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"La vida, como la fotografía, consiste en positivar lo negativo"

Septiembre de 2013

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India

Rajasthán: la herencia de los maharajás

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El lago sagrado de Pushkar, corazón del Rajasthán.

  Nunca había hecho un viaje tan largo, estuve en París hace algunos años pero fue con otro propósito muy diferente al que nos llevó a India. El caso es que viví las semanas anteriores a la partida con la misma emoción e intensidad que vivía la víspera de la llegada de los Reyes Magos, hace ya unos cuantos años...
  Por fin, tras los preparativos, los jaleos de visados, billetes de avión, etc... Llegó el gran día.
¡¡ NOS VAMOS A INDIA !!

   Llevábamos un par de años con el curso de fotografía a cargo de nuestra profesora Nagore Legarreta. Esta, mueve un proyecto llamado Fotoeskola e imparte clases en distintas localidades de Gipuzkoa. Nagore es natural de Hernani, localidad vecina a Astigarraga - mi pueblo natal y en el que resido – y de allí, de Hernani, Nagore conocía a Aritz Arrondo “The Boss”, también natural de esa localidad. 

  A lo largo del curso habíamos hecho algunas salidas para realizar prácticas y fotografía de calle. En mayo de 2013, antes de acabar ese curso escolar, se habló de hacer un viaje fotográfico ( ya sabéis, esas cosas que empiezan como una broma y acaban siendo una brillante idea ) y antes de acabar el mes de junio, tras hablar del tema con "The Boss", se gestó la idea de viajar a India.
   Aritz es un enamorado de ese país y ha viajado allí un montón de veces. Se habló de unas fechas y de un mínimo de diez personas para poder negociar y ofrecer unos precios asequibles. Pero, acercándose la fecha límite, faltaban aún dos personas para completar el grupo. Yo, por aquel entonces, tomaba café en la panadería-cafetería que regentaba Rosa en Astigarraga y un día, por casualidad, le comenté la idea del viaje y que seguramente no

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El cartel anunciador del viaje.

saldría adelante por falta de gente. Ella me dijo que le gustaría mucho ir a India, pero que no tenía ni idea de fotografía ni tan siquiera tenía cámara de fotos. Entonces, yo, ejerciendo de “abogado del Diablo”, le dije que le dejaba una de mis cámaras y le daba cuatro nociones básicas antes del viaje y que se animase, que veríamos la zona de Rajasthán y el Taj Mahal. Eso le acabó de convencer para lanzarse a la aventura… Ese fue el inicio de una gran amistad.
Un par de días después, me dijo:

- He hablado con las empleadas y he cogido unos días de vacaciones, así que… ¡¡ Me voy con vosotros !! Eso sí, tengo que pedirte que te sientes a mi lado en el avión, me da pánico volar. Y tú... ¿ Tienes miedo ?
- Pues… No lo sé, no he volado nunca. Pero... ¡¡ Hecho !! Me sentaré a tu lado.

  Después, llegó el trajín del papeleo, visados, permisos, vuelos y, en un abrir y cerrar de ojos, nos plantamos en el día señalado...

14 de septiembre.

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  La República Federal India es un enorme país soberano de Asia, compuesto por 29 estados y 7 territorios de la Unión, con un sistema de democracia parlamentaria. Ocupado y explotado durante siglo y medio por el Imperio Británico, se convirtió en un país independiente en 1947, tras una lucha por la independencia que estuvo marcada por el movimiento de no violencia encabezado por Mahatma Gandhi.

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Bandera de la R. F. India.

Tiene una historia de más de cinco mil años, es el hogar de la cultura del valle del Indo y una región histórica por sus rutas comerciales y grandes imperios. Con sus más de 1.372 millones de habitantes, es el segundo país del mundo por población, después de la República Popular China.

  Es una sociedad plural en lo religioso, multilingüe y multiétnica. Cuatro de las religiones más importantes del mundo, el hinduismo, el budismo, el jainismo y el sijismo se originaron allí, mientras que otras religiones como el zoroastrismo, el judaísmo, el cristianismo y el islam llegaron durante el primer milenio, dando forma a diversas culturas de la región.
  Con un terreno diverso, que abarca desde las cumbres del Himalaya hasta la costa del Océano Índico, te ofrece desde monumentos históricos como fortalezas y mezquitas del imperio Mogol, con el icónico mausoleo del Taj Mahal como una de las Siete Maravillas del Mundo, hasta la posibilidad de bañarte en el Ganges en Benarés, hacer yoga como The Beatles en Rishikesh o perderte por los desiertos de Rajasthán y las selvas de Bengala.


 India, un país intrigante, exótico... Un país que tiene la peculiaridad de no dejarte indiferente; o lo amas, o lo odias. A mí, personalmente, me cautivo y me enamoró. Además, fue un viaje que me cambió por completo y me devolvió las ganas de vivir.

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  Aquí comienza el relato de nuestro periplo por India; espero que lo disfrutéis...

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Astigarraga - Bilbao - Frankfurt - Nueva Deli

en el avión y un renacer a la vida después de unos años bastante malos por motivos personales. Volábamos desde Bilbao a Frankfurt a las 07:30 horas. Allí hacíamos una pequeña escala y otro vuelo en un Airbus 380 nos llevaría hasta Nueva Delhi. 
Tras los controles y demás, embarcamos. Llegó el momento; el avión se colocó en la pista… Recuerdo que Rosa me dijo:
- Prepárate, porque esto crea adicción…

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La primera vez que volaba, fue una experiencia inolvidable.

  Salimos desde Hernani a las 04:00 de la mañana en un micro-bus que iba cargado de ilusión y ganas de disfrutar. Era mi primera experiencia

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  El avión puso los motores a toda propulsión para el despegue. Rosa asió fuertemente mi mano y agachó la cabeza. La velocidad me puso la adrenalina a cien y en unos segundos estábamos en el aire.
-  Ya pasó. –Le dije.
-   Uff !! Lo llevo muy mal. –Me dijo ella con un semblante más relajado.
  Ahora, unas cuantas horas por delante; tiempo para hablar, reír, leer e intentar dormir algo antes de llegar a nuestro destino… INDIA !!

El Airbus 380 que nos llevó a Nueva Deli.
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Nueva Deli - Púshkar

Después de diecisiete horas por los aeropuertos aterrizamos en Nueva Delhi a las 00:30 horas. Tras un vuelo maravilloso, cargado de momentos

inolvidables, ahora empezaba el verdadero viaje. Recogimos el equipaje y salimos al exterior. Allí estaba Aritz, "The Boss". Él, había volado unos días antes para preparar todo. Nos esperaba con algo de fruta, agua y unas pastas. Nos explicó los planes inmediatos y tras un ratito de charla y estirar un poco las piernas nos dispusimos a iniciar la aventura por tierras indias.

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El autobús de "Manuel" que nos movió por Rajasthán.

  Nos presentó al conductor y a su ayudante. Ahora, teníamos por delante unas cuantas horas de carretera hasta nuestro primer destino, la localidad de Púshkar, en el corazón del estado de Rajasthán.​

- Bueno... ¿ Todos preparados ? Pues... ¡¡ ale !!, al autobús de "Manuel" ¡¡ Arriba que nos vamos !! -nos dijo Aritz señalando el autocar.
- ¿ Aritz, cuanto tenemos hasta Púshkar ? -le pregunte.
- Son 400 kms... unas 6 ó 7 horas.
  El conductor, un tipo serio y desconfiado, ya tenía mote... "Manuel". Esta pareja y su autobús nos acompañarían casi todo el viaje y nos llevaría por todo el Rajasthán. Visto desde fuera tenía un aspecto bastante bueno, la verdad es que teníamos aire acondicionado y todo. Lo único... la suspensión un poquito "dura".
  Nos acomodamos y arrancamos. Teníamos que intentar dormir un poco.

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* Este era el plan de viaje:
Sábado 14 de septiembre

Domingo 15 de septiembre
Lunes 16 de septiembre
Martes 17 de septiembre
Miércoles 18 de septiembre
Jueves 19 de septiembre 
Viernes 20 de septiembre 
Sábado 21 de septiembre

Domingo 22 de septiembre  
Lunes 23 de septiembre 

Martes 24 de septiembre
Miércoles 25 de septiembre

Jueves 26 de septiembre
Viernes 27 de septiembre

Sábado 28 de septiembre


- Vuelo de ida Bilbao-Frankfurt-Nueva Delhi.
- Traslado en bus a Púshkar.
- Púshkar.
- Púshkar.

- Traslado en bus a Jodhpur.
- Johpur.
- Jodhpur.
- Traslado en bus a Jisalmer.

- Jaisalmer.
- Viaje en jeep al desierto de Thar
.
- Traslado en tren a Nueva Delhi.
- Nueva Delhi.
- Viaje en bus a Agra.
- Nueva Delhi.
- Vuelo de regreso Nueva Delhi-Munich-Bilbao.

Recorrido del viaje sobre el mapa de Rajasthán.

  Tocaríamos tres estados de India: Delhi; que en sí es una provincia para envolver a la capital, Rajasthán; por donde discurriría la mayor parte del viaje y Uttar Pradesh; para visitar la ciudad de Agra, donde se ubican el Taj Mahal y el Fuerte Rojo.

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Salir del aeropuerto y ponerse en carretera fue como descubrir un nuevo mundo. Sabido es que en India conducen como los ingleses, por la izquierda, pero... ¡¡ Joder qué miedo !!
  Carreteras de dos carriles por cada sentido pero, en ellas, circulan hasta tres y cuatro coches en paralelo. Eso cuando no te sale un coche o un camión de frente en dirección contraria. Además, se incorporaban camellos, elefantes o algún búfalo... Vamos, aquello era... ¡¡ Alucinante !!
  El aviso de adelantamiento es un bocinazo y adivina si viene por la derecha o por la izquierda. Yo, personalmente, pasé más miedo en la carretera que en el avión.

En el autobús de "Manuel", camino de Púshkar.
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El "chiringuito" donde tomamos nuestro primer chai en India y dos de los paisanos que nos acompañaron.

 Así, tras un par de paradas para tomar un chai y el primer contacto con los nativos en un "chiringuito" de carretera, vimos amanecer el nuevo día. Era domingo o... ¿ Era lunes ? ¡¡ Que descontrol !!
  Levantó el sol con una fina bruma en el horizonte. El día era bochornoso, íbamos a pasar calor. Un nuevo tramo de carretera...

Me desperté tras una pequeña cabezada y me di cuenta de que era verdad, estábamos en India. Por un momento creí que todo lo había soñado.
​  El viaje se estaba haciendo pesado. Eso de seis horas se quedó a mitad de camino y tras DOCE eternas horas de autobús, "molidos" físicamente, por fin llegamos a Púshkar... ¡¡ Por Dios, qué paliza !!

"Manuel" quería dejarnos a las afueras del pueblo pero, Aritz, sabiendo lo que hacía, le insistió y casi le obligó a que nos dejase junto al hotel. 

  El Púshkar Fort Hotel, situado a las afueras de la ciudad, era precioso, con piscina descubierta y todo. Parecía muy tranquilo y confortable. Repartimos las habitaciones y nos fuimos a descansar. Nos pusimos el plazo de una hora. 
  Tras una ducha y una cervecita, cámaras al cuello, nos lanzamos a la calle. No había tiempo que perder, tantas cosas por ver, tantas ganas de contactar con la gente... Físicamente nos encontrábamos destrozados, pero psicológicamente enteros.

  Un paseo de quince minutos hasta la ciudad, bajo un sol de justicia y por fin... ¡¡ Púshkar !!
​  Allí estábamos, en un cruce de dos calles, completamente fuera de lugar como envueltos en un nube de felicidad... ¡¡ Maravilloso !! 

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El Pushkar Fort Hotel, un lugar maravilloso.
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Cuenta la leyenda:
​  ... Que los dioses dejaron libre un cisne con una flor de loto en el pico. Allí donde el cisne dejara caer dicha flor, el dios Brahma haría un gran yagna. El sitio donde la flor cayó se denominó Púshkar, que traducido es "flor de loto azul". Desde entonces la ciudad es un centro de peregrinación hinduista, donde los fieles se purifican en su lago sagrado.

Nota: yagna es una ofrenda a los dioses que se acompaña con versos sagrados.

  Púshkar es una de las ciudades más antiguas de India. Asentada a orillas del Lago de Púshkar se desconoce la fecha de su fundación, pero la leyenda asocia a Brahma con su creación. La localidad se sitúa 14 kms al noroeste de Ajmer y es uno de los cinco dhams o lugares sagrados de peregrinaje para los hinduistas devotos. A Púshkar también se le conoce como Tirtha Rash que significa "el rey de los lugares de peregrinación".
  El entorno natural de Púshkar y del Lago Sagrado se ha venido deteriorando en las últimas décadas debido principalmente al crecimiento descontrolado de lugares para acoger a los turistas y debido a la deforestación. Según el censo indio, Púshkar contaba con una población de 21.626 habitantes en 2011.

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El primer paseo por la ciudad de Púshkar.

  Lo primero era cambiar dinero. Allí, en Púshkar, el tema de las tarjetas de crédito no está muy extendido. En una casa de cambio del centro de la ciudad nos ofrecieron 82 rupias por euro. Contando que el cambio oficial rondaba las 83 rupias, nos pareció bastante bueno. Así que ese buen hombre hizo el día con nuestro grupo. Ahora, con dinero "fresquito" en el bolsillo era cuestión de empezar a disfrutar.

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Las monedas y billetes de curso legal en India.

 Nos fuimos adentrando en el cogollo de la ciudad...

Gente, más gente, motos, bicis, vacas, más motos, más vacas... Todos compartiendo unas calles no muy anchas. Los nuevos olores que mi olfato percibía me transportaban a un estado casi catatónico. Me parecía que caminaba flotando, estaba allí pero como si me hubiese desdoblado. Estaba dentro de un hermoso sueño...


  Todo era nuevo, todo era precioso. A nivel fotográfico era el paraíso. Los rostros de la gente, las ropas, las vacas como parte indiscutible del paisaje, frutas, flores...
​ Una locura de ajetreo y... ¡¡ De pronto !! ... 

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  ¿ Qué pasa ?... Un bullicio ensordecedor y una invasión de personas cantando y bailando tras un carrito... "Sunder Brass Band" rezaba su anuncio publicitario. Un pequeño carro con unos altavoces enormes que, a tope de volumen, lanzaban al aire una música parecida a una letanía estridente. Detrás de ellos una banda de música con tambores, bombo, trombón, trompetas, platillos, etc., acabando de destrozar nuestras embotadas cabezas. Una celebración religiosa en honor a una de sus diosas, que no llegamos a enterarnos quien era.
​¡¡ Qué felicidad de gente !! Todo el mundo bailando y sonriendo.

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La "Sunder Brass  Band" con ropa tipo militar iba acompañada de mucha gente.

  Tras el "sunami" de color y sonido que acababa de pasar, la ciudad recuperó poco a poco la calma. Después de este primer paseo nos habíamos situado enseguida ubicando los puntos estratégicos. Cada rincón, cada calle, cada recoveco de la ciudad, guardaba una nueva fotografía. Los sentidos estaban a flor de piel y poco a poco me fui contagiando de la paz que reinaba en el ambiente.

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Unas mujeres ataviadas con sus saris contemplando el Lago Sagrado.
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Templos, altares con imágenes de Dioses, ofrendas... En un lugar con tanta carga religiosa no podía ser de otra manera. Todo en la zona del lago rezumaba espiritualidad.

Shiva en el centro y Ammavaru sobre su león, a la derecha.
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Una maravillosa gente que no ponía ninguna pega para posar con una sonrisa.

  Al atardecer, nos reunimos todos en el Lago Sagrado para ver la puesta del sol. Un momento... ¡¡ Mágico !! Acordes de instrumentos autóctonos sonando en cada uno de los gaths donde las distintas castas se sitúan. Completamente absorto con el ambiente creado, la sensación de paz invadía cada uno de los poros de mi piel. Con una emoción indescriptible volvimos sobre nuestros pasos, era hora de cenar algo.
  Lo de la cena fue otro "momentazo"...

- Yo pensaba que era parte de las cosas que nos iban a enseñar, como atracción... cuando vi que nos sentábamos... -comentó Rosa al día siguiente.
  Era imprescindible pedir la comida sin picante, aun así siempre tiene su "puntito". Al principio un poco de recelo, porque el sitio no era lo que dijésemos un ejemplo de pulcritud pero, una vez sentados, intentamos respetar su gastronomía, los sentidos y sobre todo el paladar empezaron a apreciar los sabores y... ¡¡ Guuuuaaauuu !! estaba muy bueno.

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Distintas vistas del Lago Sagrado de Púshkar.

  Posteriormente, cambiando impresiones volvimos al hotel, habían sido dos jornadas duras y mañana sería otro día...  Yo había sufrido una metamorfosis brutal, volví a sentirme vivo, sensación que no experimentaba desde hacía mucho, mucho tiempo.
  Al llegar al hotel me puse a descargar las fotos, no quería que se acumulase mucho trabajo, porque luego, a lo largo del viaje, podría haber sitios en los que necesitase las tarjetas de memoria libres. Después de un rato, me fui a la cama... Aquello fue como entrar en el paraíso...

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Púshkar

Amaneció un día maravilloso. Era otra persona, llena de ilusión, llena de vida y con la autoestima por las nubes. Tras el merecido descanso me di una ducha y luego fuimos en busca del desayuno. Nos tenían preparado un "banquete"...

¡¡ Que bien !! Con el hambre que tenía. Una gran mesa con una copiosa cantidad de comida occidental e hindú... ¡¡ De lujo !! Todo aquello me supo a gloria. El ambiente era estupendo. Después de un rato, salimos a disfrutar del segundo día en Púshkar. Otro día soleado y bochornoso. El plan era ver la zona de los gaths, dando la vuelta al lago y visitar el Gurudwara Sahib Temple, un templo de religión sij y el Historycal Park, una zona verde rodeada de altas murallas. Luego iríamos a visitar a Sukha, un amigo de Aritz.

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Un hombre descansa en la zona de los gaths del Lago Sagrado.
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Alrededor de los ghats encontramos decenas de figuras a las que veneraban.
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  Iniciamos el paseo por la calle del mercado para, posteriormente, recorrer los ghats del lago, contemplando escenas de la vida cotidiana. Después entramos, por curiosidad, en el templo sij. Vimos, con mucho respeto, una ceremonia que estaban celebrando. Ellos, los sij, nos recibieron muy amablemente, dejándonos contemplar sus actividades. Eso sí, no dejaban hacer fotos dentro del templo.
  Me resultaba curioso lo de las vacas. No es que no estuviese acostumbrado a verlas -desde muy niño he tenido contacto con el mundo rural- a lo que no estaba acostumbrado era a verlas campando a sus anchas por las calles, deteniendo el tráfico o tumbadas en cualquier esquina.

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Las vacas, como sabéis, animales muy respetados en India, se plantan donde y como quieren... Son parte del paisaje y de la vida cotidiana.
Entrando en el templo Gurudwara Sahib de religión sij.
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 Al salir del templo, Aritz propuso ir a visitar a su amigo Sukha. Este, regenta un negocio con camas y restaurante. Está ubicado al sureste del Lago Sagrado. En un principio nos íbamos a alojar allí, pero para las fechas de nuestro viaje estaba casi completo y se buscó otra alternativa. 

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A la izquierda Sukha jugando una partida de ajedrez; en medio el grupo comiendo y, sobre estas líneas, la tarjeta de visita del Sukha´s Place.

  Este lugar, con casitas de adobe, está rodeado de una extensa zona verde, propiedad del amigo Sukha y en ella cultiva frutas y verduras y, además, fabrican miel artesanal. Luego, todo eso lo utiliza para preparar las comidas que sirve en su casa. Sukha es un hombre muy agradable. Habla inglés, así que si algún día pensáis en pasar por Púshkar os podéis alojar allí con toda confianza. Pasamos un rato de lo más distendido y ameno, jugando al ajedrez y tomándonos unos suavecitos batidos de cannabis... Como estábamos tan a gusto, decidimos quedarnos a comer allí. 

  Sin darnos cuenta, charlando, jugando al ajedrez y viendo sus huertos y demás, nos dieron las 17:30 horas. Tras dejar la casa de Sukha, pasamos por delante de una zona donde un gran número de babas se reunían cada día a cambiar opiniones y rezar. Sus rostros eran todo un poema y su indumentaria toda una tentación fotográfica, así que, me puse a disparar como un poseso.

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Esta zona de la ciudad, llena de santones y sijs fue un verdadero regalo fotográfico.

  Luego seguimos callejeando, buscando rincones para fotografiar y gente con la que, sin a penas esfuerzo, empatizabas a la primera de cambio. Habíamos optado por dispersarnos a lo largo y ancho de la ciudad y reunirnos al atardecer en el lago.

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Distintas imágenes de la vida en la ciudad. A la derecha el amigo Kikasso, un simpático artista que se enrolló con nosotros.
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  Al final, como el lago está situado en el medio de la ciudad, siempre acabábamos allí, entrando por un lado o por otro, pero siempre empujados por esa fuerza de atracción que ejerce un lugar tan especial. De todas formas, cada callejón de acceso, cada esquina de sus distintos ghats, o cada rincón de su periferia era un mundo y una sorpresa para la vista. En cada lugar había una buena fotografía...

  Los saris, los turbantes, todo tan exótico y tan colorido. Todo tan excitante y tan atractivo. Era un verdadero regalo para la creatividad, sacando de mi fuero más interno la capacidad de observar atentamente para recoger en mi cámara hasta el más mínimo detalle.

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Cada rincón era un auténtico vivero de street-phohograpy.
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La zona del lago nos dejó, nuevamente, bonitas imágenes.
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  Tras ver la puesta de sol en el lago, nos dirigimos hacia el hotel. De camino paramos a cenar. Nos metimos en un restaurante nepalí. Mientras esperábamos la cena, se desató un tremenda tormenta. Se fue la luz y tuvimos que esperar un rato hasta que volviese para poder comer algo. En unos minutos cayó una tromba de agua que dejó las calles como  pequeños riachuelos. Pero enseguida paró y pronto se secó todo de nuevo.
​  Después, al salir del local donde cenamos, nos encontramos con una fiesta... En una plazuela, a la que se accedía desde un estrecho callejón, tenían organizado un buen "sarao". Estaban celebrando el compromiso de una pareja que se había prometido matrimonio. Había un ambiente fenomenal, con la música a tope, bebidas y dulces. Nos asomamos e inmediatamente nos invitaron a pasar. Sin ninguna vergüenza nos metimos allí y disfrutamos de lo lindo. Me dejé llevar por el ambiente e intenté hacer fotos aprovechando el frenético ritmo de los bailes: un experimento.

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  Con la foto de abajo a la derecha, pasé dos cortes en un concurso internacional. Ha sido el mayor de mis logros fotográficos... Bueno, para ser sincero, el mayor logro es disfrutar de la fotografía y convivir con la gente que he conocido.

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Una de mis "pedradas" en la fiesta que nos encontramos de camino al hotel.

  Tras el ajetreo de la fiesta, esta vez sí, pusimos rumbo al hotel. La jornada había sido muy intensa, no habíamos parado más que el rato que estuvimos en casa de Sukha, así que era hora de ir a dormir un poco. Mañana sería otro día...

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Púshkar

Arrancó otro maravilloso día en Púskhar. Me desperté temprano y salí a darme un baño en la piscina descubierta que había en el jardín del hotel. Allí me encontré con Aritz, Eneko, Rosana y alguno más... Estuvimos cambiando opiniones y

echando unas risas. Se intuía otro día igual que los anteriores... Mejor así, aunque se notaba algo de bochorno, de cara a las fotografías era de agradecer que no lloviese.
​  Luego, volví a la habitación y, tras una ducha, salimos a desayunar. Nuevamente un copioso desayuno nos cargó las pilas para poder trotar toda la mañana. Después, salimos por nuestra cuenta a recorrer nuevamente la ciudad. El plan era disfrutar de la mañana y reunirnos a medio día para comer.

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Los puestos de frutas y verduras eran todo un espectáculo.
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Este pobre crío se ve que estaba costumbrado a soportar el martilleo de su madre. Compaginar familia y trabajo... Todo por unas rupias.
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Parece una mujer joven... ¿Qué escondería tras ese velo ?

  Rosa y yo nos perdimos por los suburbios de la parte noroeste de la ciudad, buscando rincones apartados de la zona más turística. Allí, sentada sobre una esterilla en la parte delantera de una chabola, una mujer trabajaba, a golpe de martillo y buril, adornando unos cuencos de metal. Lo que más me impactó fue ver como cuidaba de su hijo, acurrucado en el espacio que, a modo de cuna, formaban sus piernas, mientras con los dedos de los pies sujetaba el cuenco que golpe a golpe modelaba. ¡ Pobre criatura ! Acabará todos los días medio sordo de tanto ruido.

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Monos, vacas y cerdos campando a sus anchas por las calles.

  Nos metimos por una calle en la que los grandes monos eran los dueños y señores. Por toda la ciudad, saltando de tejado en tejado, te puedes encontrar con monos de pelo castaño que,  gritando como locos, pasan sobre tu cabeza con una habilidad sorprendente... Pero, aquella calle albergaba a unos ejemplares que, puesto a dos patas, alcanzaban la estatura de una persona adulta. La verdad sea dicha, impresionaban.

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La facilidad para poder hacer retratos, acompañados de los coloridos saris me dieron mucho juego todos estos días.

 Poco a poco fuimos caminando hacia el centro de la ciudad. A algunas jóvenes les llamó la atención la piel blanca y el cabello rojizo de Rosa y no pudieron por menos que posar en una foto con ella. La gente es abierta y con desparpajo, pero están acostumbrados a tratar con los turistas. 
  Además son acogedores y buenos anfitriones. Siempre tienen un té dispuesto por si quieres tomarlo...

  Pues así, fotografiando cada rincón, cada situación que se ponía delante de nuestros objetivos, llegamos a la zona de los gaths.

Rosa posando con dos jóvenes nativas.
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  Los callejones de acceso al lago eran un hervidero de vida. Desde hombres y mujeres trabajando, pasando por algunas vacas al refugio del calor, hasta escenas de lo más singular, todo tenía cabida en los intrigantes callejones. No pudimos por menos que asomarnos a alguno de ellos y la verdad es que valió la pena.

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El Lago Sagrado desde el restaurante donde comimos.
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Pollo tikka-masala con arroz.
Los callejones de acceso al lago estaban repletos de vida.

  Nos juntamos en el Lago Sagrado, en la zona llamada Sunset Point. Desde allí nos dirigimos a un restaurante ubicado en una terraza de las casas que miraban hacia el lago... ¡¡ Una vista increíble !! No recuerdo el nombre del restaurante. Comimos muy bien con pakoras, pollo tikka-masala y alguna que otra cosa más. Después, como estábamos apostados en lugar estratégico y teníamos visón directa del lago, me dediqué -con el teleobjetivo puesto- a coger algunos momentos del baño de purificación de algunas familias. 

  En la terraza tenían colocados unos enormes cojines y unos enormes sofás que se fueron llenando de cuerpos cansados que aprovechaban para fumar un cigarro relajadamente en plan de sobremesa. Yo, como no fumo, ni bebo alcohol, me dedique a observar las costumbres del baño de purificación; se meten al agua hasta las rodillas, se mojan las manos, la cara tres veces seguidas y después se zambullen de cuerpo entero entrando y saliendo otras tres veces... Bueno, eso es lo que yo vi. Tras el ratito de descanso, pagamos la cuenta y salimos a callejear de nuevo. Era la última tarde en la ciudad...

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Familias enteras vienen desde puntos lejanos para realizar la purificación en el Lago Sagrado de Púshkar.

  El grupo se fue disgregando. Rosa y yo, intentamos recorrer las partes traseras de las calles que anteriormente habíamos visitado por delante.

  Allí encontramos imágenes como las de los dos jóvenes de abajo que trabajaban limpiando los pucheros en un obrador de pastelería. La verdad es que, en la tienda, los pasteles tenían muy buen aspecto. No me quedé con las ganas -soy muy goloso- y compré uno que era como una pasta de almendra... Estaba bueno.

  Seguimos caminando; de vez en cuando nos cruzábamos con gente del grupo... 

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Unos jóvenes trabajando en la limpieza de los pucheros de un obrador de pastelería.
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  En una calle del centro no encontramos con otra algarabía parecida a la del primer día. En esta ocasión no había banda de música pero, el grupo de personas que formaban aquella manifestación, hacía también un ruido ensordecedor. Venían calle abajo con los brazos en alto y contoneando el tronco del cuerpo en una especie de danza. Niños, jóvenes y adultos... Pero sólo hombres. En aquella especie de procesión no había ninguna mujer. 

  Tras dispersarse aquel bullicioso cortejo, la tranquilidad volvió a las calles. Dejamos el centro de la ciudad saliendo de la concurrida calle Main Market Road. 

Una nueva celebración de... sabe Shiva qué...
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Este chaval guardaba el acceso a un templo hinduista.

  Encontramos el Rangji Temple con sus cúpulas coronadas por una especie de tirabuzones. Enfrente, otro pequeño templo hinduista era custodiado por un chaval. Su gesto era serio, sus ojos guardaban una profunda mirada, su piel aceitunada y su cabello negro como el azabache. Tenía las manos tatuadas con genha. Le miré, le pedí una fotografía y con ese leve movimiento de cabeza me dio el visto bueno. No cambió su rictus pero, al final, esbozó una leve mueca que simulaba una sonrisa. 

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Un baba descansando de su "ajetreada" vida.

  Ahí al lado, sentado en un pollo de la calle, me encontré al baba que había visto el día anterior. Al principio era reacio a las fotografías pero después de un namasté y un par de piropos a su barba blanca, me dejó que le sacase un par de retratos.

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​La cara y la cruz de las calles de la ciudad; bellos edificios contra caóticas construcciones e instalaciones.
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Monjes y templos cerca de los ghats en la zona del lago.

  Llegamos a una zona en la que algunas casas palaciegas se mezclaban en las calles con construcciones amontonadas y rodeadas de transformadores de luz. La acumulación de cables al aire libre, con conexiones sin protección y empalmes precarios daban un poco de respeto, por no decir miedo. 
  Pero, observando esas situaciones, me di cuenta de que lo atractivo de aquel paisaje urbano era exactamente eso; el caos. El desorden, la anarquía, la precariedad, todo aquello allí presente, componía una atractiva imagen. 

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​Un nuevo atardecer iba llegando al lago... Era el último de nuestra estancia.

  El sol iba cayendo hacia poniente y el lago se tornaba de ese color dorado que lo hacía más mágico, si cabe... La tarde avanzaba, la estancia en Púshkar iba llegando a su final. Esa última noche quería despedirme del Lago Sagrado. Quería llevarme conmigo la imagen de esa maravillosa puesta de sol. Creo que lo conseguí porque, si cierro los ojos, todavía hoy puedo transportarme a esas escaleras, recordar el olor, el color e incluso escuchar la música que sonaba cada tarde. 

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Nuevamente, la noche llenó de magia los alrededores del Lago Sagrado.

  Estuvimos allí un buen rato, sentados, en silencio, simplemente absorbiendo la paz y la espiritualidad que emanaba de aquellas mágicas aguas. Luego, tras reunirnos con el resto del grupo, pusimos rumbo a la ciudad y fuimos a cenar algo al centro. Después, con unas sensaciones contrapuestas, fuimos al hotel a recoger todo. Por la mañana nos reuniríamos con "Manuel" para seguir viaje hacia Jodhpur. Por un lado me atraía la excitante sensación de continuar, pero, por otro lado, dejar Púshkar me daba pena, mucha pena.

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Púshkar - Jodhpur

Nos levantamos temprano para dejar todo bien recogido. Antes de desayunar hice unas fotos del hotel, la puerta principal, los jardines... Luego, después de una ducha y con todo ya preparado, fuimos a desayunar. "Manuel" pasaría a

las 09:00  a recogernos...  Llegó el autobús y dejamos el Púshkar Fort Hotel. Me daba pena, tengo unos muy gratos recuerdos de este sitio que, así pasen mil años, nunca olvidaré. Suelo decir que he nacido dos veces, una en San Sebastián y otra en Púshkar. 

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La puerta principal del Púshkar Fort Hotel y el amanecer en el jardín.
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El momento de la despedida

  Montamos y arrancamos en dirección a la casa de Sukha. "Manuel" se puso muy pesado porque nos quería llevar a comer al local de un familiar suyo. Aritz le dijo que no, que íbamos a casa de Sukha. Queríamos despedirnos de él. Cuando llegamos, nos tenían preparada una ceremonia de bendición que impartió su hermano -una especie de hombre santo- y en la que participamos, uno por uno, todos los del grupo. Nos marcó el punto rojo en la frente como un ojo que nos guiase en el camino. Luego, aplicó unos granos de arroz sobre esa marca que quedaron adheridos para que no nos faltase el alimento. Finalmente, nos colgó un collar de flores anaranjadas en señal de amistad. Después, con mucha nostalgia y emocionados, pusimos dirección a Jodhpur...

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Momento de decir... ¡¡ Hasta la vista !!

  Tras montar un pequeño show con la gente que esperaba el autobús, al montar en el nuestro el ambiente se enfrió. Definitivamente dejábamos atrás la ciudad del Lago Sagrado. La ciudad invita a afinar los sentidos y su ritmo y su gente crean una atmósfera de armonía y paz interior que, a mí particularmente, me cautivó. Quizás por ser el primer contacto con esta cultura o por el renacer a la vida que allí experimenté pero, sinceramente, le guardo un cariño especial. 

  Bueno, pues "Manuel" se empeño en llevarnos a tomar algo al negocio de su familiar y eso creó un mal rollo, porque Aritz se enfadó y discutió con él. De todas formas, poco le importó ya que acabamos allí sentados. Consumimos unos tés y unos zumos y nos fuimos. Nos separaban de Jodhpur 190 kms, es decir, unas 4 horas y media pero, visto lo del primer día para llegar desde Nueva Delhi a Púshkar, ya no hacíamos muchos cálculos... Llegaríamos cuando fuese.

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  Pasamos por muchos pueblos y aldeas en otro pesado viaje. Al final fueron alrededor de seis horas. Llegamos a Jodhpur a eso de la 18:00. Allí tuvimos otro nuevo encontronazo con "Manuel". 

  El chofer se empeñó en que no iba a entrar al centro de la ciudad con el autobús y nos dejó a unos 4 Kms del hotel. Empezó a resultar un poco "jetas" porque, en lugar de poder pedirle a él ciertos servicios, era él quien nos ponía las condiciones. Paró el autobús en una rotonda y tuvimos que bajar. Enseguida, Aritz contactó con unos tuk-tuks y con una pequeña camioneta y, tras preparar la "caravana", nos encaminamos para el hotel. 

Bocinas, colorido y alboroto nos recibieron en Jodhpur.

  De camino nos encontramos con una nueva fiesta popular. Decenas de coches y camionetas engalanadas de telas de colores, cargadas de jóvenes, recorrían las calles de la ciudad con la música a tope. Parecía una especie de fiesta del Holi, pero esa no podía ser porque se celebra en primavera. Según nos adentrábamos en el centro de la ciudad veíamos a más y más gente toda manchada de polvos de colores. Nos enteramos que era el Janmastami, aniversario de Krishna muy celebrado en toda India.

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Primeras fotos por Jodhpur.
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Aritz saludando a la gente desde la camioneta del equipaje.

  Sobre las 19:00 horas hicimos acto de presencia en el hotel. El Haveli Inn Pal Hotel era una construcción colosal. Una casa-fortaleza que, en otra época, había sido residencia de uno de los maharajás de la ciudad y ahora reconvertida en un magnífico hotel. Pasaportes, registro y a las habitaciones... Era un lujo de edificio, señorial, con muchos detalles de clase y elegancia.

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La tarjeta del Havel Inn Pal, el hotel de Jodhpur.

  Nos asignaron una maravillosa y amplia habitación, con unas bellas vidrieras, situada en un ala de la planta baja. Arriba había una hermosa terraza a la que se podía acceder libremente... buen sitio para ver el amanecer y hacer unas fotos. 
  Dejamos las cosas y no dimos una rápida ducha antes de salir a dar la primera vuelta por la ciudad. El hotel estaba ubicado a cinco minutos a pie de la Clock Tower, centro neurálgico de la ciudad, junto a la zona de los mercados y el comercio en general. A esa zona se accedía por un enorme arco y, justo al cruzarlo, a mano derecha, estaba el puesto donde podíamos probar el tan internacionalmente famoso y  lassi  ( batido ) de Jodhpur. 

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Algunos de los detalles que nos ofrecía en hotel, antigua residencia del maharajá de Jodhpur.

  Salimos a la calle cuando la noche se apoderaba ya de las concurridas calles de la urbe rajasthaní. Todavía se escuchaban y se veían algunos grupos de gente que seguían con la fiesta... Nosotros fuimos directamente a la zona de la Clock Tower a probar el lassi. Os puedo asegurar que aquellos era una delicia y puedo decir que, con mucho, es el mejor batido que he probado jamás. Todos, absolutamente todos, estaban deliciosos pero, el de cardamomo era una auténtica delicia...

  Tras cenar algo de fruta que compramos en el mercado, después de haber tomado dos hermosos batidos, nos retiramos al hotel. La jornada, con traslado incluido, había sido bastante cansada y era el momento de lavar algo de ropa y descansar. ​

La Torre del Reloj, centro neurálgico de la ciudad.
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Jodhpur

  Me levante temprano, cuando la mayoría de la gente aún dormía. Subí a la terraza. Se intuía un día maravilloso, la luz era limpia. Allí estaba, frente a mí... la fortaleza de Mehrangarh. Desde la terraza tenía una vista impresionante.

Como resurgiendo de entre un mar de casitas azules, en lo alto de la colina se dibujaba majestuosa la colosal figura del inexpugnable fuerte. La ciudad despertaba lentamente mientras el sol iba poniendo fin al momento de la hora azul. Tras hacer unas fotos bajé a la habitación... Había que ponerse en marcha. 

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  Jodhpur es la segunda ciudad más grande del estado de Rajasthán. Cuenta con numerosos palacios, fuertes y templos. Se la conoce como la "Ciudad Azul" por el color con que se pintan las casas bajo el fuerte de Mehrangarh, principal atractivo de la ciudad. En un principio eran casas de brahmanes, aunque muy pronto el color fue adoptado por las otras castas porque se decía que ahuyentaba al calor y a los mosquitos. Actualmente las nuevas construcciones se siguen pintando de color azul por motivos turísticos.  Jodhpur fue fundada por 1459 por Rao Jodha, un jefe Rajput del clan Rathore.

Amanecer desde la terraza del hotel Havel Inn Pal.

  Rao Jhoda conquistó el territorio vecino fundando así un estado conocido como Marwar. La ciudad estaba localizada en la estratégica carretera que unía Delhi con Guyarat, lo que le permitió beneficiarse del floreciente tráfico de opio, cobre, seda, dátiles y café. Jodhpur fue después un feudo del Imperio Mogol, manteniendo sin embargo cierta autonomía. Aurangzeb la conquistó brevemente en torno a 1679, aunque a su muerte volvió a sus anteriores gobernantes. Cuando el Imperio Mogol entró en su declive a partir de 1707, una serie de luchas internas en Marwar desembocó en la intervención de los marathas, que pasaron a ocupar el lugar de los mogoles en la región. Tras 50 años de guerras, el estado formó una alianza con el imperio británico en 1818.
​  En el censo de 2011 su población superaba el millón de habitantes.

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Distintas vistas de la fortaleza de Mehrangarh desde la terraza del hotel.

  Nos pusimos en marcha temprano. Tras cruzar el arco entramos en la zona del mercado. Para desayunar un lassi y unos bollos que estaban bastante buenos. Después, shanti-shanti, observando todo e intentando no perder detalle, fuimos avanzando por las callejuelas del zoco. La gente estaba todavía como adormecida. Miradas serias al indiscreto objetivo de la cámara, pero sin poner ningún reparo en dejarse retratar.
  El ambiente se llenó de penetrantes olores a especias. Era un placer caminar sin prisas por allí, mientras los puestos que, en esta zona y en la mayoría de los casos estaban colocados en los mismos bajos de las casas, se iban llenando de los productos a vender, desde frutas, verduras, flores, especias y legumbres, hasta cuero, joyas, telas de todos los colores y la maravillosa artesanía de Rajasthán con piezas cargadas de significado. Era como si, en algún momento de la vida, un arco iris se hubiese estrellado en aquella zona y hubiese envuelto todo en una gama infinita de colores. 

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De paseo por el mercado empezamos a hacer retratos.

  Llegamos a un punto en el que nos encontramos con una lonja propiamente dicha. Era curioso porque, cada noche, los puestos se quedaban montados y repletos de género, simplemente cubiertos por una enorme lona. Preguntamos si no tenían miedo a que les quitasen la mercancía y la respuesta fue que allí nadie roba.  

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El olor y el color de las especias me volvía loco.

  Seguimos avanzando por el mercado. A esas alturas de la mañana el sensor de la cámara ya echaba humo. Entonces llegó uno de los momentos más emotivos y que recuerdo con más cariño...

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Jazmyn con su rotulador y el cuaderno de la ikastola.

  Nos encontramos con un grupo de niñas que pululaban por las calles recogiendo botellas de plástico para luego venderlas y sacar algo de dinero. Una de ellas se acercó a nosotros para pedirnos unas rupias. La niña tenía algo especial en la mirada. Le compramos unos bollos para comer y se pegó al grupo como una lapa. Una compañera, profesora de primaria, le regaló un rotulador. Vimos que la niña intentaba pintarse las uñas con él, claro, no tenía dónde escribir. Mi compañera sacó una libreta de su mochila y también se la dio. Vimos como escribía la letra "J", la pobre sólo sabía poner su inicial. Le preguntamos cómo se llamaba y nos contestó que Jazmyn. Mi compañera se lo escribió en una hoja y la niña, en agradecimiento, le dibujó una flor.
  Yo, mientras tanto observaba y fotografiaba el momento y por qué no decirlo... me emocioné. 
  Al cabo de un rato, vimos a la niña con el cuaderno en el regazo y la mirada perdida, completamente absorta en sus pensamientos. A saber que pasaba por su cabezita... Soñaría con ser maestra en una escuela o medica que curaba a l@s niñ@s... No lo sé; sólo te deseo que tengas mucha suerte, Jazmyn.

Jazmyn absorta en sus sueños.
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  Continuamos por las calles del mercado... Algunas compañeras entraron en una tienda donde vendían telas de todo tipo, alfombras, colchas, etc. 
  Yo, me asomé un momento a la tienda pero, al ver que aquello iba para largo, volví raudo a la calle. Me aposté en una esquina, calcé el teleobjetivo y me puse a hacer retratos a la gente. Miradas cómplices, sonrisas, saludos, algún que otro mal gesto... todos pasaron a formar parte de mi colección de fotografías. Pasé un rato agradable, abstraído completamente del mundo, "perdido" en aquella calle de aquella bulliciosa ciudad. 

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De "caza" por las calles de la ciudad.

Tras juntarnos nuevamente fuimos a comer y a organizar la tarde. Había dos posibilidades: estaba la opción de quedar con un guía turístico, que Aritz tenía localizado, para subir a ver la Fortaleza de Mehrangarh o perderse nuevamente por la ciudad para ver algún otro punto de interés que cada uno decidiese. 
  Primero comimos en un local de la zona del mercado. La comida fue con lo típico de allí: dal, palak paneer, pakoras, alguna samosa, pollo tikka-masala...
  En la sobremesa, se hicieron dos grupos; yo decidí subir a la fortaleza. Subiría con otr@s seis o siete compañer@s. Aritz hizo las gestiones y quedamos a una hora en el hotel. Así que, después de estar todo organizado, nos fuimos hacia allí para espera al guía.

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El colorido por las calles era impresionante.

  Nos reunimos hacia las tres de la tarde. Apenas nos separaba un kilómetro de distancia desde el hotel a la entrada de la fortaleza. Caminando eran poco más de 15 minutos. Los últimos 300 metros picaban hacia arriba y el final tenía una buena pendiente. El guía era un tipo bastante majo que se pegó a Jany, una preciosa chavala rubia de ojos azules, que iba haciendo estragos por todas partes. Hablaba un inglés muy fluido y nos fue explicando toda la historia de la fortaleza y, por ente, de la ciudad que creció siempre al resguardo de la misma. 

Entrada a la fortaleza de Mehrangarh en Jodhpur.
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  La fortaleza de Mehrangarh es una majestuosa construcción considerada entre las más impresionantes y mejor conservadas de toda India, se ubica en la cima de una colina a 125 metros de altura. La construcción de la fortaleza de Mehrangarh comenzó en 1459 durante el reinado de Rao Jodha, fundador de la ciudad que lleva su nombre ya que, Jodhpur significa "la ciudad de Jodha". No obstante, gran parte de la edificación que actualmente podemos contemplar corresponde a mediados del s. XVII.
  El nombre de la fortaleza proviene del sanscrito -idioma de antigua India-  y podría descomponerse en Mihir -Dios Sol- y Garh que significa fuerte, es decir, que podría traducirse como la "Fortaleza del Dios Sol".
  Una de las características más distintivas de esta edificación es su ubicación. Está situada en la parte alta de una gran roca que domina la ciudad azul y que permite disfrutar de una de las más fabulosas vistas de toda la urbe. Subir hasta el peñón donde se ubica, conocido como Bhaurcheeria o "montaña de las aves", supone realizar una caminata realmente agradable. Al principio entre calles de casas bajas de color azul y posteriormente por caminos que van ganando altura de forma continuada. Esta amena caminata, con la que se va dejando atrás el bullicio de la ciudad, transmite un sentimiento de paz y envuelve, en un sepulcral silencio, el alto de esta gran colina.
  La fortaleza era inexpugnable en aquella época. Al oeste defendida por una zona por la que transcurre un riachuelo que forma un pequeño lago; al este y al sur por las paredes de la roca donde se ubica y al norte por unos muros de más de 36 metros de altura. De hecho, he leído, que nunca fue derrotada por ningún ejército.

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Los infranqueables muros de "la montaña de las aves" en la que anidan cientos de ellas y le dan ese merecido nombre.
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La grandiosa e inexpugnable fortaleza de Mehrangarh.

  El escritor nacido en Bombay de origen británico, Rudyard Kipling, describía así a la fortaleza de Mehrangarh:
 
"es un palacio que podría haber sido construido por los titanes y coloreado por el sol de la mañana”.

 Desde luego, no le faltaba razón. Sus infranqueables paredes de casi 40 metros de altura y en algunas zonas hasta 21 metros de espesor, enseñan "cicatrices" de pasadas batallas a las que resistió estoicamente. Hoy, este magnífico fuerte es un testimonio viviente que narra las crónicas y leyendas del rico pasado de Jodhpur. Aunque la fortaleza fue construida originalmente a mediados del s. XV por Rao Jodha -el fundador de Jodhpur- sus descendientes la expandieron con muchos palacios y estructuras a lo largo de 500 años.

  La majestuosidad de su arquitectura hace de esta fortaleza una obra colosal. Aún conserva parte de los cañones originales y guarda en su interior patios con jardines rodeados por balcones decorados con enormes celosías, elegantes salones y detalles ornamentales labrados sobre fachadas de arenisca muy bien conservadas. Además, alberga un museo que exhibe una rica colección de palanquines, instrumentos musicales, cunas reales, trajes, armas, muebles, pinturas, howdahs -sillas para montar a los temibles elefantes indios- y valiosas miniaturas.

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Un grupo de músicos en un recoveco del fuerte.
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Jodhpur desde Mehrangarh. ( Fotografía Rosa Morla )
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Cuenta la leyenda...
 ... que para construir la fortaleza había que sacar de una cueva sita entre las rocas a su ocupante, un ermitaño llamado Cheeria Nathji, "el señor de las aves". Este hombre, molesto por haber sido forzado a dejar su modo de vida, maldijo a Rao Jodha de esta manera: “Jodha !! Que tu ciudadela sufra en alguna ocasión escasez de agua”. 
 Rao Jodha logró calmar la ira del ermitaño diciéndole que le iba a construir una casa y un templo en la fortaleza, muy cerca de su cueva y podría usarlos para la meditación.

( Hoy en día la zona suele tener sequías cada 3 o 4 años ).

  Accedimos al interior de la fortaleza por una de sus siete puertas de entrada, concretamente por la puerta Loha Pol o "puerta de hierro". El guía -del que no apunté y no recuerdo su nombre- nos iba desgranando datos y leyendas de su construcción. 

  Nada más entrar, al cruzar un primer arco, nos encontramos con el relieve de las manos de las 30 esposas del maharajá y, tras escuchar el significado del mismo, me impresionó la historia que este recuerdo conlleva.
​  Se trata de las antiguas ceremonias que debían soportar aquellas mujeres. Es un ritual llamado sati. Esta palabra, que viene del sánscrito, se refiere al rito en el cual una mujer se inmolaba en la pira funeraria de su marido recién fallecido. Si no lo hacían de manera voluntaria, eran arrojadas a la fuerza a las llamas así que, de todas formas, acababan consumidas por el fuego...
  La práctica del sati en India estuvo vigente hasta su abolición en 1829 por lord William Bentinck durante la ocupación británica. No obstante, se han reportado casos de sati efectuados en la clandestinidad en la India moderna.

Las huellas de las manos de las esposas del maharajá inmoladas tras la muerte de este.
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Salones, columnas y patios de la fortaleza.
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El Moti Mahal, uno de los palacios de la fortaleza. ( Sobre estas líneas fotografía de Rosa Morla ).

 En el interior de la fortaleza, músicos de distintas edades hacían sonar sus instrumentos a la espera de hacerse con unas rupias... Posteriormente, entramos en el museo y en  alguno de los lujosos palacios que conservan aún toda su magia y su encanto, trasladándonos en un abrir y cerrar de ojos a otra época de la historia, cuando los poderosos maharajás gobernaban en India.
  Entramos también en el Moti Mahal, uno de los palacios de la fortaleza. En el se intuía la grandiosidad de toda la construcción. Recorrimos la fortaleza de norte a sur y de este a oeste. Cada rincón escondía una historia y os puede asegurar que son muchos, muchos rincones...

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La ciudad azul desde el fuerte.

Así, entre los muros de aquella infranqueable e invicta fortaleza, pasamos la tarde. Fue una agradable visita. Me gustó mucho pasear por un lugar cargado de tanta historia y tantas leyendas. Su maravilloso estado de conservación, su museo y las impresionantes vistas sobre la ciudad azul, me dejaron un grato recuerdo. 
  Después, antes de que la noche empezara a caer, descendimos las rampas en busca de los compañeros y despedimos a nuestro guía agradeciéndole todas sus explicaciones. 

En primer plano la Torre del Reloj y, al fondo, el Palacio Umaid Bhawan que, todavía hoy, es la residencia de la familia del maharajá de Jodhpur.
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En cada rincón, en cada esquina, había una fotografía.

  Tras reunirse todo el grupo fuimos a cenar a un restaurante junto al hotel, creo recordar que se llamaba "The Curry´s", pero no estoy seguro. Recuerdo que había que subir unos escalones enormes y que tenía una terraza desde donde se veía la fortaleza. La noche estaba maravillosa, con una temperatura ideal. Tras un rato de sobremesa, tomando unas cervezas, decidimos poner rumbo al hotel. No habíamos parado en todo el día y el cuerpo pedía un poco de relax...

Una gente maravillosa que siempre te recibe con una sonrisa en los labios.
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La hora azul envolviendo a la fortaleza de Mehrangarh, desde la terraza del restaurante.

  Después de descargar las fotos, era la hora de una ducha calentita. Luego, un poco de charla en la habitación mientras organizábamos un poco las cosas, hasta que llegó el momento del merecido descanso. 

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Jodhpur

  Este era el último día completo en Jodhpur. Contra nuestros deseos, los días pasaban a una velocidad de vértigo. Se cumplía justamente la mitad del viaje...  Amaneció otra bonita jornada. Nos levantamos bastante pronto y subimos a 

desayunar. Después nos reunimos todos en el hall del hotel, un espacio que era un enorme patio con mucha luz y cargado de plantas. 

  El plan para este día era que, después de callejear un rato, visitaríamos el barrio de las mujeres que teñían las telas. Así que, con las baterías cargadas y las tarjetas de memoria vacías, nos echamos nuevamente a la calle.

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Un chai en la calle para activar el cuerpo; apetecible ¿verdad? ...

  Sobre las 09:00 horas nos metimos por las calles de la zona del mercado. La ciudad despertaba con un ritmo pausado, la gente se tomaba su chai en los puestos para tal fin y luego se ponía a sus quehaceres. Como no podía ser de otra manera, nos arrimamos a uno de esos puestos y tomamos también un chai...

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Carniceros, barberos... todos los comerciantes ya estaban en marcha en las calles de Jodhpur.
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La Torre del Reloj de Jodhpur.
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Como podéis ver en la esfera del reloj, en la foto de la izquierda, eran las 09:20 horas. La ciudad ya estaba en marcha. En las fotografías, bajo estas líneas, vemos la carnicería, donde estaban despellejando unos corderos, el barbero afeitando a una mano a su cliente y a un joyero sentado en la puerta de su negocio con un señor que, me imagino, sería su padre.
​  Cruzamos con Aritz la ciudad en busca de un barrio donde trabajaban con bidones de hojalata en plan totalmente artesanal. Era un barrio pobre, con gente muy humilde pero muy simpática. Fuimos muy bien recibidos y no tuvimos problemas para hacer nuestras fotos. 
  Los "talleres" eran cuatro paredes medio en ruinas donde, medio oxidados, acumulaban decenas y decenas de grandes barriles de los que se usan para el petróleo o los aceites industriales. En una parte los cortaban, separaban las tapas del resto y, entre recortes puntiagudos, se pasaba a la zona de "producción"...

  La zona de "producción" era un espacio donde, sentados en un raído cojín o en su clásica pose de cuclillas, hombres de distintas edades se afanaban en golpear, con distintos martillos, los trozos de aquellas sucias y oxidadas chapas. Desde grandes martillos de madera hasta finos martillos para usar con los punzones, pasando por todos los tamaños imaginables.

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De unos cochambrosos bidones sacaban distintos recipientes de hojalata.

  De la zona de "producción" pasábamos a la de "montaje y acabado"... Sí, en otro habitáculo anexo, se montaban y terminaban los pucheros, las tinajas y el producto estrella... los enormes platos tallados. Como podéis imaginar tenían unos obsoletos equipos de soldadura y una zona de almacenaje de los productos  ya pulidos y listos para vender. Sinceramente, fue muy interesante. Es una pena que no tengo ninguna fotografía de los productos terminados, pero doy fe de que eran totalmente utilizables.

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La vida en la calle era un auténtico hervidero. 

  Tras esta experiencia volvimos hacia el centro. Desde allí tendríamos que ir al otro lado de la ciudad para visitar el barrio donde trabajaban las telas, coloreándolas para llevarlas al mercado. De camino, otra nueva tanda de fotografías de calle y de retratos. Lo cierto es que, en cada calle, en cada esquina, a cada paso que dábamos, había algo interesante que fotografiar.

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  Cogimos unos tuk-tuks y nos acercamos al barrio de las telas. En unos quince minutos estábamos en la zona. Nos dejaron al inicio de una calle que en realidad era una pista de tierra prensada...

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  La entrada fue bastante especial. Esa era una zona en la que no estaban acostumbrados a ver extranjeros. La gente, al principio nos miraba con rareza pero, enseguida se acercó a nosotros y empezamos a cambiar fotos por sonrisas.
  El colegio fue un punto de contacto pero fue en la calle donde el alboroto se desbordó. Los críos del barrio se pegaron a nosotros y posaron para todos. Había dos o tres críos que, como cabecillas del grupo, se querían llevar todo el protagonismo.   Aunque era una zona un poco marginal, unas profundas y limpias miradas, poses naturales y sonrisas sinceras hicieron que nuestras cámaras echaran humo.

Los críos se arrimaron al grupo y enseguida empatizamos.

 El colorido era maravilloso, mezclándose el azul de las casas con los tonos ocres de los restos de un templo del que tan sólo quedaban algunas cúpulas. Por otro lado, los colores de las telas, secándose en el suelo, daban al barrio un toque especial. El lugar tenía su encanto y la gente disfrutó con la visita de un grupo de "loc@s" que pasó por allí para hacer fotografías.

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Mujeres extendiendo al sol las telas de colores. ( Foto izquierda Rosa Morla )
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El barrio de los telares nos dejó una bonita colección de fotografías.
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Sonrisas naturales, tímidas, puras.

  Llegó un momento en que cada uno tiró para el lugar que le llamó la atención. Yo me acerqué a una zona un poco separada que usaban como vertedero.

  Allí hice la fotografía de la izquierda. Sé que es un poco dura, pero es otra de las realidades de India... La pobreza. 
 

  Después volví hacia la zona de las viviendas y me fui encontrando con mucho "material": muchachas que me regalaron amplias sonrisas; niños y niñas que posaban como grandes artistas de Bollywood; familias enteras a la puerta de sus casas y elegantes señoras que guardaban una seriedad y una dignidad asombrosas.

Aparte del colorido de las telas, también vimos duras imágenes.

  En el patio delantero de una casa me encontré con un grupo de mujeres que, coquetas como ellas solas, se ofrecieron para una foto de grupo. Allí podía ver cinco generaciones juntas y en sus ropas se podía distinguir la evolución de la cultura. Desde las mas ancianas, descalzas, con sus saris tradicionales de top y falda, pasando por una mujer joven ataviada de un largo vestido y sandalias; la jovencita en vaqueros y camiseta, hasta la niña pequeña con el vestido que su madre le puso y del que no podía renegar.

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Hasta cinco generaciones juntas en el barrio de las telas.
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La "joya de la corona"; para mi, la mejor fotografía del viaje.

  Pero, fue allí al lado, cuando, al meterme hacia una especie de plaza, me encontré con una jovencita preciosa que tenía un niño pequeño en brazos...
¡¡ Por Dios !! ¡¡ Que mirada !! 
  Levanté la cámara con el gesto de hacer la foto y le pregunté...

- Can I take a picture ?

- To me ?

- Yes, yes, to you...
  Ella, girando sensiblemente la cabeza en ese gesto característico de su cultura, asintió mientras se dibujaba en su joven rostro una leve sonrisa que acabó de "enamorarme". 
  Disparé unas cuantas veces hasta que, ya definitivamente, el crío se enrabietó y rompió la magia de aquel momento. Creo que hice una buena fotografía y le doy a ella las gracias y el mérito por su naturalidad y su maravillosa sonrisa de "Mona Lisa". 
  Tras pasar allí un buen rato, dejamos el barrio para ir en busca de unos tuk-tuks que nos devolvieran al centro de la ciudad. Era hora de ir a comer algo.

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Escenas de calle. A la derecha Jany "rompiendo cuellos".
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Duras imágenes: unos críos descalzos y buscando plástico en las basuras.

  Tras la comida nos dirigimos a un barrio sito en la falda de la roca donde se asienta la fortaleza. De camino, nos metimos por otra zona bastante marginal que también nos dejó duras imágenes como las de estos críos.


​  Finalmente, después de patear aquella zona, regresamos hacia nuestro distrito junto a la plaza de la Torre del Reloj y nos adentramos en el barrio del mercado para dar el último paseo por allí. Acabamos sentados en una de las calles principales tomando un chai. 

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Algunas de las fotos del barrio sito en la falda de la fortaleza.

  Volvimos caminando por la zona del mercado viendo a los comerciantes intentando cerrar las últimas ventas del día. La luz del sol decaía y buscamos un sitio para cenar algo.

  Después de cenar pasamos por el puesto de los batidos para tomarnos un último lassi de Jodhpur. Como no podía ser de otra manera, me tomé el que más me había gustado, el de cardamomo. Con el regusto en el paladar nos fuimos para el hotel a recoger todo. La etapa de la ciudad azul había llegado a su fin. Mañana viajaríamos a Jaisalmer en las puertas del desierto de Thar. Era la penúltima etapa de un apasionante viaje que entraba ya en su última semana.

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Un grupo de mujeres comprando telas para sus saris.
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Jodhpur - Jaisalmer 

  Nos levantamos temprano, había que desayunar y dejar todo preparado para partir. "Manuel" nos la volvió a liar, porque dijo que no entraba al centro. A la llegada fue por la fiesta y ahora porque no le daba la gana, en ese sentido se 

portó mal. Desde Jodhpur hasta Jaisalmer hay 270 Kms, es decir, lo que vendrían a ser unas cuatro horas y media de carretera, pero a estas alturas ya no nos marcábamos tiempo alguno...

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El paisaje iba cambiando; cada vez era más árido y seco.

  Nos pusimos en marcha a eso de las 09:00. Volvimos a coger unos tuk-tuks y una camioneta y salimos a las afueras del casco urbano para coger el autobús. El chofer se llevó una buena bronca pero, como os podéis imaginar, le importó bastante poco. Tras cargar el equipaje, pusimos rumbo hacia el oeste. Este era el último tramo que haríamos con "Manuel" ya que, Jaisalmer - Nueva Delhi lo haríamos en tren.  El día, como casi todos, amaneció soleado, con esa fina bruma en el horizonte que finalmente acababa levantando. Había alguna nube en el cielo pero estaba despejado.


  Cargados de paciencia nos pusimos en marcha. Atrás quedaba Jodhpur, la ciudad azul...

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Según viajábamos hacia el oeste, el desierto iba ganando terreno.

  Según viajábamos hacia el oeste, el desierto iba ganando terreno. 
  Paramos a tomar un chai a eso de las 11:00 en un "chiringuito" de carretera. Desde allí, otro largo tirón hasta The Lal Garh Hotel de Jaisalmer, donde llegamos a eso de las 15:00, es decir, unas seis horas.
​  Esta vez, la entrada fue tranquila; no había fiestas ni nada que alterase el acceso y, esta vez sí, "Manuel" nos dejó en la puerta del hotel.
¡¡ Que preciosidad !!


  Este hotel parecía sacado del cuento de "Las mil y una noches".

El Lal Garh Hotel en Jaisalmer, el hotel de "las mil y una noches".
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La fortaleza de Jaisalmer desde la terraza del hotel.

Después de descargar todo y registrarnos llegó el momento de despedir a "Manuel" y a su noble escudero, el copiloto. Su trabajo había terminado y se le pagó la segunda parte de lo pactado por el viaje.

  Aritz nos dijo que era costumbre darles algo de propina, pero la mayoría de la gente no estaba muy por la labor porque, verdaderamente, nos había hecho un par de desplantes dejándonos donde a él le daba la gana y demás. Así que, Aritz, dejo en nuestras manos el tema de las propinas y, el que quiso, aportó algo y el que no quiso, pues nada. El conductor se fue un poco molesto por la cantidad que se llevaba pero, sinceramente, se lo había ganado a pulso.

  Tras dejar todo en la habitación, inspeccionar un poco el hotel y coger las cámaras, salimos a comer algo y a ubicarnos en la ciudad, es decir, la primera vuelta de reconocimiento en una urbe facilísima de transitar, con una larga calle principal de la que se desgranaban calles secundarias, acabando al sur con el acceso al castillo.

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Jaisalmer, la maravillosa "ciudad dorada"; panorámica desde la terraza del hotel.
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  Jaisalmer apodada "la ciudad dorada", está situada en la cresta de una roca arenosa de color amarillento y coronada por un fuerte que, con 99 bastiones corona la colina de Trikuta (Tres Picos) de 80 metros de altitud. Recibe su nombre en honor a su fundador Rawal Jaisal. Jaisalmer significa "el fuerte en la colina de Jaisal".
  En el interior de dicho fuerte se encuentra el palacio Maharaja Mahal, siete templos jainistas y dos hinduistas. Muchos de los templos y edificios están esculpidos con gran riqueza. La ciudad está situada en el desierto de Thar y, en el censo de 2011, tenía una población de alrededor de 65.470 habitantes, la mayoría de ellos de la casta Bhatti, principalmente Rajputs.

  Jaisalmer se encontraba en una posición estratégica y era un lugar de paso por la ruta tradicional de comercio atravesada por caravanas de camellos de mercaderes indios o asiáticos. La ruta unía India con Asia Central, Egipto, Arabia, Persia, África y el oeste.
  Lo curioso de esta ciudad es que su fuerte está habitado y la vida cotidiana se apodera, cada día, de sus calles empedradas.

La entrada a la fortaleza la custodiaban cientos de murciélagos.
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Detalles constructivos dentro de la fortaleza eran maravillosos.

  Comimos en un local sito junto a unas de las puertas de entrada a la ciudadela fortificada que, como parte defensiva, guarda las murallas de la fortaleza. Tras degustar un menú del día -dhal, arroz, verduras...- Nos dirigimos hacia la ciudadela. Allí nos encontramos con gran número de puestos de artesanía rajasthaní. Tallas en madera, bolsos, mochilas, pulseras... Todo ello trabajado en piel de camello. Además ropas, turbantes, joyería... Un auténtico zoco a los pies del fuerte.

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Tejidos y artesanía de los pueblos del desierto.
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  Al ser una ciudadela habitada, el acceso a ella era libre, es decir, no había que pagar nada. Empezamos a subir la rampa adoquinada y pasamos por un primer arco custodiado por unos inquilinos un poco especiales. Cientos de murciélagos colgaban boca abajo, imponiendo cierto respeto a las personas más miedosas.

  Esta fortaleza fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO hace algunos años. Era muy curioso ver en su interior viviendas, templos y negocios. Poder ver a los niños jugando, hombres y mujeres en sus quehaceres, los comerciantes abriendo sus negocios y las vacas deambulando, hacia la visita especial. Es una pequeña población rodeada de una inmensa muralla. Esa tarde conocimos a un niño sordomudo que, supongo que al notar cariño, se pegó al grupo como el muérdago se pega al manzano. 

  El pobre no podía hablar pero se hacía entender para que le siguiésemos, enseñándonos los lugares más emblemáticos. Nos calló en gracia y le dejamos que nos acompañase a cambio de unos bollos y algo para comer. Le pusimos de nombre "Pikachu". Lo cierto es que no pedía nada, tan solo quería compañía.

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Algunos de los niñ@s de la fortaleza; en el medio nuestro amigo "Pikachu".
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La naturalidad para posar de la gente de India me fascinó, aquello era el paraíso de la fotografía.

  Aquella tarde pasó rauda y veloz. Bajamos ya entre dos luces y nos encaminamos al hotel. Cenamos algo allí mismo, en una enorme terraza que nos ofrecía unas maravillosas vistas a la fortaleza. Tras una cena informal y un poco de tertulia, nos retiramos. Habíamos quedado para subir temprano a la fortaleza y ver amanecer desde allí arriba. La habitación era muy tranquila y la cama muy cómoda, una perfecta combinación para descansar.

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Jaisalmer 

  Me levanté cuando aún no había salido el sol. Un grupo de madrugadores queríamos subir a la fortaleza al amanecer y ver salir el sol desde sus vetustos muros...

  El Fuerte de Jaisalmer tiene 460 metros de largo y 230 de ancho y está provisto de cuatro entradas. Dentro de sus murallas destaca el Palacio Real (Raj Mahal), el templo Laxminath y los bonitos havelis, que son casas con patio que tenían algunos comerciantes adinerados del norte de India. Subimos por sus empedradas rampas. La ciudad, aún adormilada, comenzaba a despertar con las primeras luces del alba. Alguna puerta entreabierta era testigo de nuestro paso. El sol empezó a salir sobre el horizonte y las murallas comenzaron a teñirse de un color dorado por el que la ciudad recibe su nombre. Se creó una mágica atmósfera que dejó grabada en mis pupilas una imagen inolvidable.  

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Empezaba un nuevo día...
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 * Un poco de historia:
​  El Fuerte de Jaisalmer fue construido hacia el año 1156 por Rawal Jaisal -de ahí el nombre de Jaisalmer-. Siglo y medio más tarde el fuerte se reformó para defenderse contra la invasión del sultán de Delhi. Los 56 baluartes de la fortaleza eran atendidos constantemente por numerosos soldados pero finalmente, después de ocho años, la armada del sultán asaltó la construcción. En el siglo XII Jaisalmer era gobernado por los Rajputs, clanes de la casta Bhati. Los Bhati eran guerreros, buenos jinetes de camellos y aficionados a la caza. Debido a que vivían en esta zona desértica escaparon de las primeras invasiones de los musulmanes en India, aunque posteriormente serían también invadidos. 

  Los Bhati eran guerreros, buenos jinetes de camellos y aficionados a la caza. Debido a que vivían en esta zona desértica escaparon de las primeras invasiones de los musulmanes en India, aunque posteriormente serían también invadidos. Los Bhatis tomaron el control de la Fortaleza de Jaisalmer aunque no disponían de muchos medios para reforzarla. Pero después de derrotar y expulsar al clan Rathore se comenzó la construcción de la nueva fortaleza hacia el año 1306.
  En el año 1541 el famoso emperador mogol Humayun atacó la ciudad fortificada de Jaisalmer. La Fortaleza estuvo bajo control musulmán hasta el año 1762, fecha en la que Maharawal Mulraj tomó el control de la misma. Debido a su localización tan apartada, este lugar no estaba en el punto de mira de los Marathas. En diciembre del año 1818 Mulraj hizo un tratado con la Compañía de las Indias Orientales para permitirle ser rey del lugar con carácter sucesivo y recibir protección contra posibles invasiones. De hecho, después de su muerte en al año 1820, su nieto Gaj Singh heredó el poder de la fortaleza.

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Algunos de los templos que se ubican dentro de la fortaleza.

  Cabe destacar la importancia que tuvo el Fuerte de Jaisalmer, así como toda su ciudad, dentro del comercio con Persia, Arabia, Egipto y África. El fuerte disponía de tres capas de murallas o paredes. La más exterior estaba hecha de bloques de piedra sólida. La segunda capa eran paredes serpenteantes que rodeaban la fortaleza. Y desde la tercera capa los guerreros lanzaban aceite y agua hirviendo a los enemigos que pretendían invadirles quedando atrapados entre las dos capas o paredes. En esta estructura defensiva había 99 bastiones, la mayoría de los cuales fueron construidos a mediados del siglo XVII.
​  Con la llegada de la dominación británica, la aparición del comercio marítimo creció y, mientras se desarrollaban puertos como el de Bombay, las rutas terrestres como la de Jaisalmer fueron perdiendo importancia. Aún así la ruta comercial siguió funcionando hasta independizarse de los británicos pero, cuando se produjo la partición entre Pakistán e India, esta antigua ruta comercial prácticamente se cerró.

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En un local tomando un chai.

Después de la visita matutina a la fortaleza, bajamos a desayunar con el resto del grupo para iniciar el día juntos.
  Desde el hotel volvimos hacia la zona comercial. Entramos en un establecimiento a tomar un chai. Cualquier sitio era bueno para hacer alguna fotografía interesante. 


  Recorrimos el zoco y nos acercamos a la zona donde la gente del desierto se sentaba a vender sus artesanías y comprar las cosas más elementales como cacerolas, cubiertos y recipientes de todo tipo, necesarios para su vida cotidiana.

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Esperando su turno para el barbero.
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La gente del desierto vendiendo sus trabajos artesanos en las calles de Jaisalmer.

  La gente de Jaisalmer es el ejemplo puro de los rajasthanís. Sus vestimentas y sus adornos son auténticos de la gente del desierto. Las mujeres lucen hermosas, envueltas en coloridos saris y engalanadas con brazaletes, aros y collares por todo el cuerpo. Cuantos más brazaletes lleve y más grandes sean ( en oro y plata ), más riqueza posee su familia, más camellos y ganado tienen. A su cargo, los niños, la compra, paquetes, bolsos, etc.
  Los hombres, en cambio, pasean de punta en blanco, con su elegante bigote y su bien pertrechado turbante, llevando encima todo el dinero que necesitarán para las compras que tengan que realizar. Como veis, en ciertas cosas, no hay muchos cambios a lo largo y ancho del mundo. Esperemos que algún día, no existan estas diferencias. ¡¡ Gracias mujeres del mundo !!

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El colorido y la estética de cada persona hacía que me detuviese a hacer una foto.
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El joven paragüero, profesión prácticamente desaparecida.
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Carros de frutas y verduras en un improvisado mercado.
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  El zoco estaba lleno de puestos de todo tipo, pero el que me llamó más la atención fue el de un chaval joven que arreglaba los paraguas. En nuestra sociedad de consumo no estamos acostumbrados a ver estas cosas... Si se rompe una varilla, se tira el paraguas y se compra otro. Algún día el mundo dará la vuelta y tendremos que aprovechar mejor los recursos porque, si no, este consumismo acabará con nosotros. 
  Estábamos tomando un zumo en un puesto junto a una de las puertas de entrada a la ciudadela, cuando un grupo de cuatro jovencitas, que venían cargadas de leña en la cabeza, se nos acercó pidiendo unas rupias.

  Tras un poco de vacile, intercambiando unas palabras, conseguimos que posasen para nosotros y, finalmente, se fueron regalándonos unas bonitas sonrisas. 

Las niñas acarreando leña.
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Empezaron pidiendo unas rupias y acabaron ofreciendo una sonrisa a la cámara.

  Tras comer en el zoco, el grupo se dividió en dos. Unos querían ir a comprar telas y ver la posibilidad de un masaje o algo así. Otros, decidimos volver a subir al fuerte, todavía teníamos muchas cosas por ver allí.
  Subimos al fuerte y, enseguida, encontramos a "Pikachu"; bueno, mejor dicho, él nos encontró a nosotros. Se unió al grupo y se le notó feliz. 


  Recorrimos muchos de los laberintos que guarda el fuerte y en una de sus plazoletas había un puesto de ropa. Paramos a echar un vistazo. El comerciante se llamaba Jitu. Había estado en Barcelona, hablaba por supuesto hindi, inglés, algo de catalán y algo de francés. Me dijo que le gustaría aprender euskara y le prometí que le mandaría un curso on-line. Yo, cumplí mi promesa, pero, nunca me contestó.
  Pasó la tarde y, cuando nos dimos cuenta, la luz del sol comenzaba a decaer. Así que,  poco a poco, fuimos bajando. Habíamos quedado en juntarnos para cenar, por lo tanto, nos dirigimos al punto de encuentro para reunirnos con los que venían de Gadisar Lake.

La farmacia de Jaisalmer.
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Tilon Ki Pol en Gadisar Lake ( Fotos de Rosa Morla ).
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Típicos rajasthanís; el de la derecha es auténtico.
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La vida en el fuerte de Jaisalmer es cotidiana como en todas las ciudades. Aquí lo peculiar es que viven en una fortaleza del año 1155.

  Mientras esperábamos para cenar, me junté con estos niños que andaban recogiendo plástico. No se veían tantos como en Jodhpur, pero también había unos cuantos chavales. Me cautivaron sus grandes ojos y su naturalidad. En ningún momento me pidieron dinero, pero recuerdo que les compré algo de fruta y, tras un namasté, se fueron felices.

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Dos niños de los que recogen plásticos, con unos ojazos de escándalo, posaron sin reparos a cambio de un namasté.

  En la cena estuvimos hablando de la excursión del día siguiente. Íbamos a acampar al desierto de Thar. Teníamos que dejar todo recogido porque, al regreso, si queríamos salir a despedir la ciudad, casi no habría tiempo de preparar las maletas puesto que cogeríamos el tren para Nueva Delhi esa misma tarde.
  Por lo tanto, tras la cena, nos fuimos hacia el hotel para preparar todo; las cosas para el desierto y la maleta. Era la última velada en aquel hotel que, sin quererlo, evocaba las dulces, exóticas y apasionadas experiencias de las mil y una noches...

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Jaisalmer 

Nos levantamos temprano y subimos a desayunar a la terraza. Preparamos un opíparo desayuno con fruta,

zumo, tostadas y un café o algo parecido. La mañana estaba maravillosa. Soleada, templada y llena de energía positiva. El único "pero" que podíamos poner, era que el viaje iba avanzando sin piedad, los días pasaban cada vez más rápido y yo, personalmente, no quería que esta maravillosa experiencia terminara nunca. Estaban siendo unos días muy felices, desde hacía mucho tiempo no me sentía tan vivo...

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La inolvidable habitación de las mil y una noches...
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Inicio del día en el patio de la escuela.

  Mientras desayunábamos empezaron a llegar niñ@s al patio del colegio que estaba justo bajo la terraza del hotel. Se pusieron en formación a las órdenes del profesor. Había subido sin la cámara y bajé corriendo a la habitación para cogerla. Cuando subí, aún pude hacer algunas fotos de los estudiantes. En ningún momento rompieron la disciplina del grupo y mostraron unos modales que, sobre todo por occidente, se han perdido hace tiempo.

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Organizando la excursión en jeep al desierto de Thar. ( Fotografías que me he encontrado en la web del hotel en Tripadvisor ).

  A la hora convenida nos reunimos en la puerta del hotel a esperar a los jeeps que nos llevarían a la aventura del desierto. El ambiente era extraordinario, con ganas de nuevas experiencias y nuevas fotos. Nos repartimos en los coches y arrancamos en dirección noroeste...


  Enseguida dejamos atrás la "civilización" y empezamos a transitar por carreteras polvorientas. A la media hora de salir, paramos en una zona desolada donde había un templo jainista. Entramos a hacer unas fotos... Cuanto menos era curioso, muy curioso. Era el Adeshwar Nath Jain Temple.

Chozas de los pueblos cercanos al desierto de Thar.
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  Ubicado junto al famoso lago Amar Sagar y al sur de Lodurva, está dedicado a la figura de Parshwanath. Fue construido por Patwa Bafna Himmat Ram en 1928.
  Maravillosamente diseñado, se ve asombroso con sus intrincadas tallas y pequeñas cúpulas. La arquitectura dorada adornada con piedras de Jaisalmer brilla magníficamente durante el día.
  La estructura es una obra maestra en sí misma y sus exteriores de mármol-marfil son de ensueño. Dentro del templo, hay varias figuras de animales y de Tirthankara.
  Viejos pozos, galerías y paredes enrejadas son una vista común alrededor de este lugar. Había un gran lago justo detrás del templo, pero estaba seco. La entrada era gratuita, pero costaba 50 rupias si querías usar la cámara de fotos.
  No quiero enrollarme mucho con la doctrina jainista, pero creo que vale la pena la descripción que hacen del nacimiento del antes nombrado Parshwanath. En definitiva fue uno de sus representantes al comienzo de los tiempos...
  A mí me ha gustado mucho esta forma de presentarlo y os la dejo aquí por si queréis leerla... 

Los arcos de entrada al templo jainista camino del desierto.

  Parshvanatha nació el décimo día de la mitad oscura del mes hindú de Pausha (1). Fue hijo del rey Ashwasena y la reina Vamadevi de Benarés. Nació con piel azul-negra y fue un niño fuerte y guapo, que jugaba con los dioses del agua, las colinas y los árboles. Parshvanatha pertenecía a la dinastía Ikshvaku. Antes de su nacimiento, los textos jainistas afirman que gobernó como el dios Indra en el 3er cielo de la cosmología jainista. Mientras Parshvanatha estaba en el vientre de su madre, los dioses realizaron el garbha-kalyana (2). Su madre soñó catorce sueños auspiciosos, un indicador en la tradición jainista de que un tirthankara (3) estaba por nacer. Según los textos de Jain, los tronos de los Indras se sacudieron cuando nació y los Indras bajaron a la tierra para celebrar su janma-kalyanaka (4).
(1) El mes de Pausha corresponde con diciembre/enero del calendario gregoriano.
(2) El garbha-kalyana es el acto de dar vida al feto.
(3) El tirthankara es un ser que alcanzó la trascendencia y la liberación, es decir, un maestro que enseñó el camino jainista.
(4) El janma-kalyanaka es la celebración de un auspicioso nacimiento.

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Las tallas en la piedra arenisca del desierto eran auténticas obras de arte.
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Imagen de Tīrthankara Parshvanatha flanqueado por el dios Indra con su perra Saramá ( creo, pero no estoy seguro ).
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  Después de un buen rato, paseando por el interior y el exterior del templo, continuamos viaje hacia el desierto. Me llevaba una bonita colección de fotografías y un maravilloso recuerdo visual. Las tallas en piedra, los arcos, las celosías de sus ventanas...

Todo, completamente todo, era puro arte; obras que hoy en día son, tan siquiera, imposibles de pensar.

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Las vacas saciando su sed en el lago camino del desierto.
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Tres niños se acercaron al ver el grupo de extranjeros que había acampado en el lago.

Tras la comida y un rato de descanso, que yo aproveché para hacer algunas fotos, volvimos a los jeeps para afrontar el último tramo en coche de la jornada. Pusimos rumbo hacia el oeste y tras una hora, más o menos, llegamos a una aldea en algún punto entre el triángulo que forman las poblaciones de Joga, Raghwa y Netsi, a unos 60 Kms de la frontera con Pakistán. 
  Allí nos recibieron con un gran alboroto. Los niños y niñas nos pedían chocolate pero no llevábamos nada de comida. Les habíamos comprado, entre todos, un buen lote de cuadernos, lápices y pinturas para que tuviesen material para estudiar.

El jeep hacia el desierto.
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La gente del desierto.
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  Después de unos momentos de contacto, se montó una improvisada fiesta y, al son de una flauta hindú, empezaron a moverse contoneando las caderas, los brazos y las manos con un compás contagioso.

  Sonrisas, miradas cómplices y unas ganas enormes de compartir experiencias, hizo que me diera cuenta de que, en todas las partes del mundo, el folklore une a las personas.

  Janny, Eneko y alguno más fueron sacados a bailar. El ambiente se fue calentando y, si no lo rescatamos a tiempo, a Eneko nos lo casan allí mismo.  ;-)

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En un abrir y cerrar de ojos, se montó una improvisada fiesta al compás de la flauta hindú.

  Tras el jolgorio, cuando estuvo todo preparado, nos llevaron a la zona donde esperaban los camellos. Uno a uno fuimos montando en los animales y, lentamente, la caravana se puso en marcha. 
  Anduvimos unos 20/30 minutos sobre los camellos en los que nos pilló una pequeña tormenta de arena y todo. Luego, llegamos a una zona de dunas donde nos detuvimos. Allí, en lo alto de una de ellas, cuando el sol empezaba a caer hacia poniente, montaron el campamento para pasar la noche. Mientras los guías preparaban la cena -comida casera hindú- yo me dediqué a hacer alguna foto de la puesta del sol. 
  Para ser sincero, esperaba algo más impresionante del anochecer en el desierto. No es que no fuese bonito pero, tal vez, la latitud puede provocar ese efecto que dibuja una franja luminosa en el horizonte que prácticamente no llega a oscurecerse. 

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El paseo por el desierto en los camellos me resultó... Exótico, incluso con tormenta de arena.

  Más tarde llegó la hora de cenar. En buena armonía, compartimos con los guías todo lo que nos habían preparado y, después,  fuimos nosotros los que improvisamos una pequeña verbena con las canciones típicas del repertorio euskaldun... Txoria, Ixil-ixilik, Artillero, Anteron Txamarrokia... Todas saltaron a la palestra. Posteriormente, con una batería de chistes y anécdotas, nos desternillamos de risa, pasando un rato fantástico.

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Tras preparar el campamento para pasar la noche, era el momento de la puesta del sol.

  Con la noche cerrada, nos fuimos acoplando en los raídos colchones que nos habían preparado para dormir. No quiero comentar el estado de los mismos por no ser desagradable pero, en algún sitio había que dormir. Así que, haciendo de tripas corazón, fuimos dejando que el arrullo de la brisa del desierto nos llevase al mundo de los sueños... 

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Jaisalmer - Nueva Delhi

Me levanté cuando aún era de noche. Quería ver si la luz del amanecer me daba la oportunidad de hacer unas buenas fotografías. Hubo un momento, cuando aún no asomaba el sol, que el juego de luces fue espectacular pero fue un breve

instante que enseguida pasó. Después, la gran bola de fuego asomo sobre la línea del horizonte y, lentamente, iluminó las infinitas dunas del desierto de Thar. 

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El juego de luces del amanecer fue espectacular.

Poco a poco la gente empezó a desperezarse. Desayunamos entre risas mientras, en el grupo,  los comentarios se dirigían a que podía haber habido un asesinato esa misma noche. Algunas personas se quejaron de que alguien había roncado un poco... 
- Estuve por levantarme y meterle una camiseta en la boca...
- Me daban ganas de llenarle la boca de arena...
- Lo hubiese asfixiado con una almohada...

  Estos fueron algunos de los "piropos" que esa persona se llevó. Yo no me enteré de todo eso, pero hubo gente que sí. Bueno, después de estas bromas, arrancamos con una nueva jornada. Teníamos un par de horas antes de poner rumbo a Jaisalmer, así que, cada uno las aprovechó como quiso. Yo me centré en el paisaje y en las vacas que, de nuevo, venían a beber agua a un abrevadero cercano... Tampoco había mucho más que elegir.

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Nuevamente, el rebaño de vacas acudía  en busca del agua fresca de la mañana.

  A la hora convenida regresamos hacia Jaisalmer. La caravana se puso en marcha y esta vez, de un tirón, nos presentamos en la ciudad tras hacer esta panorámica de la imponente colina donde se ubica la ciudad vieja.

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La ciudad vieja o fortaleza de Jaisalmer sobre la colina de Trikuta ( Tres picos ).

  Al regreso, fuimos derechos al hotel. Debíamos dejar todo preparado para que, a eso de las 16:00 horas nos viniesen a recoger para trasladarnos a la estación del tren. Nos habían asignado una habitación, que era una especie de almacén, para dejar todas las maletas del grupo. De esta manera, como ya no íbamos a pasar más noches allí, pudimos guardar las cosas hasta el momento de la partida. Rosa y yo habíamos dejado todo adelantado así que, nos duchamos, nos cambiamos y salimos a dar el último paseo por el fuerte, con algunos compañeros más.

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Frutas y verduras a la espera de la venta.

En nuestro último paseo por la fortaleza, además de ver el zoco y a la gente del desierto, nos volvimos a encontrar con "Pikachu". Le hicimos entender que nos marchábamos, que aquella era la despedida y él, desconsolado, se puso a llorar. Pasamos un rato juntos y, al final, llegó el triste y duro momento de decir adiós. 
¡¡ Que tengas mucha suerte, "Pikachu" !!
​  Comimos algo y volvimos al hotel. Tras comprobar que todo estaba en orden, sólo faltaba esperar al trasporte. Los taxis llegaron unos minutos antes de la hora prevista y, sin más dilación, nos fuimos a la estación del tren.

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Mujeres del desierto se mezclaban con los limpiabotas en la calle de los zapateros.
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Un colorido baba me enseñaba su collar de cuentas.
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Sonrisas inagotables.

Me dio mucha pena dejar esta ciudad. Pasé momentos inolvidables en ella pero el viaje debía continuar. El último destino era Nueva Delhi, la capital de la república.
  En la estación, tras los rutinarios controles de visados y billetes, nos pasaron a una sala que estaba repleta de gente. 

  Dentro de aquél tremendo caos, parecía estar todo en orden, era una rara sensación hasta que, por fin, anunciaron la llegada de nuestro convoy. Subimos al tren y, tras encontrar nuestro asientos y levantar a algún que otro pasajero, nos acomodamos. Los vagones de aquel largo convoy, en sus distintas clases, estaban repletos de gente...

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 La estación de tren de Jaisalmer.
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 El billete del tren Jaisalmer-Nueva Delhi.

  Salimos, con unos minutos de retraso, dispuestos a afrontar con optimismo las largas horas de viaje. Nos separaban 800 kilómetros hasta Nueva Delhi, es decir, unas 17 horas. Bueno, al fin y al cabo, ya estábamos acostumbrados a desplazamientos eternos de una ciudad a otra.
  Una vez ubicados y con el convoy a plena marcha, Aritz propuso, para el que quisiera, una escaramuza por los vagones de 5ª clase, esos que se ven en las películas con los viajeros colgando de las puertas y sentados en el techo del tren. A esos vagones tan solo se podía acceder por las puertas principales, por lo que, esos movimientos había que hacerlos en las paradas de cada estación.

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El vagón de 5ª clase.

 Llegó una parada de aproximadamente media hora. Era el momento. Yo cogí mi cámara de fotos y me fui con el grupo de curiosos. Os podéis imaginar como eran los vagones de 5ª clase... Asientos metálicos a un lado, un estrecho pasillo de apenas 30 cms y algo parecido a unas literas de metal separadas menos de un metro y con dos alturas en las que la gente iba hacinada al otro lado del pasillo. No tenían ventanas, el vagón estaba cerrado a cal y canto. Hice un par de tomas con el móvil pero no tuve ganas de hacer más fotos, me parecía un poco humillante para aquellas personas. Me empecé a agobiar, no por la gente, si no por la falta de oxígeno que se notaba allí. Aritz comentó:
- El que quiera volver a nuestro vagón que lo haga ahora porque, si no, hasta dentro de dos horas no podrá hacerlo.

  Apenas al cuarto de hora de haber llegado, otros dos compañeros y yo nos volvimos a 1ª clase y nos reunimos con los demás. Como experiencia estuvo bien, corta pero suficiente. Yo me acomodé en mi litera para intentar descansar un rato. No iba a ser fácil pero... Había que intentarlo.

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Nueva Delhi

Entre ratos de sueño, interrumpidos por la entrada y salida de gente, nos dieron las siete de la mañana. No había dormido

como en casa pero, dadas las circunstancias, bastante mejor de lo que hubiese imaginado. Todavía quedaban por delante algo más de cuatro horas. En una de las paradas del tren, aprovechamos para comprar unos plátanos en un puesto de los que colocan en los andenes. Luego, le compramos al mozo del tren unos chais de los que ofrecía por unas pocas rupias y así, con ambas cosas, hicimos el desayuno de esa jornada. Poco a poco fuimos entrando en los suburbios de Nueva Delhi...

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Un puesto para desayunar en el andén de una estación.
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Los aledaños de Nueva Delhi muestran su lado más inhumano.

  Era impresionante ver los cerca de 15 Kms de chabolas y casas maltrechas que hay hasta entrar en el centro de la ciudad. Toda la periferia de Nueva Delhi es una de las zonas más castigadas por la pobreza y las personas intentan llevar con la cabeza alta esa situación. Se podía ver como las antepuertas de algunas casas estaban barridas y en las traseras intentaban crear una especie de huerta-jardín, para sembrar algo de verdura y unas flores. Siempre lo diré: es un ejemplo de DIGNIDAD, así, en mayúsculas. 

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Frente a la pobreza... dignidad.

  Hacía mucho rato que habíamos entrado en el estado de Delhi. Nos acercábamos a la ciudad. Era hora de recoger todo y echar un vistazo para que no se nos olvidase nada por los camarotes. Algunos llegábamos contentos con nuestros tatuajes de henna que una chavala que viajó con nosotros nos había hecho durante las largas horas de convivencia en el tren.

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Las construcciones se hacían más sólidas según nos acercábamos a Delhi.

  Entramos en la ciudad y recorrimos unos cuantos kilómetros repletos de chabolas y calles sin urbanizar. Las vías del tren se abrían paso entre núcleos de población que, en ocasiones, tenía que recoger sus tenderetes para dejar paso al "gran caballo de hierro" que llamaban los apaches. Según pasaban los kilómetros, las construcciones se veían más sólidas y las calles mejor acondicionadas. Estábamos en Nueva Delhi.

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Viendo la pobreza pasar...
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Las casetas, chabolas y precarias construcciones, siempre estaban en contacto con las vías del tren.
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Y por fin... la entrada en Nueva Delhi.

  Tras bajar del tren y recorrer la larguísima estación hasta salir a la calle, conseguimos hacernos con algunos tuk-tuks para que nos llevasen hasta el Palm D´or Hotel, ya que, distaba apenas dos kilómetros desde la estación. El hotel no era gran cosa pero, por lo menos, podríamos dormir en una confortable cama. Tenía de todo, hasta un porcentaje de humedad relativa que haría reventar todos los higrómetros.
  Nos registramos y nos duchamos para salir a reponer fuerzas. Unos pakoras, pani-puri, palak-panner... y, tras la sobremesa, a organizar los días que quedaban por delante. Había mucho por ver y muy poco tiempo para disfrutar...

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La tarjeta del hotel de Nueva Delhi.
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  Aunque la votación quedó en un 50%, era casi obligatorio hacer una excursión hasta la ciudad de Agra para ver una de "Las Siete Maravillas del Mundo"; el Taj-Mahal. Era uno de los puntos de mayor interés que se había ofertado en la planificación del viaje y algunas personas, casi exclusivamente, habían venido hasta India por ver este monumento. Así que, al igual que en Jodhpur y en Jaisalmer, se hicieron dos grupos para el día siguiente.
  Después, nos adentramos por unas calles repletas de puestos de especias, telas, joyas y artesanía.
  Pasamos la tarde por las calles de Old Delhi y, tras picar algo, decidimos ir poco a poco hacia el hotel. Queríamos lavar algo de ropa y descansar un poco.
  Habíamos quedado en salir a la 01:00 de la madrugada para llegar a Agra al amanecer y ver salir el sol desde la orilla opuesta del río Yamuná cogiendo así el palacio a contra-luz y poder jugar con los reflejos y demás...

  Así que, nos fuimos a descansar. Después de la noche anterior en el tren, teníamos que dormir algo.

Por las calles de Old Delhi.  (Fotografía Rosa Morla)
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Nueva Delhi - Agra - Nueva Delhi

Cuando algunos nos levantábamos, otros, se iban a la cama después de haber estado de tertulia tomando unas cervezas en el hotel. Habían transcurrido doce días de muy buen tiempo pero, esa mañana, justo esa mañana, amaneció con una

impresionante tormenta al estilo de la época de monzones. ¡¡ Maldita sea !!

  El micro-bus nos recogió en la puerta del hotel y nos pusimos en marcha. La carretera se puso como una piscina. La víspera, cuando Aritz cerró el trato con el conductor, le dijo que deberíamos estar en Agra antes de que saliese el sol y, ya se sabe, cuando le pagas a un hindú por un trabajo, sí o sí, lo tienen que hacer ya que, de otra forma, parece que no cumplen con lo pactado y les crea cierto sentimiento de culpa. Así que, casi a oscuras, en una noche súper cerrada, pusimos rumbo al estado de Uttar Pradesh.
  Un poco asustados, pasando a toda velocidad sobre unas peligrosas balsas de agua, a la hora convenida llegamos a Agra. Algun@s compañer@s lo pasaron bastante, bastante mal.
¡¡ Oh my Good !! Los viajes con el amigo "Manuel" habían sido unos paseos comparados con este...

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  Llovía como si se hubiese roto el cielo. Nos dirigimos a la orilla opuesta donde se ubica el Taj Mahal, en una zona de arbustos. Allí, tapados con un enorme plástico para proteger las cámaras de fotos, nos apostamos esperando que saliese el sol... Pero el sol no apareció esa mañana. Bueno salir, sí salió, pero tapado por unos enormes nubarrones que nos privaron de los maravillosos reflejos que esperábamos. ¡¡ Qué mala suerte !! Bueno, tendremos que volver algún día para hacer esa fotografía que quedó pendiente...

De esta guisa nos vimos para poder sacar esta fotografía del Taj Mahal. Qué mala suerte !!
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El Taj Mahal en plena hora azul. Una pena de la fina niebla que provocaba la lluvia.

  Cuando se hizo de día, empapados y un poco desilusionados, nos dirigimos a un garito a tomar un chai para desayunar algo y entrar en calor. Para hacer tiempo, pasamos por un crematorio en el que pudimos ver los rescoldos de una pira funeraria y, después, nos encaminamos a la parte trasera del complejo donde se ubica el edificio. Había una calle larga que estaba repleta de puestos con "pitxias" y recuerdos del Taj Mahal y algún que otro "chiringuito" donde daban comidas. Aquella gente empezaba a trabajar esperando, sin duda, una buena jornada.

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Llovió esa mañana como si fuese el Diluvio Universal.
La entrada del Taj Mahal; al cambio no llega a los 12 €.

Con una gran emoción vivimos el momento de entrar al recinto... El conjunto está rodeado en tres lados por una alta muralla almenada de piedra roja; el cuarto límite, al norte, lo forma el río Yamuna. En el lado sur se alza un edificio monumental también de piedra arenisca roja llamado darwaza, que es la entrada principal del complejo. La construcción original incluía dos grandes puertas de plata, las cuales fueron desmontadas y fundidas en 1764. Entramos por la puerta del este.
  El agua corría por las calles y para comprar el ticket de entrada tuvimos que mojarnos, literalmente, hasta las rodillas. Los jardines se habían convertido en unas grandes balsas de agua pero, en contraposición, esa situación nos regalaba unos maravillosos reflejos de las construcciones que, de otra manera, sería imposible obtener... Ya veis, siempre hay que sacar el lado bueno de cada situación.
  Comprando la entrada conjunta, mausoleo-fuerte, te hacían una rebaja, así que, como teníamos pensado hacer las dos visitas, cogimos las dos. ​Tras comprar el ticket seguimos hacia adelante; la emoción me superaba... 

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La darwaza o puerta principal vista desde el exterior del complejo.
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Las murallas almenadas de arenisca roja.

  Me parecía estar soñando. Fue un momento de mi vida que nunca olvidaré. El entorno, las circunstancias y la compañía...

¿Qué más podía pedir?

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El mausoleo desde la Great Gate.
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La perspectiva desde los jardines parece alejar el mausoleo.

  Nos situamos en el pasillo central. Había gente -en India siempre hay gente- pero no era demasiada, no resultaba molesta. La vista era inimitable, el mausoleo una preciosidad, una obra magistral. Era un maravilloso regalo para los sentidos, una sinfonía perfectamente acompasada... Absorto ante tanta belleza, mi cuerpo y mi alma se fundieron en un instante de felicidad. Sí, era cierto que huíamos de los estereotipos e iconos del turismo en India pero, dejar de ver este monumento, hubiese sido un gran error. La perspectiva visual hacía un efecto curioso; cuanto más lejos estás del mausoleo, más grande se ve. Luego, al acercarte, parece que va empequeñeciéndose...
  El Taj Mahal fue erigido entre 1632 y 1653 a orillas del río Yamuna. No se trata de una construcción aislada, sino de un complejo que abarca 17 hectáreas que incluyen una gran mezquita, una casa de huéspedes y hermosos jardines, si bien el componente más conocido es el mausoleo, con su cúpula de mármol blanco.

Nos fuimos acercando al mausoleo, la tensión subía y se me aceleraba el pulso... Entramos;
  Sentí en mi interior una energía positiva, un renacer interno, un soplo de vida. Rosa, también embelesada ante aquella maravilla, caminaba a mi lado, en silencio. 
  Toda la estructura descansa sobre un pedestal cuadrado. La nave central alberga la cámara mortuoria y es la sala principal del Taj Mahal. Está decorada con finas paredes de mármol incrustadas con piedras preciosas. Es una habitación octogonal que permite el ingreso por cualquier lado, pero solo está permitido asomarse por el lado sur. Allí pueden verse los dos cenotafios, orientados de sur a norte. 

Los cenotafios de los dos enamorados.
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  Los cuerpos de los emperadores yacen en una cámara relativamente sencilla debajo de la sala principal,  siguiendo la misma orientación sur-norte y con los rostros vueltos hacia la derecha, en dirección a la Meca.
  Nos paramos allí, frente a los cenotafios. En el centro exacto de la sala principal el de la princesa Arjumand Banu Begum, más conocida como Muntaz Mahal. Este, descansa sobre una base rectangular, donde reposa una pequeña urna. Base y urna, ambas de mármol, están incrustadas con un delicado trabajo de gemas. Las inscripciones caligráficas son plegarias por la princesa. ​Junto a ella, a su izquierda desde la entrada principal, está el cenotafio de su esposo el príncipe Shah Jahan. Este murió en 1688 y fue enterrado junto a su amada por orden de su hijo que, tras haberle derrocado, estaba entonces en el poder. No se sabe si fue expreso deseo del emperador ya que, a Shah Jahan, le correspondía un mausoleo propio como dictaban la tradición y su rango.

* Nota: El cenotafio es un monumento funerario que no contiene el cadáver del personaje a quien se dedica.

 

Un poco de historia:
Arjumand Banu Begum fue princesa consorte del imperio mogol entre 1628 y 1631. Nació en Agra, en abril de 1593, en el seno de una familia de la nobleza persa. El 10 de mayo de 1612, a los 19 años de edad, se casó con el príncipe musulmán del Imperio Mogol, Yurram, más conocido como Shah Jahan y fue su cuarta esposa. Este le concedió el título de Mumtaz Mahal, que significa "la elegida de palacio".
  En sus diecinueve años de matrimonio tuvo catorce hijos, siete de los cuales fallecieron al nacer o durante la infancia.
  La pareja tuvo una relación amorosa muy estrecha y muy profunda. Incluso en vida de la emperatriz, los poetas ya ensalzaban su belleza, su gracia y su compasión. Ella fue la gran compañera de Shah Jahan y su confidente más leal,  acompañándolo durante sus viajes por todo el Imperio Mogol. 
  Antes de casarse con ella, el emperador ya había tomado otras tres esposas, sin embargo, se quedó tan prendado de Mumtaz que mostró poco interés en el ejercicio de sus derechos polígamos con las tres esposas anteriores. La intimidad, las atenciones y el afecto que el emperador tuvo con Mumtaz Mahal, supero con creces lo que sentía por cualquier otra mujer.

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Retrato de la princesa Mumtaz Mahal y el príncipe Shah Jahan.

  Mumtaz Mahal falleció en Burhanpur -en la actual Madhya Pradesh- el 17 de junio de 1631, al dar a luz a su decimocuarto hijo, una niña llamada Gauhara Begum. Había estado acompañando a su marido durante una campaña militar en la meseta de Deccán pero, débil y enferma, no pudo superar los esfuerzos del parto. Su cuerpo fue sepultado temporalmente en Burhanpur, en un jardín amurallado conocido como Zainabad, a orillas del río Tapti. 
  En el lecho de muerte, la princesa le pidió a su marido que la enterrara en un hermoso mausoleo y que no la olvidase nunca. Shah Jahan, acarició su rostro angelical, lívido ante el umbral de la muerte, le cogió la mano con ternura  y juró que, costase lo que costase, así lo haría. 
  Mumtaz Mahal esbozó una sonrisa, entornó los ojos y dejó este mundo, dando paso, así, al inicio de una de los mayores historias de amor. Aquí, nació la leyenda...

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Detalles de las torres y las cúpulas.

  Como cabe suponer, el dolor hizo que Shah Jahan se derrumbara. Se vistió de luto y se mantuvo alejado de la vida pública durante unos meses. Cuando reapareció, el pueblo quedó atónito al verlo tan envejecido. Tenía el cabello canoso, estaba demacrado, con el rostro arrugado y la espalda encorvada. Su hija mayor, Jahanara Begum, tuvo que ayudarlo a retomar las riendas del imperio y terminó ocupando el puesto de su madre en la corte.
  Pero el emperador nunca tuvo intenciones de abandonar el cuerpo de su amada en Burhanpur, de manera que, cuando salió del trance de la pérdida de su esposa, en algún momento de 1631, ordenó su exhumación e hizo que lo transportaran en un féretro de oro hasta la ciudad imperial de Agra, donde lo sepultaron en un pequeño edificio junto al río Yamuna. Él se quedó en Burhanpur para acabar la campaña militar. En cuanto regresó a Agra, se propuso cumplir su promesa y diseñar un monumento espléndido para honrar a la mujer que fuera el amor de su vida y comenzó a planificar el diseño y la construcción de un mausoleo funerario y un jardín adecuado para el descanso eterno de su esposa. Fue una construcción que tardó más de 22 años en terminar: la "corona de la elegida de palacio", el Taj Mahal.

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La obra, en conjunto, es sublime; sus detalles... maravillosos.

  A tal fin, convocó a los mejores constructores y especialistas de la época. Ordenó que construyeran el mausoleo con varios elementos; por una lado, mármol blanco, el cual fue transportado en carretas tiradas por bueyes, búfalos, camellos y elefantes desde las canteras de Makrana en Rajasthán, ubicadas a más de 300 kilómetros de Agra. Por otro lado la arenisca roja, utilizada en fuertes y palacios musulmanes de periodos anteriores al reinado de Shah Jahan. Esta piedra se combinó con mármol negro para levantar las murallas que rodean el complejo y para construir algunas de sus estructuras secundarias. Finalmente, para las decoraciones, el emperador hizo traer turquesas tibetanas, lapislázuli afgano, zafiros de Ceilán y unas gemas llamadas cornalinas que venían desde Arabia. En total, el mármol de la tumba de Mumtaz Mahal quedó incrustado con 28 tipos de piedras semipreciosas y gemas, incluyendo diamantes. 
  Pero, esa promesa se convirtió en obsesión y fue, para el emperador, la gloria eterna por un lado y la ruina económica por otro. Es evidente que una obra como el Taj Mahal tuvo que implicar una importante inversión. En efecto, para su fastuosa construcción y para poder culminarla rápidamente, el emperador tuvo que contratar mil elefantes y a más de veinte mil artesanos provenientes de todas las partes del mundo conocido que, casi sin descanso, trabajaron bajo la dirección del arquitecto de la corte, Ustad Ahmad Lahori. El problema no era solo pagarles, era también suministrar alimento en tales proporciones. Esto habla por sí mismo de la inmensidad de riquezas que poseía el emperador Jahan y del poder de sus dominios. Sin embargo, esa intensidad fue la causa de su ruina absoluta.  Además de agotar los recursos económicos del imperio, Jahan hizo desviar los alimentos destinados a su pueblo para alimentar a los artesanos que trabajaban en palacio. Esto trajo como consecuencia una terrible hambruna. Poco a poco, Jahan llevó el imperio a la miseria y a la desesperación de su gente. 
  En 1658, Shah Jahan enfermó y así dio inicio a una breve guerra de sucesión entre sus herederos. La lucha entre sus hijos Aurangzeb, Muhammad Shuja, Murad Bakhsh y Dara Shikoh, se saldó con la victoria del primero que fue un general experimentado durante la guerra de la meseta del Deccán. Tras las disputas, dio un golpe de estado, derrocó a su padre y lo puso bajo arresto domiciliario, coronándose ese mismo año como nuevo emperador.
  Shah Jahan fue apresado en el Palacio Imperial, es decir, en el Fuerte Rojo. Allí, languideció durante ocho años viendo a cada instante, desde su ventana, el mausoleo donde descansaba su esposa, hasta su muerte en 1666. Aurangzeb ordenó que fuera sepultado junto a su madre, y mandó instalar un cenotafio junto al de ella en la sala principal del Taj Mahal. Desde entonces, yace junto a su amada esposa, cerrando así la gran historia de amor.

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  Como dije antes, el Taj Mahal limita en uno de sus lados con el río Yamuna. La cercanía del río representaba un desafío técnico para sus constructores, pues la penetración del agua en la tierra la hacía inestable. Por ello, los constructores debieron idear un sistema de cimentación innovador que, para aquellos tiempos fue todo un logro de ingeniería civil.

  La solución fue aplicada de la siguiente manera: cavaron pozos para hallar el nivel del agua. Luego, sobre los pozos colocaron una base de piedras y mortero, excepto por uno que dejaron abierto para vigilar el nivel del agua. Sobre esta base , crearon un sistema de columnas de piedra unidas por arcos. Finalmente, sobre estos dispusieron una gran losa de sustentación, que funciona como base para el gran mausoleo.
  Sin duda alguna una gran obra que llegó a estar en serio peligro de abandono. En la actualidad creo que se ha puesto solución a una serie de problemas que surgieron hace unos años con desplazamientos de la cimentación y el deterioro por la polución. 

Esquema de la cimentación del Taj Mahal.
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 El mausoleo es un destino turístico muy importante en India, al que la UNESCO otorgó la condición de Patrimonio de la Humanidad en 1983, declarándolo como "la joya del arte musulmán de India" y una de las obras maestras del patrimonio mundial admiradas universalmente. En 2007 fue incluido en la lista de "Las Siete Maravillas del Mundo Moderno".
​  El Taj Mahal es tan impactante que ha logrado erigirse como un símbolo del amor eterno. Por eso, ni los artistas ni los escritores han logrado sustraerse a sus hechizos. Así, Rabindranath Tagore (1861-1941), poeta y artista bengalí premiado con el Nobel de literatura en 1913, escribió un hermoso poema dedicado al poder del símbolo amoroso que es el Taj Mahal.

Tú sabías, Shah Jahan, que la vida y la juventud, la riqueza y la gloria,
se alejan en la corriente del tiempo.
Por ello, te esforzaste por perpetuar solo el dolor de tu corazón...
Dejaste que los fulgores del diamante, la perla y el rubí
se desvanecieran como el mágico resplandor del arco iris.
Pero hiciste que esta lágrima de amor, este Taj Mahal,
resbalara inmaculadamente brillante
por la mejilla del tiempo, por los siglos de los siglos.
Oh rey, ya no eres más.
Tu imperio se ha desvanecido como un sueño,
tu trono está destrozado...
tus juglares ya no cantan,
tus músicos ya no se mezclan con el murmullo de Yamuna...
A pesar de todo esto, el mensajero de tu amor,
sin sufrir las manchas del tiempo, incansable,
inconmovible ante el ascenso y la caída de los imperios,
indiferente por el vaivén de la vida y la muerte,
lleva el mensaje eterno de tu amor de edad en edad:
"Nunca te olvidaré, amada, nunca".

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Arjumand Banu Begum; la princesa Mumtaz Mahal.

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  Perdonad esta larga charla pero creo que, sinceramente, es una historia que hace entender mejor el sentimiento del monumento. Esperemos que las generaciones futuras puedan seguir disfrutando de él. 

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Exquisito, refinado y sublime; el Taj Mahal, maravilla entre las maravillas, con razón está considerado como una de los edificios más bonitos del mundo.

  Con mucha, mucha pena, abandonamos el mausoleo volviendo la vista atrás para echar un último vistazo. La mañana, que había amanecido plomiza y triste, dio paso a un agradable día, radiante y despejado. 
  En unos tuk-tuks pusimos rumbo a la siguiente visita que apenas distaba 3 Kms de distancia; el Fuerte Rojo.
  Entramos por la puerta del norte, la llamada Delhi Gate. Un precioso arco de estilo Tudor atravesaba unas anchas murallas de color rojizo, dando paso a lo que fue el Palacio Imperial de la dinastía mogol en Agra. Otra magnífica e impresionante obra de arte. 

La entrada para visitar el Fuerte Rojo de Agra.
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Delhi Gate, la puerta norte.
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Una colosal construcción con bellos patios y jardines.
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Amar Singh Gate, la puerta sur.
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El Fuerte Rojo de Agra, está ubicado en la orilla oeste del río Yamuna, cerca del Taj Mahal. Debe su nombre a la piedra de arenisca roja con la que el emperador mogol Yalaluddin Muhammad Akbar (1542-1605) lo mandó levantar en 1565. Su construcción tardó, tan solo, ocho años y en 1573 estaba terminado.
  A Akbar, "el Grande" en lengua árabe, se le considera el mejor de todos los emperadores mogoles. Gobernó el imperio desde 1556 hasta 1605. Era el abuelo del antes mencionado Shah Jahan. La grandeza de Akbar está fundamentada en su gran inteligencia, en su descomunal afán por encontrar el bienestar y la paz para su pueblo y la enorme tolerancia religiosa que promovió y exportó a occidente a través de los caminos de la Ruta de la Seda.

El emperador Muhammad Akbar (el grande).

  El Fuerte Rojo, puede ser descrito como un palacio amurallado, que encierra en su interior un impresionante conjunto de palacios y edificios señoriales con estilos arquitectónicos que varían desde la complejidad de lo construido por el emperador Akbar hasta la simplicidad de lo construido por su nieto Shah Jahan y rodeado de un profundo foso que se llenaba de agua del río Yamuna. Desde el año 1983 está considerado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

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La zona llamada Diwan-I-Am con preciosas columnas. 

  Al cruzar sus imponentes muros de 20 metros de altura, nos dejó al descubierto la marcada huella del imperio mogol a través de un importante legado arquitectónico e histórico en forma de palacios y edificios señoriales, por ejemplo el Jahangiri Mahal, único palacio que data del reinado de Akbar.
  Vimos la sala de audiencias públicas, Diwan-i-Am. Aquí se encontraba el trono del pavo real con incrustaciones de joyas en el que Sha Jahan escuchaba las peticiones. Se encontraba porque fue saqueado en 1739 y posteriormente trasladado a Persia donde fue destruido. La sala está soportada por columnas de mármol y tanto éstas como las paredes del fondo están ricamente decoradas. 

Distintas vistas del Khas Mahal y el palacio Anguri Bagh.
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Desde el Fuerte Rojo teníamos esta vista del Taj Mahal.
En la margen izquierda del río, el lugar donde estuvimos apostados al amanecer.

  Al lado del Diwan-i-Am nos encontramos con otro jardín que luce con esplendor. Es conocido como Anguri Bagh o Jardín de las Uvas, porque parece que tuvo viñas en algún momento. 

Así vería Saha Jahan el Taj Mahal.

  La torre en la que estuvo prisionero Shah Jahan durante ocho años, se encuentra a la izquierda del jardín Mussaman Burj. De diseño octogonal y cubierta por una cúpula de cobre, ofrece una fantástica vista de la tumba de su amada, la cual pudo disfrutar, o sufrir, hasta el día de su muerte. El interior está decorado con celosías y preciosas tallas sobre el mármol, además de incrustaciones de piedras semipreciosas. 
  Así, con esta visita acabo nuestro tour por el Fuerte Rojo. Sin duda alguna, una visita de lo más interesante. Ahora al que le tocaba sufrir era a mí. Decidieron ir a un almacén de trabajo artesanal en el que vendían desde alfombras, pasando por
pashminas, hasta prendas de seda y cachemir. Un lugar que Aritz conocía de viajes anteriores y que tenía prendas de una calidad excelente. Eso sí, el precio era alto. 

  Después de la visita a los telares, fuimos a comer algo y acto seguido volvimos en el micro-bus a Nueva Delhi. Teníamos algo más de 200 Kms por delante, es decir, alrededor

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Interior de la torre donde estuvo preso Shah Jahan.

de cuatro horas de camino. La entrada a la capital fue desesperante. Aunque no llovía, el tráfico era caótico y tardamos casi seis horas en llegar. Cuando lo hicimos, cansados del día tan ajetreado, era ya de noche y con las mismas, tras una ducha caliente nos fuimos a descansar. Esto se acababa. Tan sólo quedaba un día que íbamos a aprovechar para ver el barrio tibetano y el mercado de las especias...

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Nueva Delhi

Me levanté con apetito, de hecho, la noche anterior, entre lo tarde que era y lo cansados que estábamos, no habíamos cenado. Tras reponer fuerzas, nos reunimos en el hall del hotel y fuimos camino de la estación de metro de Chandi 

Chowk en la zona de Old Delhi. En la cuarta parada, concretamente en Vishwavidyalaya, nos apeamos y cogimos unos tuk-tuks hasta el cruce de la calle principal con el anillo de circunvalación. Allí, un paso elevado nos cruzaba a la zona tibetana.

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Camino del barrio tibetano de Nueva Delhi; a la derecha las banderolas que anuncian su entrada.

  El barrio tibetano de Nueva Delhi es un remanso de paz, ubicado al noreste de la ciudad, entre el anillo de circunvalación y el río Yamuna -el mismo que pasa por Agra-. El asentamiento, llamado Majun Ka Tila, alberga a más de 5.000 personas. Sus calles silenciosas, su pequeña plaza con un templo presidido por la foto del Dalái Lama y sus decenas de hoteles y restaurantes funcionan con su propio ritmo, fuera de las pautas frenéticas y caóticas del resto de la capital.

  Allí, viven cientos de familias de refugiados tibetanos acogidos por la India, que han creado un pequeño oasis de calma donde perviven las tradiciones que trajeron del Tíbet. En las callejuelas principales hay hileras de tiendas de libros y música, ciber-cafés y puestos de artesanía. Eso no impide que, en cada esquina, se respire cultura tibetana. Todavía hoy, en la escuela del barrio, los niños aprenden a leer y escribir en la lengua de sus abuelos. Desde la plaza, donde se ubica el monasterio, empezamos a recorrer esta laberíntica colonia de casas bajas y calles muy estrechas, adornadas con banderas de oración. Esta plaza es el único espacio público al aire libre -unos 25 m2- y, por eso, es el centro de todas las celebraciones.

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El monasterio tibetano de Majun Ka Tila.

  Los ancianos, con el traje tradicional y el rostro surcado de arrugas, se sientan en los bancos rezando con sus rosarios o haciendo girar sus molinillos de oración y recordando a los familiares que permanecen en el Tíbet, mientras cuentan cientos de historias a los niños.

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Símbolos tibetanos en el templo del barrio.

  El vocablo occidental referente a "Tíbet" se remonta al siglo XVIII. Los lingüistas históricos generalmente coinciden en señalar que, en las lenguas europeas, es un préstamo del semita Ṭībat, literalmente, "las alturas".

Un poco de historia:

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  Las disputas entre tibetanos y chinos por el territorio vienen desde muy atrás en el tiempo. El Imperio tibetano existió entre 629 y 841. Su primer emperador fue Songtsen Gampo, quien es considerado un ancestro de Gengis Kan. En su apogeo, en los años 780 a 790, el imperio tibetano alcanzó su mayor gloria cuando gobernaba un área que se extendía por parte de lo que es hoy Afganistán, Bangladesh, Bhután, Birmania, China, India, Nepal, Pakistán, Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán siendo, además,  paso obligado de las caravanas de la famosa Ruta de la Seda. 

Bandera del antiguo Imperio Tibetano.

El budismo se estableció como la religión del estado y el poder tibetano se fue incrementado, aún más, en grandes áreas de Asia Central. Fue el primer país del mundo antiguo en establecer escuelas públicas, en las que se enseñaba a leer y escribir en tibetano y chino. ​​También se les enseñaba religión y artes militares. Los terrenos de cultivo no eran propiedad del estado, sino de la persona o personas que los trabajaban. Esto permitió una gran armonía entre el pueblo y el estado. También estaba prohibida la pena de muerte. Pero, largas luchas internas por el poder debilitaron la fuerza del Tibet Imperial y dio al traste con su hegemonía en Asia Central.

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Mapa de los territorios que ocupaba el Imperio Tibetano en el año 750.

  Tras una larga época de deriva, en la que su identidad se diluía, a partir del s. XIV, la figura del Dalái Lama que significa "océano de sabiduría", apoyada por clanes mongoles, además de ejercer como líder espiritual, asumió el gobierno del Tíbet, volviendo a reforzar la unidad del país. Se estableció una administración civil que se conoce como el estado de Lhasa y se construyó el Palacio de Potala, desde donde se ejercía el liderazgo.
  Pero, la página más negra de la historia de Tíbet se escribe en la segunda mitad del s. XIX y es lo que hace que se desencadenen unos acontecimientos que dan origen a estos campos de refugiados como el de Nueva Delhi...
Esta es su cronología:
> 15 de agosto de 1950: un gran terremoto sacude Tíbet dejando 1.526 muertos.
> 7 de octubre de 1950: aprovechando la debilidad de un pueblo muy castigado, el ejército de la R. P. China derrotó al débil ejército tibetano en Chamdo, al este del país. China invade Tíbet.
> 17 de noviembre de 1950: con tan sólo 15 años de edad, Tenzin Gyatso, el actual Dalái Lama, asume la Jefatura de Estado.
> 23 de mayo de 1951: los líderes tibetanos son obligados a firmar un tratado de rendición que pone la región bajo la administración China. La invasión y ocupación estaban consumadas.
> Junio de 1954: la población tibetana se resiste a la ocupación y se producen disturbios y enfrentamientos.
> Abril de 1956: milicias tibetanas de la región de Kham, empiezan a luchar contra el gobierno chino.
> Marzo de 1959: los choques violentos entre los ocupantes chinos y la población tibetana  causan cerca de 90.000 muertos sólo en Lhasa.
> 17 de marzo de 1959: el Dalai Lama, sus ministros y 70.000 personas más, huyen tras la durísima represión china y se instalan en Dharamsala, en el norte de la India. En 1989 se le concede el Premio Novel de la Paz. Actualmente dirige desde India el gobierno tibetano en el exilio.

  Se calcula que el ejército de la R. P. China, masacró a 1.000.000 de ciudadanos tibetanos y destruyó cientos de templos y miles de obras de arte, en lo que podíamos denominar, un auténtico genocidio.
  Todavía hoy, al igual que en la provincia uygur de Sinkiang (Xinjiang), el gobierno chino sigue incrementando la población de etnia han en Tíbet, con la intención de acabar con las minorías originales de ambas regiones.

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Free Tibet !!

Bandera actual de Tibet.
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Unos niños hindo-tibetanos.
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  Lo mejor para profundizar en la cultura tibetana, sin lugar a dudas es ir allí pero, si vas a Nueva Delhi y quieres ver unas pinceladas de como puede ser la vida en el Tíbet, te recomiendo que vayas a la pequeña colonia de refugiados tibetanos. El cambio entre la cultura hindú y la tibetana es sorprendente y la paz que allí se respira es suficiente motivo para animarse. 

  Tras pasar la mañana en el barrio tibetano, volvimos al centro de Nueva Delhi. Nos dirigimos a una zona cerca de un templo de religión sij y comimos allí al lado.  

El pacífico entorno donde viven los tibetanos,  junto al río Yamuna.
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De paseo por el mercado de las especias.
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  Después, entramos a una zona de galerías comerciales para ver si había alguna ganga en cámaras o material fotográfico. Algun@ de los comañer@s sé que compró algo que le hacía falta, algún filtro o algo así...


  Luego, por la tarde, cogimos unos tuk-tuks y fuimos al mercado de las especias. Me gustó mucho disfrutar del dulce olor del curry, la canela y el azafrán... y me puse a estornudar con el penetrante aire viciado por la pimienta y las guindillas. Pasamos un rato agradable e incluso me hizo recordar olores de la infancia. Además, vivimos la intensidad con la que se negocia en este tipo de lugares.

El último paseo por Nueva Delhi.

  La tarde se fue en un suspiro. Era momento de regresar al hotel y recoger todo. Por la mañana tocaba traslado al aeropuerto y vuelo de regreso a casa. 
  En el hotel, Rosa y yo, preparamos un paquete para facturar unas especias y algunos regalos que habíamos comprado. Rosa traía, sobre todo, una riquísima vainilla - de enormes y frescas vainas- para hacer sus cremas en la pastelería. Además, algún perfume y alguna pashmina. Yo, en cambio, traía alguna figura tallada de artesanía rajasthaní y también fulares y pashminas. Tras preparar el paquete fuimos a una empresa de mensajería y lo facturamos. Con eso nos librábamos de bastante peso en el equipaje y de problemas en la aduana.
  Después, nos reunimos todos y, a semejanza de Jesucristo, hicimos la última cena... :-)  Más tarde, tras una ducha y un repaso a la habitación para no dejarnos nada, nos fuimos a descansar. El viaje había llegado a su fin.

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Nueva Delhi - Munich - Bilbao - Astigarraga

Nos levantamos temprano, el vuelo salía hacia las 10:00 y teníamos unos 15 Kms hasta el Indira Gandhi International Aiport, 45 minutos sin contratiempos... Nos organizamos en unos taxis y arrancamos. Llegamos sin contratiempos.

Tras los controles de seguridad y demás embarcamos con destino Munich. Teníamos 8h 30m de vuelo, es decir llegaríamos sobre las 13:30 hora de Europa. 

  Llegamos sobre el horario previsto y nos dirigimos a los controles de seguridad. No había mucho tiempo, apenas una hora para el vuelo Munich-Bilbao. Nos encontramos con unos exhaustivos controles de seguridad y nos hicieron sacar todos los aparatos de fotografía para mirarlos uno por uno de forma detallada. El tiempo pasaba a toda velocidad y la hora de cierre del embarque estaba encima... ¡¡ No llegábamos !!
  Rosana, una de las compañeras, había pasado por delante y estaba en la puerta de embarque diciendo a la azafata que faltaba todo el grupo. Recogimos todo como pudimos buenamente pudimos y, a la carrera, fuimos pasillo arriba para embarcar. El embarque estaba ya cerrado, nos estaban esperando... ¡¡ Cogimos el vuelo ¡¡ por los pelos !! Si no llega a pasar Rosana por delante y obliga a esperar un poco, no lo hubiésemos cogido.
  Después del stress, con tod@s a bordo, tocaba relajarse un poco en las dos horas y cuarto que teníamos hasta Bilbo. El vuelo transcurrió sin problemas y sobre las 16:00 horas estábamos en "el Botxo". Tras recoger el equipaje, llegó el momento de que el grupo se disolviera. Algunos se quedaban en Bilbo y Gernika pero la mayoría volvíamos para Donostia. Sobre las 18:00 horas estábamos de regreso en casa.

Este viaje, además de ser mi primer gran viaje, fue como he dicho anteriormente, un renacer a la vida. India me enamoró y me cautivó de tal manera que juré que volvería y aunque visite muchos más países y conozca muchas culturas, siempre, siempre, por muchos y diferentes motivos, recordaré este viaje como el que más marcó mi vida. 
  Agradecer el cariño de todas las personas que convivieron con nosotros. Gracias a Aritz por su amistad, su paciencia y su buen hacer; gracias a Nagore por sus magistrales clases de fotografía y a tod@s l@s compañer@s por hacer que todo fuese tan fácil. 

Llegando a Bilbao; sólo faltaba aterrizar sin problemas en  Loiu.
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P.D.     

  Al cabo de unos días, llegó el paquete que habíamos mandado por mensajería. Llegaba con otro precinto distinto al que nosotros le habíamos puesto, es decir, en algún punto del recorrido lo habían abierto. Faltaban las especias y el perfume. Nunca hemos sabido si lo quitaron en la aduana, allí mismo en la empresa de mensajería o ya aquí en destino... 

Dhanyavaad doston !!

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© F. J. Preciado  2013

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