147 por Alfonso Enriquez, primer rey de Portugal. Desde el s. XII hasta el XVI, el Castelo conoció su periodo de máximo esplendor como espacio de la corte.

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* Castelo de San Jorge


                 Abierto al público 7 días por semana
Horarios:
1 noviembre a 28 febrero - 09:00 – 18:00
1 marzo a 31 octubre      - 09:00 – 21:00

Cerrado los días 1 enero, 1 mayo, 24, 25 y 31 diciembre
Ultima entrada: 30 minutos antes de la hora de cierre.

Precios: Se le sumarán 2,5 € si se opta por visita guiada.
> Entrada General: 10 €
> Entrada Reducida
     13 – 25 años: 5 €
     > 65 años: 8,5 €
     Discapacitados: 8,5 €

> Entrada Gratuita para niños menores de 12 años; Residentes en Lisboa; Guías de turismo; Periodistas con cita previa; Acompañante de personas con discapacidad.

El ticket de entrada al Castelo de San Jorge.
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Mapa del Castelo de San Jorge, en el folleto que dan a la entrada.

  El Castillo de San Jorge (Castelo de São Jorge) es, junto a la Torre de Belém y el Monasterio de los Jerónimos, uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad de Lisboa. Se encuentra coronando el tope de la colina del centro histórico. Las investigaciones arqueológicas han sacado a la luz evidencias de primitiva ocupación humana en la localización de Lisboa desde, al menos, el s. VIII a. C. siendo ocupada sucesivamente por fenicios, griegos y cartaginenses. Posteriormente, a partir de 139 a. C. sirve como base de operaciones del cónsul Decius Junius Brutus, contra los núcleos de lusitanos dispersos tras el asesinato de su líder, Viriato, cuando se admite que aquí habría existido, por ese motivo, algún tipo de estructura defensiva.  Posteriormente, en el 60 a. C., siendo pro-pretor Caio Júlio César, concluye la conquista definitiva de Lusitania, y concede a la población el nombre de Felicitas Julia, y a sus habitantes los privilegios de la ciudadanía romana.
  Durante las invasiones del Imperio romano por los bárbaros, de los que la península no fue inmune, la ciudad fue conquistada por los Suevos bajo el mando de Maldras a mediados del s.V, y pocos años más tarde por los visigodos bajo el mando de Eurico, volviéndose definitivamente visigoda bajo el reinado de Leovigildo. Siglos más tarde, en el s. VIII, la ciudad cae bajo dominio musulmán, pasando a llamarse Al-Ushbuna.
  En el contexto de la Reconquista cristiana de la península ibérica, tras la conquista de Santarém, las fuerzas de Alfonso I de Portugal (1112-1185), con el auxilio de los cruzados normandos, flamencos, alemanes e ingleses que se dirigían a Tierra Santa, atacaron contra esta fortificación musulmana, que capituló tras un duro cerco de tres meses en el año 1147. Rezan las crónicas que el caballero Martim Moniz, que se destacó durante el cerco, al ver una de las puertas del castillo entreabierta, sacrificó su propia vida al interponer su cuerpo en el vado, impidiendo su cierre por los moros y permitiendo el acceso y la victoria de sus compañeros.
  A partir del s. XIII, al convertirse Lisboa en capital del reino (1255), el castillo alberga el Palacio Real. Los terremotos que afectaron a la ciudad en 1290, 1344 y 1356, le causaron daños. En el plano militar, se utilizó durante el cerco castellano de febrero y marzo de 1373, cuando los arrabales de la capital llegaron a ser saqueados e incendiados. En ese año se inició la muralla de Fernando I de Portugal, concluida dos años más tarde. Durante la crisis de 1383-1385, los arrabales de la ciudad fueron nuevamente objeto de las embestidas castellanas en marzo de 1383. Más tarde, en 1384, fue duramente asediada por las fuerzas de Juan I de Castilla.
  En sus funciones de Palacio Real, fue el lugar donde se celebró la recepción de Vasco de Gama, tras descubrir el camino marítimo a India al final del s. XV.

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  La fortaleza es una maravilla, no es muy grande, pero está en perfecto estado de conservación. Recorrimos su patio, admirando desde las murallas inferiores la hermosa panorámica de la ciudad, una sucesión de rojos tejados que componen un precioso paisaje. El río, el Puente 25 de Julio, el Cristo de Almada en la otra orilla, el Mirador de Sta. Justa, la Iglesia do Carmo...
  Desde allí arriba se podía ver toda la ciudad en una panorámica de 360º. El cielo estaba nublado, como a mí me gusta, dándole a las fotos una sensación de profundidad.

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Vistas desde el Castelo.
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Manuel I de Portugal "el afortunado".
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Alfonso I de Portugal "el conquistador".
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Panorámica desde el Castelo de San Jorge.
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El Panteón de Sta. Engracia sobre los tejados de Alfama.
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La Capilla de Sta. Cecilia.
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El Elevador de Sta. Justa y la Iglesia do Carmo.
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El río Tajo y el Puente 25 julio.
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Rosa en plena faena, con la preciosa ciudad de Lisboa al fondo.

  Después de empaparnos con la historia del castillo y, por ente, de Portugal y contemplar aquellas maravillosas vistas, decidimos bajar dando un paseo para reservar la cena y de paso ver la Sé.

* Santa Maria Maior de Lisboa / Sé de Lisboa


   > Horario:
   Catedral ------------
   Lunes a sábado de 09:00 a 19:00; Domingo de 09:00-20:00

   Claustro ------------

   10:00 a 18:00 (invierno)

   10:00 a 19:00 (verano)

  Tesoro --------------

   10:00 a 17:00 (cerrado domingos y festivos)

   > Precio:

    Catedral: Gratis

    Claustro: 2,5 €

    Tesoro: 2,5 €

    Estudiantes y Carnet Joven: 50% de descuento

El "28" pasando delante de la Sé.
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  Santa Maria Maior de Lisboa o Sé de Lisboa es la catedral de la ciudad y la iglesia más antigua de la capital portuguesa. Es de estilo románico tardío del s. XII, con influencia normanda en su arquitectura original, traída por los Cruzados venidos de Inglaterra.
  Dicen los entendidos que, pudo haber existido un templo pagano consagrado al Dios Sol, desde antes de la dominación romana. Después pasaron los romanos, visigodos y posteriormente cuando los musulmanes invadieron la Península Ibérica allá por el s. VII, aprovecharon el edificio existente para transformarlo en una mezquita.  Finalmente, cuando en 1147 Afonso Henriques (Alfonso I, primer rey de Portugal) y el cruzado inglés Gilbert de Hastings (primer obispo de Lisboa) tras conquistar la ciudad en manos de los musulmanes, decidieron su construcción allá por el año  1150. La inicialmente llamada Iglesia de Santa Maria la Maior, tomó su carácter de Catedral en 1393 bajo el reinado de Joáo I y se convirtió en un símbolo para la ciudad y un ejemplo de la arquitectura religiosa del medievo. El nombre de “Sé” deriva de “Sedes Episcopalis”, el nombre que identificó a este barrio de la ciudad.

  Entramos a ver la Catedral por dentro. Desde afuera parece más grande y tras recorrer la planta de la misma, salimos para buscar el "Club de Fado".
  Preguntamos a un chico que estaba con su tuc-tuc apostado en la plazoleta de entrada a la Sé y nos indicó que estaba a unos 150 m por la calle de la derecha según mirábamos de frente a la Catedral. Llegamos hasta allí, pero no pudimos encargar porque estaba cerrado. Decidimos bajar hacia la Plaça do Comercio y de camino, Rosa me comentó que le apetecía hacer una visita a El Corte Inglés, en la parte moderna de la ciudad.

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La catedral de Lisboa; arriba vidrieras, izquierda claustro; centro el retablo mayor; derecha fachada principal.

  Bajamos dirección a Rua Augusta y encontramos un lugar para comer llamado “Trovadores” en la Rua de Sáo Juliáo. Tenía buen aspecto y sinceramente la comida estaba buena, pero las dos jóvenes que lo regentaban no estaban muy puestas en la materia y mi compañera, con buen ojo para los negocios, les auguró poco futuro.
  El ambiente era muy relajado y pedimos de la carta "Bacalau no caco", que era una especie de hamburguesa, con bacalao, lechuga, tomate, cebolla, pimiento... todo picado y bien aliñado y otro plato llamado "Prego no prato", una especie de chorizo de pollo, adobado con especias... Estaba bueno.

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​Arriba la entrada al restaurante y Rosa esperando para comer.
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La carta y los platos de "Trovadores".

  Después de comer y tomar tranquilamente un café (café sólo, porque no tenían leche en el establecimiento), fuimos hasta la parada de Terreiro do Paço, para coger el metro hasta la parada de Sáo Sebastiáo y así cumplir el capricho de mi compañera, que para eso era su cumpleaños. Llegamos en un suspiro... El metro nos dejó en los mismos bajos de los grandes almacenes y dimos una vuelta echando un vistazo a la tendencia de moda que se avecinaba para este verano. Nos tomamos un café con un “pastelito de nata” y volvimos al hotel a descansar un rato, puesto que a la noche nuevamente saldríamos. Al llegar le comentamos al recepcionista que no habíamos encargado porque estaba cerrado y tras preguntar si seguíamos interesados y recibir una afirmación por nuestra parte, cogió el teléfono e hizo la reserva. Ya estaba, a las 21:00 horas en el “Club de Fado” del barrio de Alfama.
  Subimos a la habitación y mientras Rosa descansaba un rato, yo descargué las fotos e hice las copias de seguridad. Recibí la contestación a la solicitud del permiso para hacer las fotos en el mirador del Arco del Triunfo y... ¡¡ Me quedé de piedra !!

  Literalmente decía:

“ Hola, para hacer fotografías desde el mirador del Arco da Rua Augusta tiene que pagar 500 € + IVA. Saludos, cumprimentos. “

  Estaba claro que no iba a subir a hacer esas fotografías. ¡¡ Están locos !!

  Sobre las 19:30 horas empezamos a prepararnos para ir a cenar. Cogimos el metro para ir hasta Terreiro do Paço y desde allí, dando un paseo, subimos hasta la Rua San Joáo da Praça, donde se encuentra el local “Clube de Fado” en Alfama. Llegamos algo antes de las 21:00 horas y al tener hecha la reserva, pasamos directamente a la zona del comedor. 
  Un lugar acogedor, en una casa de estilo morisco, techo ojival, sólidas columnas, robustas paredes y un pozo moro, que componían un cálido y romántico ambiente. Además con una gente muy profesional y una exquisita atención, nos hicieron sentir muy cómodos. Nos habían guardado una mesa en primera línea, justo enfrente del hueco asignado para los artistas, así que estábamos en un lugar privilegiado. Junto con la carta nos ofrecieron un aperitivo típico de la ciudad. 

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El local del "Clube de Fado".

  Este fue el menú que cenamos:

Salchicha Roja asada y aceitunas
Pececitos de la Huerta (Espárragos verdes en tempura)
Costillas de Cabrito a la “Hermínia”
Lenguado Asado a la "Alfama"
Copa de Helado de la Casa

  Las costillas las sirvieron con un aliño de limón y cilantro que le daba un gusto muy especial. El pescado lo sirvieron con una salsa y unas patatas cocidas, también riquísimo. Todo ello regado con un riquísimo vinho verde.

  Estábamos degustando el primer plato cuando se apagaron las luces principales, dejando la sala en penumbra y creando un ambiente relajado. Salieron los artistas, dos guitarristas - uno con la guitarra española y otro con la portuguesa - y la cantante, una chica joven con una voz increíble...
  Empezó a cantar... Junto a los versos que la joven entonaba, las dos guitarras le acompañaban "llorando" y envolviendo todo en un sentimiento de angustia y dolor.  Historias de amores y desamores, celos, pasión y muerte, que en ocasiones me ponían “los pelillos como escarpias”.

La guitarra portuguesa sonaba con mucho sentimiento.
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Las fadistas "lloraban" y "penaban" en cada canción.
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Tras la primera actuación dimos cuanta del pescado y entre fados y manjares fue avanzando la velada. Mientras esperábamos el postre, alguien se levantó y se acercó al lugar donde descansaba una de las artistas, para pedirle – en la medida de lo posible -  que le dedicasen un canción a una mujer de entre el público llamada Rosa, ya que ese día cumplía años, a lo que la joven accedió amablemente.

  Así que mientras tomábamos el helado, comenzó la siguiente actuación con la dedicatoria solicitada y sé de alguien que se ruborizó un poco.

Rosa, escuchaba con atención los fados.
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  Pasadas las doce, tras acabar las actuaciones, decidimos regresar al hotel. Hicimos el mismo camino, pero a la inversa, claro está. Como el metro se cierra a las 02:00 de la madrugada no hubo necesidad de tener que coger un taxi. La noche estaba maravillosa. La temperatura era ideal para pasear y el camino hasta la boca del metro se hizo muy agradable.

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​De vuelta al hotel aproveché para hacer alguna fotografía nocturna.

  Había que descansar un poco, a la mañana siguiente iríamos a Sintra. Habíamos alquilado un coche y, antes de partir, teníamos que pasar a recogerlo. 

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Lisboa - Almada - Sintra - Cascais - Lisboa

Nos levantamos y desayunamos aún con los acordes del fado en nuestros oídos... La verdad es que fue una noche

muy bonita. Amaneció un hermoso día. Estaba despejado, pero con algunas nubes y con una agradable temperatura de 16 º a las 08:00 AM.  Fuimos a recoger el coche que habíamos alquilado por Internet, con la idea de visitar el Cristo de Almada y después dirigirnos a Sintra para ver sus palacios y castillos. Rellenamos el papeleo necesario para sacar el coche y, tras asignarnos un Wolkswagen Golf automático de color negro salimos, en dirección este, hacia Marqués de Pombal. Luego toamos la A-2 y salimos hacia el barrio de Belém. 

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El impresionante Cristo de Almada.

  Después de hacer una circunvalación, entramos por el Puente 25 de Julio para cruzar el río Tajo. Al entrar en el puente, vimos un accidente que, aunque no parecía grave, estaba causando una importante retención en la entrada a Lisboa. Nosotros íbamos en el otro sentido, pero luego tendríamos que volver por ahí...
  Al salir del puente me confundí de carril y nos desviamos de nuestro destino, obligándonos a dar una pequeña vuelta y la consiguiente pérdida de tiempo. Finalmente dimos con la entrada y pudimos subir al Mirador del Cristo de Almada. No había mucha gente y subimos directamente, sin necesidad de esperar turno. 

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* Cristo de Almada


> Cómo llegar: En barco desde Cais do Sodré a Cacilhas y coger bús 101
> Horario:  de lunes a viernes
                09:30 a 18:15 (invierno; última subida a las 18:00)
​                09:30 a 19:00 (verano; última subida a las 18:45)

    Cerrado el 24, 25 y 31 de diciembre y el 1 de enero
> Precio: Adultos 6 € / Niños gratis

Entrada para subir al mirador.

  Ya arriba, una preciosa vista de Lisboa desde la orilla sur del Tajo, nos enseñaba cada uno de los rincones por donde habíamos andado...  El Castelo de San Jorge, la Plaça do Comercio, Belém, Alfama...

  El Santuario Nacional de Cristo Rey, es un monumento religioso y santuario dedicado al Sagrado Corazón de Jesús localizado en la ciudad de Almada, en el área metropolitana de Lisboa. Fue construido en cumplimiento de un voto hecho por los obispos portugueses que se reunieron en Fátima en 20 de abril de 1940, pidiendo a Dios que Portugal no participara en la Segunda Guerra Mundial. El Presidente del Consejo de Ministros de Portugal (el primer ministro) Salazar, no violó la vieja amistad con el Reino Unido, que data de siglo XIII, y prefirió permanecer neutral, entonces Portugal no participó en esa guerra. La primera piedra del monumento fue puesta el 18 de diciembre de 1949 y fue inaugurado el 17 de mayo de 1959.
  Se encuentra a una altitud de 113 m.s.n. del Tajo. Consiste en un pórtico diseñado por el arquitecto António Lino, de 75 metros de altura, sobre un pedestal de 7 metros y coronado por la estatua de Cristo Redentor con los brazos abiertos, obra del escultor portugués Francisco Franco de Sousa, con 28 metros de altura más. 

  El monumento a Cristo Rey es la mayor atracción turística en el municipio de Almada, junto a las famosas playas de Costa da Caparica. Es el mejor mirador sobre la ciudad de Lisboa, por eso accedimos hasta allí...

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Panorámica desde el Mirador del Cristo de Almada.

  Un rato viendo el paisaje y después camino a Sintra. La mañana avanzaba a toda máquina y llevábamos retraso sobre lo que habíamos previsto. Desde arriba vimos que el atasco en la autopista se había deshecho y que ya se circulaba con fluidez. Al bajar nos encontramos con una invasión de gente que iba a subir... ¡¡ Menuda escapada ¡!

  Salimos hacia el norte por la A-5 y sin contratiempos llegamos a Sintra, pero con la mañana bastante avanzada. Nos marcamos el objetivo de ver La Quinta da Regaleira, El Monasterio de los Capuchos, El Palacio da Pena y el resto de cosas... sobre la marcha.
  Al llegar al pueblo subimos directamente a La Quinta da Regaleira ya que no había tiempo que perder. Aparcamos junto a la entrada. El lugar es inmenso y se necesita una mañana entera para verlo con detalle. Al principio, mi compañera era un poco reacia a entrar, pero al final sacamos los tickets y pasamos.

  El paraje llamado Quinta da Regaleira es obra de Carvalho Monteiro, que entre 1898 y 1912 transformó esta finca, basándose en un viaje iniciático cual peregrinación hacia un "mundo infernus", por un jardín simbólico en el que se encuentran referencias a la mitología, el Olimpo, Virgílio, Dante... Entran en juego la misión de los Templarios y muchos tratados de alquimia, todo está estudiado y relacionado. Nada es natural, sino la transformación manual por artistas de la época, guiados por una "alucinación" de este buen hombre... Cuanto menos es bastante curioso de ver. Dimos un paseo inicial por los jardines inferiores y después subimos a ver el palacete. Una maravilla de construcción, con tres plantas sobre rasante más dos plantas en sótano. 

El edificio principal de la Qinta da Regaleira.
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* Quinta da Regaleira


> Dirección: Finca da Regaleira, Sintra
> Horario: de abril a septiembre de 09:30 a 20:00 horas, con último acceso 19:00
            de octubre a marzo de 09:30 a 18:00 horas, con último acceso a las 17:00
    Abre todos los días del año menos el 24 y 25 de diciembre y el 1 de enero
> Precio: Adultos 8 € / 12 € con visita guiada
           Jóvenes de 6 a 17 años 5 €
           Mayores de 65 años 5 € / 8 € con visita guiada

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Anverso y reverso del folleto que dan a la entrada a La Quinta da Regaleira.

  Los terrenos que ahora ocupan la Quinta da Regaleira pasaron por varias manos a lo largo de los años. Se sabe que, en 1697, José Leite fue el propietario de una vasta propiedad, en los alrededores de la villa de Sintra, que hoy integra la quinta. Posteriormente, en 1715, Francisco Alberto Guimarães de Castro compró en subasta pública la propiedad dándola a conocer como Quinta da Torre o Quinta do Castro. En 1830 la quinta pasó a Manual Bernardo y tomó el nombre que posee actualmente. En 1840, la Quinta da Regaleira fue adquirida por la hija de un comerciante de Oporto de apellido Allén, que más tarde recibió el título de baronesa da Regaleira. Esta la transformó en una residencia estival, con palacete, capilla y jardín.
  En en 1893 se vende en subasta pública y la adquiere Antonio Augusto Carvalho Monteiro, un rico coleccionista brasileño de origen portugués, quien la anexa a otras fincas colindantes completando la superficie actual. Este estaba ansioso por construir un lugar desconcertante donde podría recoger los símbolos que reflejaban sus intereses e ideologías. 

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Ermelinda Allén, baronesa da Regaleira.
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Antonio Augusto Carvalho Monteiro.

  El año 1898 empiezan las obras... En 1904 los trabajos se concentran en la capilla y el palacio. Con la ayuda de su amigo el arquitecto Luigi Manini, fueron agregando algunos edificios y configurando parajes enigmáticos que supuestamente llevan a cabo símbolos relacionados con la alquimia, la masonería, la Orden del Temple y los Rosacruces.


  De esta época son el laberinto, el pozo iniciático, el lago, la torre, etc.
  Las obras se dilataron hasta 1910. En 1946 el portugués Waldemar Jara d´Orey compra la finca e introduce cambios a su gusto en los edificios y el parque.

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Todo lujo de detalles en los amplios salones de la finca.

  En 1987 la propiedad se vende a la empresa japonesa Aoki Corporation que a su vez la vende al Ayuntamiento de Sintra en 1997... Posteriormente el 27 de junio de 1998, siendo propiedad municipal, se abre al público en general como atracción turísitica.

  Al salir nos dirigimos de nuevo a la zona ajardinada. Yo estaba empeñado en ver el "Pozo Iniciático", pero Rosa, algo cansada, no quería caminar mucho. Todo era cuesta arriba y cuesta abajo, así que se quedó esperándome en la zona llamada "Fuente de los Dragones" en el "Portal de los Guardianes". Yo seguí para arriba, intentando dar con el dichoso pozo.

  En un punto del camino me despisté y me metí en un bucle del que no podía salir... Un laberinto, con una cueva por medio, en el que fuese por donde fuese, acababa llegando al mismo lugar... Nunca me había visto en una de esas. Volvía a intentar salir y, cuando parecía que llegaba al final, resultaba que estaba nuevamente en el punto de inicio.

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El llamado "Portal de los Guardianes".
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"El Tritón" .
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Una de las gárgolas de la fachada.
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  Ya me estaba “mosqueando”... Sobre todo porque mi compañera me esperaba y yo allí, dando vueltas y vueltas... En ese momento, por casualidad, vi una marca en el suelo, la letra “ T ”. Cogí el mapa que nos habían dado en la entrada y entonces me pude ubicar. Estaba en una cota más alta del punto donde se encontraba la entrada al pozo. Luego, sin más problemas, llegué hasta el destino. Me encontré con una especie de chimenea de unos veinte metros de altura y tras hacer unas fotos desde arriba, descendí por la escalera de caracol que llevaban hasta la entrada inferior, donde había un lago, muy cerca de donde estaba Rosa esperándome.

Los estanques de la finca se adentran en cuevas y "pasadizos misteriosos".
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El "Pozo iniciático", un lugar "misterioso" con una cruz templaría en el fondo.

  Eran ya las 14:00 horas, esperaba encontrar a mi compañera de mal humor, enfadada por la espera, pero no fue así. Con una paciencia infinita aguantó mi “capricho” y me comentó que había estado leyendo en el folleto que nos dieron en la entrada, la historia de la finca en cuestión y disfrutando del sol que le daba en la cara. Agradeciéndole la espera y sin más dilación bajamos a por el coche y fuimos a buscar un sitio para comer.
  Tenía apuntados un par de lugares que había visto en Internet pero, de camino hacia el pueblo, dimos con un lugar muy cómodo para aparcar y decidimos, antes de que se hiciese más tarde, parar allí mismo. El lugar en cuestión se llama "Porto dos Sentidos". Nos atendió un chaval muy amable en un perfecto español que, tras sacarnos el clásico choricillo asado nos dio la carta.

 

Pedimos para compartir:

Ensalada vegetariana
( con lechuga, tomate y dos tipos de queso )
Chuleta de novilho
( asada a la parrilla con patatas fritas )

  En Portugal las raciones son bastante generosas y como ya íbamos aprendiendo, sabíamos que con eso sería más que suficiente... y lo fue. La verdad es que teníamos hambre. La chuleta estaba riquísima... ¡¡ En su punto ¡!
Un rato de descanso, un café y... de nuevo a patear.

  Habían dado las 16:00 horas, subimos a ver el Palacio da Pena pero,  cuando llegamos, a parte de lo caro que era entrar, 14 € por cabeza, cerraban a las 17:30, por lo que casi no íbamos a tener tiempo para verlo. Así que hicimos alguna foto desde el exterior y fuimos a ver el Monasterio de los Capuchos. 
  Allí nos pasó lo mismo, y decidimos, aprovechando aún las dos horas de luz que nos quedaban, acercarnos hacia Cascais. 

  En realidad, para ver bien esta zona, creo que se necesitan como mínimo un par de días, así que... En otra ocasión será.

El Palacio Nacional.
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El Palacio da Pena.
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El Castelo dos Mouros.
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El Palacio de Montserrate.

  Hicimos los 20 Kms de distancia en apenas quince minutos, por una carretera muy buena. La entrada al pueblo nos decepcionó, pero a la vuelta, después de ver “La Boca do Inferno”, ya de regreso hacia Lisboa, nos dimos cuenta que era un pueblo completamente turístico, vamos un Zarautz en Portugal. 
  Por la carretera de la costa, atravesamos Cascais, Estoril, Oeiras y llegamos a la entrada de la capital ya de noche. Para más “INRI”, se puso a llover y por si fuera poco, me colé en la entrada a la Plaza del Marqués de Pombal, que era la que nos llevaba derechos al hotel, así que, salimos de "La Boca del Infierno" y nos metimos en  “la boca del lobo”, en todo el centro de la ciudad y a la hora punta...
  Casi una hora callejeando por Lisboa ¡!

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"La Boca do Inferno" es el punto donde se junta el río Tajo con el Océano Atlántico.
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Cascais en primer plano y, al fondo, en el horizonte, Estoril.

  Yo estaba muy cansado y mi compañera muy agobiada. Al igual que a ese personaje de la tele, “la noche me confundía” y andaba bastante despistado por las calles del centro. Con ña vista muy cansada, sin las rayas del suelo pintadas, con los raíles del tranvía por todos los lados que me confundían y no sabía si era doble sentido o no... un rato de nervios... ¡¡ Fatal ¡!
  A Rosa se le ocurrió la brillante idea de coger un taxi para que nos sacase de aquella “trampa” y acertó de pleno, como casi siempre. Ahora tocaba “jugar” a las persecuciones de coches... El taxista me llevó muy bien y no tuve problemas para seguirle. Aparcamos frente al hotel y se acabó el martirio del regreso de Sintra.

  Ya en la habitación, una ducha para relajarse y a cenar un poco de pollo asado que compramos en el súper de abajo. Un poco de vinho verde para mi compañera y a descansar. Era la última noche en Lisboa...

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Lisboa - Madrid - Astigarraga

Nos levantamos temprano para acabar de recoger todo y andar con tiempo. Cogíamos el vuelo para Madrid a las 16:35 horas, así que podíamos disfrutar de la

última mañana en la ciudad. Lo de disfrutar era un decir, porque amaneció lloviendo como si no hubiese llovido nunca. Desayunamos como todas la mañanas, para reponer fuerzas y aguantar el tirón hasta la hora de comer. Bajamos las maletas y las dejamos en recepción. Teníamos que ir a Belém a comprar los “pasteles de nata” para traer de regalo a casa y además queríamos ver el Monasterio de los Jerónimos por dentro, ya que habíamos leído que era un precioso monumento. Así que, cogimos el metro hasta Chiado, vimos el “Café A Brasileira” y la famosa estatua de Pessoa sentado en su terraza y luego bajamos andando hasta la Praça do Comercio y cogimos el autobús 728 hacia Belém.

  A las 10:30 estábamos en el Monasterio de los Jerónimos de Santa María de Belem, calados hasta los huesos y destemplados por la humedad.

El escritor Fernando Pessoa.
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Panorámica del Monasterio de los Jerónimos.

  El Monasterio de los Jerónimos pertenece a la Orden de San Jerónimo. Fue diseñado, en estilo manuelino, por el arquitecto Juan de Castillo, quien recibió el encargo del rey Manuel I de Portugal para conmemorar el afortunado regreso de la India de Vasco de Gama. Se fundó en 1501 sobre el enclave de la Ermita do Restelo en lo que fue la playa de Restelo, ermita fundada por Enrique el Navegante, y en la cual, Vasco de Gama y sus hombres pasaron la noche en oración antes de partir hacia la India. La primera etapa constructiva de la iglesia nueva comenzó en 1514 y fue ampliándose y modificándose hasta el s. XX. Se financió gracias al 5% de los impuestos obtenidos de algunas de las especias orientales. 

​  En 1983 la UNESCO declaró esta maravillosa obra como Patrimonio de la Humanidad.

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El arca funeraria donde descansa los restos del
famoso navegante Vasco de Gama.

  Las capillas de la iglesia fueron remodeladas en puro estilo renacentista en la segunda mitad del s. XVI y contienen las arcas funerarias de los siguientes reyes portugueses:
> Manuel I el Afortunado y su esposa María de Aragón, hija de los Reyes Católicos.
> Juan III y su esposa Catalina de Austria, hija de Felipe I el Hermoso y Juana I de Castilla.
> Sebastián I 
> Enrique I 
  En los Jerónimos se hallan también las tumbas del navegante Vasco da Gama y el poeta Luís de Camões. En una capilla del claustro descansan, desde 1985, los restos del escritor Fernando Pessoa.

  El monasterio fue confiado a los jerónimos, que estuvieron en él hasta 1833, año en el que fueron expulsados por la autoridad civil. Los críticos de arte consideran este monasterio como la joya del estilo manuelino y uno de los monumentos más importantes de Lisboa y Portugal. Pagamos las entradas y cogimos una audio-guía...


  Al entrar, llegas directamente al claustro central, rodeado de arcos. En uno de los laterales una puerta daba acceso a la parte alta de la iglesia, donde celebraban los cónclaves y que daba a una balconada que enseñaba el retablo principal. Por otro lado el refectorio, una biblioteca que estaba cerrada, una habitación con un panel ovalado que marcaba los acontecimientos acaecidos en el mundo ordenados cronológicamente y poco más. La verdad es que, su contenido, me decepcionó un poco... A la iglesia se accedía desde el pasillo de entrada, donde habíamos comprado los tickets, así que no había mucho más que ver. Pero como obra arquitectónica, desde luego, es una auténtica maravilla.

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El claustro del Monasterio de los Jerónimos.
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* Monasterio de los Jerónimos


> Dirección: Plaza do Imperio (Santa María de Belém)
> Cómo llegar: Tranvía línea 15; Buses 714, 727, 728, 729, 751.
> Precios:
  La visita a la Iglesia es gratis
  Adultos
  Monasterio: 10 €
  Combinada con el Museo Nacional de Arqueología: 12 €
  Niños hasta los 12 años: gratis.
  Descuentos especiales del 50% para:
       - Familias con o dos un adultos y dos niños entre 12-18 años 
       - Tarjeta joven y Carnet de estudiante
> Horario:
  De octubre a abril de 10:00 a 17:30 horas
  De mayo a septiembre de 10:00 a 18:30 horas
  Cerrado: Todos los lunes, el 1 de enero, el domingo de Pascua,
  el 1 de mayo, el 13 de junio y el 25 de diciembre

  Consulta posibles cambios en su página web


 > Venta de entradas:
  En la taquilla del Museo Nacional de Arqueología (a la izquierda        del edificio)


            Entrada anticipada sin colas puedes comprarla aquí

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Distintas tomas del claustro del Monasterio de los Jerónimos.
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La iglesia y la decoración de uno de los techos.

  La mañana avanzaba rauda... Nos pasó como el día anterior en el Cristo de Almada, cuando nosotros salíamos entraba una auténtica avalancha de gente...
¡¡ Otra escapada !!


​  Seguía lloviendo. Os podéis imaginar cómo estaba de gente la Pastelería do Belém. Así que nos tomamos un café en un bar que había a su izquierda.

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  Un bar con categoría, tenía tres baños: para hombres, para mujeres y... ¡¡ Para funcionarios ¡¡

Siempre habrá clases... ¿ verdad ? - Es broma...  :-)
Los funcionarios son el personal del bar.

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Exterior e interior de la famosa Pastelería de Belém.

  Luego, entramos a la pastelería y compramos los "pastelitos de nata" para llevar a casa. Nosotros, bueno sobre todo yo, ya me había pegado unos cuantos homenajes... Riquísimos de verdad. 

  Cogimos el bus y de regreso al centro ​le propuse a Rosa comer cerca del hotel, en un restaurante llamado “Laurentina", conocido como O Rei do Bacalhau, que según las guías de viaje tenía muy buena fama. Llegamos sobre las 13:00 horas; entramos y pedimos, tardaron un poquito en servirnos y cuando nos dimos cuenta eran las 14:30 algo pasadas y estábamos sentados tan “pichis”, comiendo bacalao tan ricamente.
  A Rosa le dio el arrebato y se puso un poco nerviosa...

- Como puedes estar tan tranquilo con la hora que es... - me decía atacada, pensando que perdíamos el vuelo.
- Tranquila... - le decía yo con mi habitual “temple de acero”.
- Tenemos tiempo; no nos sobra pero vamos bien... que no tenemos que facturar.

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Aunque fue un poco acelerado, el bacalao de "Laurentina" estaba... riquísimo.

  Fuimos al metro, llegamos al hotel, cogimos las maletas y de nuevo al metro para ir hasta Saldaña, hacer transbordo y coger la linha vermelha al aeropuerto. Salimos en la T1 y buscamos la zona de control.
​Faltaba el último trámite; el control de seguridad...  La mochila pasó de nuevo sin necesidad de vaciarla, pero me hicieron abrir la maleta y me separaron a un rincón para volver a pasarme el dichoso papelito como al venir. Esta vez no me quedé con las ganas y tranquilamente le pregunté al policía a ver que pasaba.
- Es un control que detecta los más mínimos restos de explosivos - me comentó el policía, añadiendo seguidamente.
- Todo en orden, pase.

  Se ve que "el Comandante" está fichado. ¿ Será por tanto "disparar" ?  :-)
La vedad es que nunca me habían hecho esa prueba y al pasarla en este viaje dos veces seguidas, pues me había "mosqueado". Nuevas normas, me imagino que por los tiempos que corren... Me parece bien, todo sea por la seguridad.

  Rosa había pasado sin problemas, recogimos todo y corriendo a la puerta de embarque.
- Ves, ya estamos aquí y nos ha sobrado un cuarto de hora - le dije a mi compañera, soltando la tensión que habíamos ido acumulando...  No quise bromear más porque no era el momento.

  Rosa estaba un poco tensa como cada vez que tiene que volar y también un poco enfadada y no le faltaba razón. Había apurado hasta el último minuto pensando que nos daba tiempo y aunque todo había salido bien, cualquier imprevisto te hace perder media hora y en consecuencia el vuelo. 

El avión que nos llevó de regreso a Madrid.
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  El avión, un Airbus-320, correspondiente al vuelo IB3103, despegó a las 16:40 con unos minutos de retraso sobre lo previsto, pero llegamos a Madrid puntuales a las 18:50 hora española . Tuvimos que volver a ir de una punta a otra de la T4, aprovechando para estirar las piernas y coger el vuelo IB8324 de las 20:00 horas.
  Como siempre, el regreso se hacía pesado. Cambiando el "chip" para poder resetear el cerebro y guardar en la memoria los buenos ratos pasados que, por cierto, fueron unos cuantos.
  Llegamos a Hondarribia a las 21:15 horas. Allí, nuevamente, nos esperaba nuestra amiga con el coche para volver a casa. Ahora tocaba trabajo, familia, problemas, estrés, pero... los días vividos en la capital lusitana se quedarán para siempre en la mochila de los momentos felices. 

¡¡ Muito obrigado, Lisboa !!
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© F. J. Preciado  2016