"La vida, como la fotografía, consiste en positivar lo negativo"

Mayo de 2017

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China

Una milenaria cultura: tradición y vanguardia

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Panorámica de la Gran Muralla en su tramo de Badaling.

  Después de unos meses sin viajar, con ganas e ilusiones renovadas, decidimos hacer un viaje que ambos teníamos marcado en nuestra lista... De nuevo Asia, pero esta vez para zambullirnos en la milenaria, atractiva y sabia cultura china. Visitaríamos Beijin (Pekín) y Shanghai. La idea de pasear por la Gran Muralla, cumpliendo uno de los grandes deseos de  mi vida, me llenaba de emoción y hacerlo junto a mi compañera sería la guinda para disfrutar de un viaje que ambos esperábamos con muchísimo entusiasmo.

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Astigarraga - Barcelona - Dubái

La espera se había hecho larga, como siempre. En esta ocasión, el idioma, las dificultades de entrada al país y la seguridad de cara a los viajes internos, nos llevó a contratar los servicios de una agencia de viajes, Holiday Plus. Todo

en orden, muy buena comunicación y una fácil y ágil gestión con ellos. Nos prepararon la carta de invitación, el listado de hoteles, los vuelos y los últimos trámites administrativos para poder obtener el visado... ¡¡ Todo perfecto !! Por fin había llegado el día señalado. Ambos trabajamos por la mañana, ya que el vuelo de Barcelona a Dubái salía a las 22:40 horas. 

  Teníamos el equipaje y el equipo de fotografía preparados con varios días de antelación, así que, a las 16:15 Tina nos acercó hasta Hondarribia para volar a las 17:40 hacia la ciudad Condal... ¡ Ya estábamos en marcha !
Este primer vuelo transcurrió sin contratiempos. Tras la espera pertinente y los clásicos nervios iniciales, llegó la hora de embarcar. Volábamos con Emirates Airlines en el mayor avión de transporte de pasajeros, un Airbus-380, que nos llevaría en siete horas hasta los Emiratos Árabes Unidos, concretamente a Dubái.
​Con algunos minutos de retraso, a eso de las 22:50, el vuelo EK-188 despegaba de la T1 de Barcelona...

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La carta de invitación y el listado de hoteles para el viaje.
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El visado de entrada a la R. P. China.

  Ya habíamos volado en un Airbus-380, fue en nuestro primer viaje a India, con Lufthansa. En esta ocasión, la distribución interior, aun siendo similar, era distinta. Sobre todo en la zona de los aseos. Por lo demás, dos pasillos y tres filas de 

butacas, con hileras de tres asientos en los laterales y cuatro en el bloque central. Cada "juguete" de estos, que sólo se fabrica en Europa, cuesta 433 millones de $ y en sus dos cubiertas tiene capacidad para albergar a 853 pasajeros. Según los datos de la Wikipedia, existen en la actualidad 213 aparatos en funcionamiento, de los cuales Emirates Airlines es propietaria de 91...

¡¡ Eso es nada !!

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El Airbus-380 de Emirates Airlines, por fuera y por dentro.

  No viajaba mucha gente, así que no tuvimos problemas para cambiar los asientos y sentarnos juntos. Nos acomodamos en nuestros sitios y nos relajamos. Enseguida sirvieron la cena, esta vez... ¡¡ Con sorpresa !! 

  Para variar sirvieron chicken y brassed beef... No fish que hubiera sido lo clásico... :-) Sin más, la comida del avión ya se sabe como es... De todas formas, todo muy bien. No escatimaron en la bebida y más de uno salió con una buena "toña"...

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Dubái - Beijing

Después de la cena, era el momento de ponerse cómodos e intentar dormir un poco. La llegada a la Terminal 3 de Dubái estaba prevista a las 07:35 hora local, así que teníamos un buen rato por delante. Como había sitio de sobra, 

hubo oportunidad de estirarse en los anchos asientos. Rosa, que estaba agotada tras haberse levantado a las 05:00 horas del día anterior, lo agradeció. Este vuelo, para mí, fue visto y no visto. Ya estábamos en los EAU. Ahora teníamos cuatro horas de escala, suficientes para estirar las piernas sin agobios, desayunar tranquilamente e incluso aprovechar las cómodas tumbonas que se pueden utilizar a lo largo de los aeropuertos árabes. En Riad (Arabia Saudí) nos pasó lo mismo... En Dubái, si cabe, aún era todo más lujoso.

  El vuelo EK-308 a Beijing salía a las 11:00 hora local. Sobre las 10:00 el grupo se volvió a reunir para embarcar. Creo recordar que estaba asignada la puerta 15 y a última hora se cambió a la 7. De nuevo teníamos asientos separados y empezamos a hacer cábalas para cambiar, ya que eran muchas horas de viaje y nos apetecía viajar juntos. Rosa lo pasa mal en los despegues y, cuando el avión se mueve algo por la más mínima turbulencia, me gusta estar a su lado en esos momentos. Teníamos filas distintas, que solucionamos cambiándole a Ana su asiento. Pero, nos separaba el pasillo. Le comenté con un poco de morro, a un tipo que parecía nepalí, si nos cambiaba de sitio y este accedió más o menos gustosamente... ¡¡ OK !!  ¡Ya estaba solucionado!  Además, el asiento de la ventana estaba libre, así que teníamos tres asientos para los dos, así que, al final, hicimos un viaje muy cómodo... ¡¡ De lujo !! ¡¡ Qué morro !!
  Despegamos sin problemas y nos dirigimos hacia el norte, para sobrevolar Irán y dirigirnos hacia Pakistán. A eso de las 13:00 horas sirvieron la comida. Después tuvimos un par de minutos de unas leves turbulencias, justo antes de pasar sobre la cordillera del Karakórum. El comandante del vuelo comentó que en unos minutos podríamos ver las montañas. Joan, nuestro guía, vino a avisarnos. Con las mismas preparé mi "fusil" y me dispuse a "disparar" a saco. El día era claro y el cielo estaba bastante despejado... Con un poco de suerte podría hacer alguna foto "decente"... y... ¡¡¡ Et voila !!!

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Panorámica de la cordillera del Karakórum, desde 11.000 metros de altura. Cruce de fronteras entre India, China y Pakistán.
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Distintas vistas de la cordillera del Karakórum.

  La cordillera de Karakórum, cuyo nombre viene del turco y se traduce cómo "pedregal negro", es junto al Himalaya, la otra gran cordillera de Asia. Está situada en la frontera entre Pakistán, India y China. Tiene una longitud de unos 500 km y es la región del mundo con más glaciares fuera de las regiones polares.
De los catorce "ochomiles" del planeta, diez están en la cordillera del Himalaya y los otros cuatro en la cordillera del Karakórum, son:

  • K2 (8611 m)

  • Gasherbrum I (8068 m)

  • Broad Peak (8047 m)

  • Gasherbrum II (8035 m)

  Mi cámara tiene GPS incorporado. Normalmente lo llevo activado pero, en estas fotografías no se han guardado los datos de posicionamiento, es decir latitud y longitud, por lo que soy incapaz de situar las fotos en el mapa para saber que montañas son las que he sacado. No sé si el sistema de inhibidores del avión desactiva los datos o qué ha pasado, pero sin las coordenadas, situar las fotos en el mapa resulta más complicado que sentarse en un pajar y clavarse la aguja...
Si alguien sabe como hacerlo, o conoce el territorio, agradecería su colaboración. De todas formas, seguiré intentándolo.

  Miré las fotos en la misma cámara, parecía que alguna podía valer la pena y me dio un tremendo "subidón". Ahora tocaba atravesar la India y todo el territorio chino. Lo cruzamos por su extremo norte, sobre volando la frontera con Mongolia, pudiendo ver desde el avión las estribaciones del desierto del Gobi. Pero el final del viaje se hizo muy, muy largo. Desde la parte occidental de China hasta la ciudad de Beijing fueron mas de tres horas de viaje y, después de llevar ya unas veinte horas desde que salimos de Barcelona y unas veinticuatro desde que salimos de casa, el cuerpo lo notaba...

  A las 22:30 hora local llegamos a Beijing... ¡¡ Por fin China !! Recogimos las maletas facturadas del resto del grupo, ya que Rosa y yo viajábamos sin facturar, sólo con una maleta de cabina y la mochila del equipo de fotografía. Después a pasar por el agobio de los controles... Hasta tres veces pasamos por los escáneres. El primero con detector de temperatura corporal incluido.

  Al llegar al último escollo, el control de inmigración, me entró un poco de congoja... habían ido pasando ya todos los compañer@s y a mí me retenían sin dejarme entrar. 

Las azafatas de Emirates Airlines en el aeropuerto de Beijing.
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  El guardia que estaba en la ventanilla me miraba sin cesar. Mi físico habían cambiado algo en comparación a la fotografía del pasaporte. Unos cuantos kilos de menos y la barba que actualmente llevo, le hicieron dudar. Llamó a otro compañero y le entregó el pasaporte. El otro guardia siguió con el repaso visual. La duda le hizo salir de su puesto y se colocó frente a mí, a un palmo de mi cara. Me miró, me volvió a mirar, de frente, de perfil... Me estaba agobiando. Yo le hice un gesto, intentando explicar que estaba más delgado y que tenía barba, pero era como predicar en el desierto. Él iba a lo suyo... Entró de nuevo en la garita y se pusieron a hablar entre ellos. El policía que había salido a "escanearme", hacía un gesto de duda. Hablaron un minuto más y por fin se decidieron a dejarme pasar... ¡¡ Buufffffff, qué estrés !! y ¡¡ que a susto !!  Me veía de vuelta a casa, después de estar en la misma entrada... Por fin pasamos todos y salimos del aeropuerto... Fuera nos esperaba Du-Fán, nuestro guía en Beijing. 

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El hall y la tarjeta del Grand Gongda Jianguo Hotel de Beijing.

  Después de un buen rato pusimos rumbo al hotel. Eran las 02:30 horas del miércoles 24 de mayo, cuando acabamos con el check-in. Joan organizó la jornada siguiente y cada cual fue buscando su lugar de reposo. Estábamos bastante cansados, llevábamos cerca de treinta horas de periplo por el mundo... ¡¡ Una camita !! ... Por favor... La jornada siguiente comenzaría con la visita al Templo del Cielo y la Plaza Tiananmen... Temprano, muy temprano...

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Beijing

A las 06:30 horas sonó el despertador. Estábamos bastante cansados, pero había que ducharse y bajar al hall a desayunar. El grupo estaba alojado entre las plantas cuarta y quinta... ¡¡ Bueno... Fuera pereza !! ¡¡ Arriba !!

Había que reponer fuerzas y cargar las pilas para la intensa jornada que nos esperaba. Tras desayunar, el grupo se reunió en la puerta del hotel para arrancar con la jornada. Nuestro hotel estaba situado hacia el sureste del anillo que compone toda la ciudad antigua, formada por la Ciudad Exterior, la Ciudad Interior, dentro de esta la Ciudad Imperial y en el núcleo de esta última, la Ciudad Prohibida. En el autobús que nos trasladaría a los diferentes destinos, Du-Fán se presentó de forma más extensa. Un hombre alegre, dicharachero, con ganas de vivir y con mundo a sus espaldas. Nos dijo que si se nos hacía difícil pronunciar su nombre, le llamáramos Miguel, algo absurdo para mi entender, pero bueno... Hablaba bastante correctamente el castellano y nos contó que había estudiado turismo en México, donde pasó varios años. 

  Du-Fan, llevaba preparado algo de dinero para cambiar -todo un detalle por su parte- así que, cambiamos algo para tener cash, mientras nos dirigíamos a nuestro primer destino.

Colección de monedas y billetes de curso legal.
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  Nuestra primera visita era El Templo del Cielo. Está situado en la parte más meridional de nuestra ruta. Es un complejo de edificios religiosos situado al suroeste de Beijing, en lo que se denomina Tiantan Park, un espacio de verdes jardines y árboles centenarios, a dónde la gente se acerca al amanecer para hacer sus ejercicios de Tai-Chí, jugar a las cartas o al ajedrez chino. Fue construido en 1420. Los emperadores de las dinastías Ming y Qing lo visitaban para rezar y pedir una abundante cosecha en primavera y para dar las gracias por los frutos recibidos en otoño. Desde 1998 está considerado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

El Templo del Cielo en Tiantan Park.
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La  "juventud" se mantiene activa disfrutando de intensas partidas a cartas y ajedrez o haciendo sus ejercicios de Tai-Chí.
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El Tiantan Park, un espacio verde de los muchos que se encuentran a lo largo y ancho de la capital del norte, Beijing.
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  Tras el primer contacto nos dirigimos hacia el norte, a la Plaza Tiananmen. Du-Fán dejó entrever que es un ferviente seguidor de la doctrina de Mao Zedong al que consideró, en más de una ocasión, como "el libertador" del pueblo chino. Mao Zedong (1893-1976), aunque se pronuncia Mao Tse Tung, fue un bibliotecólogo perteneciente a una familia humilde que posteriormente acabaría convirtiéndose en uno de los personajes claves del siglo XX, tras erigirse como destacado dirigente del Partido Comunista Chino y de la República Popular China. Yo no entro a juzgar la labor de Mao en la historia reciente del gigante asiático, ni tampoco la de los emperadores. La historia pondrá a cada uno en su sitio... 

EL retrato de Mao Zedong en la Plaza Tiananmen.

  En el plano ideológico, Mao, asumió los planteamientos del marxismo-leninismo pero con matices propios basados en las características de la sociedad china. En particular, el comunismo de Mao otorga un papel central a la clase campesina como motor de la revolución, planteamiento que difiere de la visión tradicional marxista-leninista de la Unión Soviética, que veía a los campesinos como una clase con escasa capacidad de movilización y adjudicaba a los trabajadores urbanos el papel central en la lucha de clases.

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El "Comandante" junto al mausoleo de Mao Zedong.

  La etapa de gobierno de Mao estuvo caracterizada por intensas campañas de reafirmación ideológica, que provocarían grandes conmociones sociales y políticas, como el Gran Salto Adelante y especialmente la Revolución Cultural, momento en el que su poder alcanzó las cotas máximas al desarrollarse un intenso culto a la personalidad en torno a su figura.
Aún, hoy en día, el papel histórico de Mao está rodeado de una gran controversia. Hay datos estadísticos que hablan del cambio durante su gobierno, por ejemplo:
- Entre 1949 y 1975 la esperanza de vida aumentó de 44 a 65 años.
- A comienzos de los años 70, Shanghái tenía una tasa de mortalidad infantil menor que Nueva York. 
- La tasa de alfabetización subió del 15 % en 1949 al 80 % a mediados de los años 70. 


  Entre 1949 y 1976, China, el «enfermo de Asia», se transformó en una potencia industrial importante, con una tasa de desarrollo igualada, únicamente, por los grandes auges de crecimiento de la historia. ​
  Os dejo un enlace a la Wikipeida, por si queréis leer algo más sobre la figura de Mao Zedong:

https://es.wikipedia.org/wiki/Mao_Zedong

​  Yo lo dejo ahí, cada uno que piense lo que quiera... Por supuesto.

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“Hay que luchar y seguir luchando aunque sólo sea previsible la derrota.”

Mao Zedong

  Llegamos a la Plaza Tiananmen ó Plaza de la Puerta de la Paz Celestial... ¡¡ Espectacular !!

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Panorámica de la Plaza Tiananmen.

  La Plaza Tiananmen fue ideada y construida dentro del plan urbanístico de la capital, con la creación de la República Popular China en 1949, convirtiéndose en símbolo del nuevo país. Con su construcción se pretendió crear una gran explanada en la que se pudieran desarrollar masivos actos de adhesión política, al estilo de los que se realizaban en la Plaza Roja de Moscú en la Unión Soviética y cuya tradición era inexistente en China. El cuadrilátero de la plaza está construido siguiendo el eje sur-norte de la Ciudad Prohibida. Está flanqueada por dos importantes edificios, de estilo soviético: por oriente el Museo Nacional de Historia y de la Revolución y por occidente el Gran Palacio del Pueblo, sede de la Asamblea Popular Nacional, y cerca de allí el nuevo Gran Teatro Nacional de China.
  Se ubica en el centro geográfico y político de la capital, sobre la meseta de Loess. La plaza de Tiananmen es una de las más grandes del mundo, con 880 metros de norte a sur y 500 metros de este a oeste, con una superficie total de 440.000 m².

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La Puerta Zhengyangmen, antiguo parapeto defensivo de la Ciudad Prohibída.
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Sede de la Asamblea Popular Nacional.
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Paseando por la Plaza Tiananmen, al fondo el mausoleo de Mao Zedong.
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En estos dos planos podemos ver la ruta seguida de sur a norte y la distribución de las ciudades, la exterior, la interior y la Ciudad Prohibida.

  Du-Fang nos ilustró con una magistral lección de historia y mientras escuchábamos, yo aprovechaba para hacer las fotos que darían lugar a la panorámica de la plaza. Después, fuimos hacia el mausoleo de Mao y más tarde nos dirigimos todavía más al norte, hacia la Ciudad Imperial. Entramos por la puerta más meridional, por Yongdingmen y fuimos caminando hacia la parte más septentrional, buscando la Ciudad Prohibida. 

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  La entrada me resultó espectacular... Pensar que en otra época solo los elegidos podían caminar sobre esas piedras, me ponía el bello de punta. Tanta historia entre esos muros y ahora nosotros éramos los afortunados de caminar por allí. ¡¡ Una auténtica maravilla !!


  Du-Fang no paraba de contarnos historias y leyendas, las iba distribuyendo en capítulos para mantener nuestra atención, un "xalau"...

  Joan se comportaba como uno más del grupo, con la salvedad de que siempre estaba pendiente de que todo fuese por buenos derroteros.

Detalle de la puerta de entrada a la Ciudad Interior.
Puerta de entrada a la Ciudad Interior.
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Panorámica de la Ciudad Prohibida, al fondo en la mitad del plano, el Palacio de la Suprema Armonía.

  La Ciudad Prohibida empezó a construirse en 1406 (IV año del reinado del emperador Yong Le, de la dinastía Ming) y fue concluida en 1420. Cubre una superficie de más de 720.000 m² y posee 9.999 habitaciones. Los chinos dicen que su Dios tiene 10.000 habitaciones en "el cielo", por eso el emperador debe de estar por debajo del Dios supremo... El núcleo de la ciudad está rodeado por una muralla de diez metros de alto y un foso de cincuenta y dos metros de ancho. 
​  Entrar en la Ciudad Prohibida fue como entrar en un mundo mágico. La elegancia, el colorido y la simetría de sus palacios y plazas hace de este lugar un espacio irrepetible. Cruzamos el río de las aguas doradas y llegamos al Salón de la Perfecta Armonía.

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Jugando con el enfoque y desenfoque... "Pedradas" mías...
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Mucho turismo, sobre todo interior.

  Verdaderamente son obras de arte maravillosas, pero si analizas la historia de aquella época, me resulta completamente injusto, deplorable e incluso cruel, ver como los emperadores se jactaban de su opulencia, mientras el pueblo moría de hambre. Du-Fang nos contó como a la emperatriz T´zu-hsi le disponían tres mesas llenas de comida (que alimentarían a unas mil quinientas personas) para su deleite personal... La más cercana a ella para ver la comida, la siguiente para olerla y la más alejada para comer...
  Miles de historias y leyendas en las que cada uno profundizará lo que desee. Os dejo los enlaces a unos documentales por si queréis saber algo más sobre la vida de la emperatriz T´zu-hsi y el último emperador de China.

https://www.youtube.com/watch?v=MKuFear1S5Q
En la Ciudad Prohibida
https://www.youtube.com/watch?v=Hl6n_mH2OTw
Tz´u.hsi: la última emperatriz de China

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El Palacio del Salón de la Perfecta Armonía, donde se ubicaba la estancia del emperador.
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Miles de detalles a tener en cuenta por todo el recinto.
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Los enromes cuencos, en su día bañados de oro, están repartidos por toda la Ciudad y eran el sistema de protección contra los incendios.
Tras el asalto por el ejercito de las ocho banderas manchues de origen mongol en 1644, se saqueó la Ciudad y fueron rascados para extraer ese oro como trofeo.
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Detalles de los espectaculares tejados de los edificios.
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Dragones tallados en enormes moles de piedra, relojes solares, guardianes de la entrada y en medio, el salón del trono del emperador.

  Tras atravesar todo el recinto de la Ciudad Imperial, con la Ciudad Prohibida en su centro neurálgico, salimos por la puerta norte, para subir a la "Colina de Carbón", donde se suicidó en 1644 el emperador Chongzhen, el último emperador de la dinastía Ming, derrocado en una rebelión campesina liderada por Li Zicheng, quien estableció la dinastía Shun. Esta fue rápidamente sustituida por la dinastía Qing, de origen manchú y última dinastía de emperadores chinos.

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La Colina de Carbón desde la puerta norte de la Ciudad Prohibida.
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La Ciudad Prohibida desde la cima de La Colina de Carbón.
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El Buda Dorado del templo sito en La Colina de Carbón.
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La comida china... ¡¡ Exquisita!! 

  El sol que nos castigó toda la jornada, la gran caminata y el cansancio acumulado, hicieron que la visita a la Colina de Carbón fuese la última del día. Habíamos tomado un "tente en pie" para aprovechar a tope la jornada y ahora la tarde se nos había echado encima. Tocaba ir a cenar algo y descansar. Al día siguiente visitaríamos la Gran Muralla de Badaling y había que salir temprano...
Cenamos en el hotel, en grupo. Nos vino bien, cambiamos impresiones y comentamos vivencias... 

Los guardianes de la puerta; Esta, con el cachorro bajo su pata, es la hembra.
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Beijing - Badaling - Beijing

La víspera quedamos a las ocho de la mañana para recorrer, en autobús, los 80 kilómetros que separan la capital Beijing de la localidad de Badaling, donde se encuentra el tramo de la Gran Muralla mejor conservado y por ente más visitado 

por el turismo... Habíamos descansado bastante bien y tras un opíparo desayuno, estábamos prestos para la segunda jornada. 

  La Gran Muralla China... Uno de mis grandes sueños. Ilusión, emoción y una tremenda alegría por compartir esta experiencia con mi compañera. Todo preparado, baterías cargadas y tarjetas vacías, cámaras limpias, polarizador para el sol, etc, etc...

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Equilibrio y armonía entre construcciones y zonas verdes.

  Me sorprendió gratamente la limpieza de las calles de Beijing. Su arquitectura también es espectacular. Una ciudad tan grande, una ciudad que crece hacia arriba, con grandes torres de viviendas, pero que integra las distintas zonas y edificaciones con gran equilibrio... Ya se sabe, el yin-yang. Además, a lo largo y ancho de toda la capital, grandes espacios verdes se intercalaban entre las enormes manzanas de viviendas. Una integración que, por lo menos para mí, causaba un efecto de cierta relajación, sin llegar a agobiarme en plena vorágine de tráfico y peatones. Me sorprendió gratamente la limpieza de las calles de Beijing. Su arquitectura también es espectacular.

Rosa observando la exquisita artesanía oriental.
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  Una ciudad tan grande, una ciudad que crece hacia arriba, con grandes torres de viviendas, pero que integra las distintas zonas y edificaciones con gran equilibrio... Ya se sabe, el yin-yang. Además, a lo largo y ancho de toda la capital, grandes espacios verdes se intercalaban entre las enormes manzanas de viviendas. Una integración que, por lo menos para mí, causaba un efecto de cierta relajación, sin llegar a agobiarme en plena vorágine de tráfico y peatones.

  El día se presentaba igual que el anterior, unos treinta y cuatro grados y sin riesgo de lluvia. ¡¡ Perfecto !! La verdad es que en ese sentido tuvimos mucha suerte, la víspera de llegar a Beijing, según nos dijo Du-Fan, había llovido algo y por eso la contaminación no se dejaba notar en exceso. De todas formas, al final del día, las vías respiratorias se quedaban un poco resentidas, notando la sequedad del ambiente.
  Tras aproximadamente una hora de carretera, hicimos una parada intermedia para descansar y ver una fábrica de cerámicas.

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Maravillosas piezas de artesanía, pero muy caras. A la derecha, trabajadoras del sector en plena faena.

  Después de una corta parada arrancamos nuevamente. Faltaba casi la mitad del camino. De momento no habíamos cogido mucho tráfico, pero ese era un asunto imprevisible. En cualquier momento y por cualquier motivo, se preparaba un atasco monumental... Según nos acercábamos a Badaling, se empezaba a ver la Gran Muralla... ¡ Qué ganas !

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Primeras vistas de la Gran Muralla, sacadas desde el autobús.
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Puerta y plaza de acceso a la Gran Muralla de Badaling.
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Detalle de la puerta.

  A media mañana llegamos a Badaling. Todo preparado para acoger grandes "hordas" de turistas. Como en todos los sitios, mucho turista nacional. Era relativamente temprano y ya se notaba la afluencia masiva de gente. Nos dirigimos hacia la puerta principal y sin perder el tiempo, subimos a pasear por la Gran Muralla. 

  Teníamos un par de horas para disfrutar de esa obra única en el mundo... Cámaras al cuello y botellita de agua en la mochila ( el sol calentaba de lo lindo ), empezamos a recorrer el tramo en sentido izquierdo. La mayoría de los chinos, que por cierto son muy supersticiosos, accedían al tramo de la derecha, así que, parecía, solo parecía, que el tramo izquierdo estaba menos transitado.

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"Mi chinita" en Badaling.
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La Gran Muralla se extiende hasta el infinito...

  Entre los siglos VII y IV a.n.e., los principados feudales construyeron murallas defensivas en sus respectivas fronteras con el fin de protegerse de los ataques de los hunos, una de las tribus nómadas del norte de China, así como de los feudos vecinos. Después de la unificación de China, en el siglo III a.n.e., Qin Shi Huang, primer emperador de la dinastía Qin, unió las murallas aisladas, convirtiéndolas así en la Gran Muralla. Badaling es un sector reconstruido durante la dinastía Ming basándose en la obra original y que se conserva casi intacto, salvo las reconstrucciones pertinentes a lo largo de los siglos. La Gran Muralla se compone de muros, pasos, atalayas y torres. En los pasos, levantados generalmente en los caminos importantes, se acantonaba el ejército imperial.     

  Después de la "liberación", el gobierno popular restauró varios sectores de la Gran Muralla y este de Badaling es uno de los más frecuentados por su buen estado de conservación.

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Panorámica de La Gran Muralla, una obra gigantesca y simplemente... ¡ Espectacular !
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  El paseo resultó ser bastante exigente. Las empedradas y empinadas cuestas y los altos escalones que nos íbamos encontrando, enseguida minaron las fuerzas de Rosa que, tras llegar al primer torreón, tomó la opción de no seguir subiendo y volver poco a poco sobre sus pasos. Me daba apuro dejarla sola, pero tras su insistencia y movido por la curiosidad y la ilusión de pasear por tan emblemático escenario, tiré para arriba en busca de nuevas instantáneas para la colección. Resultó exigente de verdad. Calculo que había unos tramos con una pendiente superior al 12% y otros con escalones de más de cuarenta centímetros de altura... "Durillo", pero valió la pena el esfuerzo.

Arriba, distintas vistas de La Gran Muralla.
A la izquierda, Rosa en plena faena... Sinceramente, disfrutamos como niños.

  Poco a poco fui ganando altura, hasta llegar al punto más alto del tramo de la izquierda. La mañana avanzaba extremadamente rápida. Apuré los últimos minutos antes de volver sobre mis pasos. Rosa me esperaba y no quería llegar tarde. Aunque estaba templada, me bebí el agua para hidratarme un poco, mientras me deleitaba contemplando tan fantástico paisaje. Era como un sueño...

¡¡ Estaba caminando por la Gran Muralla China !! 

  Llegó el momento de volver y despertar del sueño... Un efímero sueño, pero, una nueva vivencia que siempre recordaré. Que maravilloso es viajar, ver el mundo y conocer otras culturas.

¡¡ Viajar es vivir !!

El "Comandante" soñando despierto. ( Foto de Rosa Morla)
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Muchas veces lo refiero pero, qué razón tenía Rosa cuando me dijo al subir al avión que nos llevó a India...
- Prepárate, porque esto crea adicción...

  Bajé raudo y me reuní con ella. Me esperaba bajo la sombra de un frondoso árbol, parecido a una mimosa. Habíamos quedado a las 13:30 para comer con el grupo, así que partimos sin demora hacia el punto de encuentro, el restaurante. 
El paseo me había despertado el apetito y estaba sediento, porque aunque a última hora se había nublado un poco, dejando un cielo precioso para fotografiar, el sol castigaba sin obstáculos, vertical e impasible.

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La sabrosa comida china me devolvió las fuerzas gastadas en La Gran Muralla.
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  Tras reponer fuerzas volvimos al autobús. De vuelta a Beijing pasaríamos a ver "El Camino Sagrado" y las tumbas Ming. 

El "Comandante" con Du-Fan ( Foto de Rosa Morla).
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La puerta de entrada a los jardines de las Tumbas de los Ming.
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Mausoleos y dragones custodiaban la estatua de bronce del emperador Yongle.

  Siendo sincero, esta visita me decepcionó bastante. Esperaba más del "Camino Sagrado" y de las tumbas Ming, aunque me imagino que habrá alguna parte de todo este inmenso valle que dará más juego, fotográficamente hablando, pero desde luego, lo que nosotros vimos me dejó un poco con las ganas...

  Las Tumbas Ming están situadas a unos 50 kilómetros de Beijing. En ellas están enterrados trece emperadores de esa dinastía, así como emperatrices, cortesanos y concubinas de la corte.

  Se trata en realidad de una necrópolis que ocupa una extensión de más de 40 km². El conjunto está situado en un valle, al sur de la montaña Tianshou. Las tumbas se construyeron entre los años 1409 y 1609. En julio de 2000 fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
  La mayor tumba de todo el conjunto funerario pertenece al emperador Yongle. La entrada a las tumbas se realiza a través del Camino Sagrado, un paseo rodeado de 12 esculturas realizadas en mármol en el siglo XVI. Estas estatuas representan a la guardia de honor del emperador. 

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Atardecer desde el torreón-mausoleo del emperador Yongle.
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El Camino Sagrado estaba flanqueado por preciosas estatuas de piedra.

  El Camino Sagrado se quedó un poco escaso. Seguro que hay mucho más que ver en todo ese entorno. De todas formas, esto es lo que pude fotografiar en mi andadura por él.

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El Camino Sagrado está flanqueado por estatuas de guerreros, escribanos y animales tanto reales como mitológicos.

  El crepúsculo vespertino nos recibió de vuelta a Beijing. Desde el autobús pudimos contemplar un precioso atardecer. Contraluces de enormes torres oscuras, aparentemente sin vida, que se asemejaban a gigantescos hormigueros donde, ajenos a nuestra visita, miles de almas seguían con sus cotidianas costumbres. Fuimos rápidos a ducharnos al hotel y rápidos a cenar. Nos esperaba el famoso "pato laqueado"... ¡¡ Rápido, rápido !!

  Debíamos ser puntuales, ya que era un restaurante del gobierno, donde reclaman puntualidad, debido a la gran demanda de reservas para probar el pato. Un edificio de seis plantas, dedicadas todas a restaurante, al que cantidad de famosos han ido a probar ese delicioso manjar. En los pasillos, fotos de políticos y artistas daban solemnidad y "caché" al lugar. Nos asignaron las mesas y a esperar... Al cabo de un rato, salió el cocinero con el "animalito" y lo trinchó allí mismo, delante de nosotros. ¡¡ Muy rico !!

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El restaurante del gobierno, el cocinero y, a la derecha, los "pintxos" de pato laqueado que nos fue preparando.

  Al acabar de cenar y sin ganas de volver al hotel, desafiando al cansancio, organizamos una salida. Una pequeña vuelta por la zona aledaña a los hutongs, para comprobar la vida nocturna... Era nuestra última noche en Beijing, mañana viajaríamos a Shanghái. Ana, Alex, Juan, Rosa y yo, cogimos el metro frente al restaurante y fuimos a la zona del lago.

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Plano del metro de Beijing, un ticket y la gente en el vagón que viajamos.

  Otro metro más... Después de viajar en Barcelona, Madrid, Lisboa, Budapest, Viena, París... Ahora Beijing. Desde luego, lo que nosotros vimos en Beijing, eran unas instalaciones modernas y bastante nuevas. Cierto es que conociendo uno, conoces más o menos todos, pero los metros  chinos me han resultado muy sencillos y accesibles.

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En cualquier parte del mundo, la noche nos deja imágenes de todo tipo: vida alegre con vino y lentejuelas, bohemia con música y libertad, cruel con pobreza y necesidades.

  La noche no te deja indiferente. En cualquier parte del mundo todo se desarrolla más o menos de la misma manera... Glamour, vino y lentejuelas. Vida bohemia, sin ataduras, libre. Música, sexo, drogas... Pero también  pobreza y mendicidad que, buscando un rincón dónde cobijarse envueltas en la oscuridad de las sombras, se pueden ver claramente cuando miras más allá, cuando buscas bajo la artificial corteza que la sociedad pone para taparlas.
  El paseo, aunque un poco rápido, como todo en este viaje, me resultó gratificante. Era una zona concurrida pero tranquila. Pubs con actuaciones musicales, puestos de bebidas y comida, vendedores ambulantes, músicos bohemios luciéndose ante un público curioso que entregaba unos yuanes a cambio de unos minutos del sonido de una guitarra... La noche...

  Eran más de las 23:00, hora en la que se interrumpe el servicio del metro, así que buscamos un taxi que nos acercase al hotel. Ana, negociadora y tajante, "peleó" con un taxista para que, en una sola carrera, nos llevase a los cinco hasta el hotel. El tipo, reacio al principio, acabó aceptando el precio que Ana le ofrecía, barriendo para casa como buena catalana, y nos llevó hasta Pingleyuan Street, donde estaba ubicado el Grand Gongda Jianguo Hotel.

  Era hora de descansar...

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Beijing - Shanghái

Aunque no volvimos muy tarde, el cansancio se iba acumulando día a día... Pero... Una ducha y a desayunar, eran las siete de la mañana. ¡ FUERA PEREZA !

El programa de hoy constaba de la visita al mercado central, paseo por los hutongs, visita a la Torre del Tambor y la Torre de la Campana y tras la comida, unas horas para ver la calle de los bichos... Antes de coger el tren para viajar de noche hasta Shanghai.

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La ciudad se ponía en marcha y nosotros también. Parecía que iba a coger el autobús para ir a trabajar...

  La mañana empezó agobiándome un poco, porque hubo que dar una vuelta tremenda para ver el estadio de fútbol, el dichoso "nido de pájaro"... ¡¡ No me joxxx !! ¡¡ Maldito fútbol !! ni de vacaciones me lo quito de encima. Yo hubiese preferido andar dos horas más por cualquier otro sitio a esa, para mi gusto, completamente innecesaria y prescindible visita...
  Tras un tour de casi dos horas aguantando el pesado tráfico por todo el centro de Beijing, llegamos al mercado. El bullicio de la gente, los gritos de los vendedores, el trajín de productos, el colorido, la intensidad de los olores... todo ello provocó en mí un subidón de adrenalina que reactivó mis neuronas y me puso en acción.

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El trajín en el mercado era frenético. Lástima de un buen rato más pululando por allí.
Las frutas y verduras, el té, las especias, la gente... Me gusta disfrutar de todo eso y da mucho juego fotográfico.

  Tras la vista al mercado era el turno de los hutongs. Con este nombre se conoce a los callejones que componen el casco antiguo de las ciudades chinas. Construidos durante las dinastías Yuan, Ming y Qing, los hutongs de Beijin están repletos de viviendas ubicadas en torno a un patio cuadrado en los que la vida parece estar anclada en el pasado. La mayoría de las viviendas no disponen de aseo, por lo que es muy común encontrar a sus habitantes dirigiéndose a los baños comunitarios o bien lavando la ropa en las zonas comunes del barrio. Es la otra cara de la ciudad. Gente humilde pero entrañable, con ese halo de cariño que desprende la gente llana, cercana, accesible...
  Montamos en un rickshaw. Yo pensaba que nos iba a acercar hasta los callejones pero, para mi sorpresa, nos cruzaría todo el barrio, sin opción de hacer fotos de los patios de las casas. ¡¡ Vaya rayada !! 
  El rickshaw nos dejó en la casa de una familia que nos explicó detalladamente la organización de la comunidad. Yo quería haberme adentrado más en los callejones, pero el frenético ritmo del grupo no daba opción. Era como un rodillo que no se detiene ante nada y aplasta todo lo que se pone a su paso... Esto es lo poco que pude obtener...

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Los hutongs son unos espacios que tienden a desaparecer.
Están llenos de vida, de historias y de gente maravillosa, humilde y simpática.
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  Al salir de los hutongs, llegamos a la Torre de la Campana y la Torre del Tambor. Antiguamente, estas torres marcaban la apertura y cierre de las puertas de la ciudad. Durante la Dinastía Han, (206 al 220 a.C.) el amanecer se avisaba con el repicar de una campana, mientras que el anochecer se anunciaba al son de un tambor. Desde entonces, estos rudimentarios "relojes" utilizados por el pueblo chino fueron colocados en todas las ciudades del país.

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La Torre del Tambor.
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La Torre de la Campana.

  Con una altura de 46,7 metros, la Torre del Tambor es un colorido edificio de dos plantas en el que se pueden contemplar los 25 tambores que en el pasado fueron utilizados para marcar las horas del día. Después de que el último emperador abandonara la Ciudad Prohibida las horas dejaron de ser anunciadas desde estas torres.

  Situada a 100 metros frente a la Torre del Tambor, la Torre de la Campana es un robusto edificio de piedra y ladrillo de 47,9 metros de altura. En la segunda planta se encuentra una enorme campana de bronce de 7,02 metros de altura que posee 25 centímetros de grosor y pesa  63 toneladas. El tañer de esta se extiende hasta 20 kms de distancia y anunciaba la llegada de las siete de la tarde y el cierre de las puertas de la ciudad.

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Dos conductores de rickshaws esperando clientela.

  Pero la visita se centró en la Casa del Té, bajo la Torre del Tambor. Allí nos enseñaron algo sobre la milenaria cultura del té en China y nos dieron a probar algunas clases de ellos...
  A mi me gusta el té, pero hubiese preferido caminar más por los hutongs o subir a la Torre de la Campana para hacer una panorámica de la ciudad...

Yo...  ¡¡ Seguía quemadito !!

En fin... Cada persona somos mundos diferentes y aquí las estrellas de comandante no tenían ningún valor...         ¿Verdad, Rosa ?

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"Un salón de té, un salón de té...

Con esa mala leche...

¡¡ Un salón de té !!

  Bueno... El té, en lugar de excitarme (ya no podía ponerme de más mala hostia), me relajó un poco. Pensaba que ya no podía ir peor, me daba la sensación de estar perdiendo el tiempo...

      ¡¡ Con todo lo que había por ver !!
  Pero como dice la ley de Murphy, "Si algo puede salir mal... ¡¡ Saldrá mal !! ".

Fuimos a comer y... Después dijo Joan...
- Quedan cuatro horas libres antes de salir para la estación a coger el tren. Han decidido ir de compras a los almacenes de imitaciones y luego, si queda algo de tiempo pasaremos por la calle de los bichos...
- ¡¡ QUÉ !! ¿¡ Han decidido !? ¿¡ Quien ha decidido !? ¡¡ A mí nadie me ha preguntado nada !! -le dije yo.

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En el salón de té.

¡¡ No me lo podía creer !!

  Analizándolo ahora, fríamente, creo que me daba tanta pena acabar esa primera parte del viaje, que todo me irritaba. Bueno, es  cierto que me parece de los más absurdo ir hasta China para meterse en un almacén, pero bueno, ahora no viene al caso. Lo cierto es que después del tremendo rebote, de aguantar las bromas de Rosa riéndose de mi "casqueta", de intentar buscar apoyos para ir a Wangfujing Street ( la calle de los bichos ) y de negociar con Joan el tiempo libre que quedaba, tomé la decisión de acceder a ir con el grupo y aprovechar para comprarle a mi hijo la equipación de la selección de fútbol de China, que se la había prometido para su colección. ¡ Dichoso fútbol !
  Me quemaba un poco, pero no era cuestión de aventurarme a ir solo, sabiendo que a las 19:00 horas teníamos que coger el tren. Un despiste y podía "liarla parda". Al final, negociando con Joan, se decidió repartir el tiempo al 50% y bueno... Me calmé un poco. 

  Soy de la opinión de sacar lo positivo de cada momento más negativo...
De todas formas, desde aquí...  
¡¡ Moltes grácies Joan !! por tu infinita paciencia. 

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Du-Fan y Joan en la entrada a Wangfujing Street
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La calle Wangfujing Street... tradición que corre peligro.

  El último suspiro en Beijing fue paseando por la calle de los bichos. Un sitio curioso, lleno de puestos donde se vendía de todo, desde huevos rellenos, pasando por sabrosa fruta, hasta los más apetecibles escorpiones, saltamontes o larvas de gusanos. 

Yo no pude resistirme y acabé probando los escorpiones pequeños, había unos bastante más grandes de color negro, que no me apetecieron mucho... Probé y... ¡ Sorpresa ! sabían a marisco, me recordaron el sabor de las kiskilak (camarones en español ). 

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La colección de bichos en Wangfujing Street era alucinante.

  Se acababa la primera parte del viaje. El autobús nos llevó hasta el parking de la estación donde nos esperaba una furgoneta con nuestras maletas. Joan repartió los billetes del tren, que iban personalizados con tu nombre y número de pasaporte. Tienen un control exhaustivo con todo ser viviente. Joan nos advirtió que comprobásemos que todo estaba en orden y nos acercamos a la entrada. El tren hacia Shanghái, el convoy T-109, salía a las 19:33 horas. En la estación del tren el protocolo era idéntico que en el aeropuerto. Una vez pasado el control de pasaportes ya no podías volver atrás. Joan pasó por delante para ir organizando el grupo y Du-Fán se quedaba atrás por si había algún problema y... ¡¡ Vaya si lo hubo !!

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Arriba el billete a Shanghái.
A la izquierda la estación de tren de Beijing  / Beijing  Railway-Station.

  Dominique, tubo un problema con el billete, al no coincidir el número de este con el de su pasaporte y... ¡¡ No le dejaron pasar !!

El resto del grupo pasó sin complicaciones, pero ella se quedó al otro lado.  El amigo Du-Fan se quedó con ella y recibía las órdenes de Joan. Se organizó un pequeño follón... Nervios, agobios, preocupación... Intentaron sacar un nuevo billete, pero el tren estaba completo y no despachaban más. Los demás aguardábamos a la apertura de barreras para pasar a los andenes, mientras Joan intentaba desesperadamente arreglar el asunto. Se abrieron las puertas y la multitud se agolpó para entrar, como si escapase de la guerra... Por un momento, me recordó a los trenes que partían cargados de judíos hacia los campos de exterminio nazis...

¡¡ Horrible !! 
  Joan recibió el aviso por parte de Du-Fan de que Dominique había entrado con un billete para otro tren y que debía andar perdida por los pasillos de la enorme estación. El tiempo se agotaba, el tren debía partir y ella no llegaba. Joan, ayudado por una chavala muy maja que le hizo de intérprete con la interventora del tren, intentaba retrasar la salida, pero tras alargar unos cuantos minutos, le dijeron que no se podía esperar más. El tren partió hacia Shanghái... Sin Dominique.

  Una vez colocados, con los pertinentes cambios de camarote para juntar parejas y demás, y sabiendo que Du-Fan había dado con Dominique y le llevaba a un hotel a pasar la noche, Joan se relajó un poco y pudo acabar de arreglar el asunto. Dominique viajaría al día siguiente en avión, desde Beijing a Shanghái y se reuniría con nosotros a primera hora de la mañana.
  Comimos algo de fruta que habíamos comprado y, tras charlar un poco con Joan y con la chica que nos acompañaba en el camarote, Rosa se dispuso a dormir. Yo aguanté un poco más editando alguna fotografía en el portátil, pero viendo que los compañer@s de camarote buscaban descanso, recogí todo, apagué las luces y me tumbé en mi litera. Pronto, vencido por el cansancio acumulado, me quedé dormido. Mi intención era levantarme temprano y ver amanecer desde el tren, pero sorprendentemente, cogí el sueño de tal manera que, ni las paradas en las estaciones, ni el traqueteo, ni el trajín de gente consiguieron despertarme. 

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Shanghái

Dormí de un tirón hasta las 07:30 horas. Cuando me desperté era ya de día, por supuesto. Rosa venía de asearse y Joan se desperezaba en la litera de arriba, frente a la mía. Comimos alguna galleta y algo de fruta que quedaba. En unas tres

horas llegaríamos a Shanghái.  Allí, en la estación, nos esperaba Dan-Fang, la guía que nos acompañaría en Shanghái. Una joven introvertida que nos dijo que le llamáramos Luna.

NOTA:

  El último día le pregunté que me explicase el porqué de ponerse nombres en español, no lo entendía... Ella me comentó que venía de cuando estudió español en la universidad. El profesor les hacía ponerse un nombre castellano y eligió Luna, porque le resultaba corto y fácil de pronunciar. 

  Todavía era muy temprano para ir al hotel a hacer el check-in, así que fuimos a desayunar a una céntrica calle junto a la estación. Después, nos acercamos a ver, desde la margen izquierda del río Huangpu, una estampa del Centro Financiero que lucía imponente frente a nosotros. Estábamos en lo que llaman el "Bund", el paseo marítimo. Las inmensas torres de cristales brillantes y la maravillosa estampa de La Perla Oriental, ese edificio con las bolas de color púrpura que es una torre de televisión, eran el ejemplo del nivel de vida de esa parte de la ciudad, e iconos de la vanguardista ciudad de Shanghái. Allí nos reunimos con Dominique que acababa de llegar del aeropuerto. Saludos, gestos de cariño hacia ella y tras contarnos sus peripecias, seguimos con el itinerario previsto. Todo se había solucionado satisfactoriamente. Tras un rato para fotografiar y pasear, montamos en el autobús para trasladarnos a la parte central de la ciudad. 

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Nada más bajar del autobús esta fue la imagen que vimos, el Centro Financiero de Shanghái.
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Rosa frente al Pudong de Shanghái.
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La zona llamada Pudong.

 The Oriental Pearl Tower, es una torre de televisión construida en el distrito de Pudong. Es uno de los edificios más altos de Asia y la quinta torre de televisión más alta del mundo por detrás de las torres de Toronto, Moscú, Guangzhou y Tokio. La torre fue inaugurada en el año 1995. Tiene una altura de 468 metros y tres niveles con miradores. El mirador más alto está situado a 350 metros y recibe el nombre de “Módulo Espacial”. Existe otro mirador a 263 metros y el último, conocido como “Ciudad del espacio”, está a 90 metros. Cuenta también con un restaurante giratorio a 267 metros de altitud.

  Tras ese primer impacto visual, nos acercaron a uno de los puntos más turísticos del centro, la calle comercial Nanjing Road y el People´s Park. Allí teníamos un par de horas para pasear y ver el ambiente. Ya en pleno medio día el sol castigaba. En un chiringuito del parque, a la sombra, tomamos una cerveza y comimos un sándwich. Después el autobús nos recogió y fuimos al hotel.

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Panorámica del núcleo urbano formado por Jiujian Road, Xizang  Midle Road, Nanjing Road y People´s Park.
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  Llegamos al Merry Hotel en Yanan Road. Tras el check-in subimos a descansar un poco. La cena se hacia temprano, sobre las 18:30 o 19:00, así que, tras acomodarnos y ducharnos, bajamos a cenar. Esa noche iríamos a hacer el paseo en barco por el río Huangpu, para ver la ciudad de noche. 

  Shanghái, al igual que Beijing, es otro ejemplo de estilos arquitectónicos integrados. Los edificios coloniales conviven en perfecta armonía con edificios de la época de Mao y con las grandes torres acristaladas y las luces de neón. Una perfecta simbiosis que se completa con grandes espacios verdes. Esa exuberancia de vegetación me imagino que intentará paliar los efectos de la grave contaminación a la que se someten estas ciudades. Salvo el último día en Shanghái, nosotros no la notamos en exceso.

La tarjeta de visita del hotel donde nos alojamos en Shanghái.
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Por toda la ciudad un festival de coloridos neones.
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El billete del paseo en barco.
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Vistas de la noche de Shanghái, sacada desde el barco.
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  En la proa del barco encontramos un txoko perfecto para montar el trípode y hacernos un hueco dónde estar cómodos. Los chinos y chinas le pedían a Rosa que posase con ell@s.

  El paseo duró cerca de una hora, pero fue visto y no visto... Un suspiro. Yo buscaba el por qué de tanta prisa, con lo larga que es la noche. La respuesta fue que a partir de las 23:00 horas, para ahorrar energía, apagan las luces de los edificios emblemáticos y, por lo tanto, se acaba el espectáculo. Desde allí de vuelta al hotel. El ritmo era frenético y había que descansar.

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Shanghái

Amaneció el domingo. Empezaba la cuenta atrás del viaje, pero todavía quedaba mucho por ver. Alex y yo habíamos quedado a las 06:00 horas para ir a ver el Templo Jing´an, situado a unos dos kilómetros de nuestro hotel, en Shaanxi

Road. A esa hora, al ser festivo, la ciudad iba despertando lentamente de su letargo. Escaso tráfico y una agradable tranquilidad. Estuvimos jugando a bádminton con unos "abueletes" en un parque camino al templo.... ¡ Qué salaos ! Incluso nos pidieron que nos fotografiásemos con ellos y se despidieron cordialmente. Después seguimos nuestro camino.

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Las calles de Shanghái, empezaban a despertarse... Tan sólo eran las 06:30 de la mañana.

  Rodeado de grandes torres, carreteras por sus cuatro costados y cercano a una boca del metro que "engulle y vomita" diariamente a miles de personas, encontramos el Templo Jing´an, que curiosamente significa lugar de paz y tranquilidad. El primer templo fue construido en el año 247 durante el Reino Wu, en el periodo de los Tres Reinos. Es el templo más antiguo de la ciudad. En 1216, durante la Dinastía Song, se trasladó a su ubicación actual. Fue reconstruido durante la dinastía Qing. La primera organización budista del país se estableció aquí en el año 1912. Más tarde, la Revolución Cultural lo transformó en una fábrica de plásticos, pero volvió a convertirse en templo en 1983.

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  En su interior podemos encontrar una estatua de Buda sentado de 3,8 metros de alto. Es la mayor estatua de sus características de todo el país. También una campana de cobre de la dinastía Ming de 6,2 metros de alto y un peso de 5 toneladas, así como un tambor realizado con piel de vaca de 2,2 metros de diámetro. Todo esto lo he leído en Internet, ya que, al ser festivo, a esa hora estaba cerrado al público. Las puertas exteriores estaban abiertas porque recepcionaban algunos productos para el desayuno de los monjes. El hombre que estaba en la entrada nos dijo que estaba cerrado. Le pedimos, por favor, pasar para hacer unas fotos... Muy amablemente nos dejó entrar al patio central y nos dio unos cuantos minutos para fotografiar. 


  En la puerta principal encontramos el emblema del templo, un disco con llamas y un par de esvásticas.

El emblema del Templo Jing´an.

  Desgraciadamente, el movimiento nazi dejo el símbolo de la esvástica "manchado" para siempre. Pero la esvástica se utilizaba desde el principio de la humanidad y se ha encontrado en multitud de culturas y religiones: desde tradiciones paganas europeas, pasando por budismo, cristianismo, jainismo, hinduismo... Se ha encontrado en China, Japón, Argentina, Panamá, Perú, EEUU, en la mitología nórdica era el símbolo del martillo de Thor y en la germánica era símbolo de poder e iluminación, por ello el nazismo la adoptó... incluso el lauburu (cuatro cabezas) en la cultura vasca, está basado en la esvástica.

  Os dejo un enlace  a la Wikipedia, por si quieres leer más sobre este tema.

https://es.wikipedia.org/wiki/Esvástica

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Esvástica hindú.
El lauburu vasco.

  Parecía que la humanidad iba a aprender algo con lo que pasó en el genocidio nazi, pero, lejos de la realidad, hoy en día los mismos judíos, en su momento masacrados, llevan muchos años asesinando a sus "hermanos" palestinos. Sigue habiendo genocidios, los mismos chinos masacraron a los tibetanos (1950) o como pasó en los Balcanes (1991), en muchos países africanos, ahora en Siria y tantas más... Es naturaleza del ser humano auto-destruirse por ambición, es el único animal capaz de matar por matar y eso que se dice que somos "racionales".
  Pero bueno, volvamos al tema... ¡ Que me pierdooooooo !

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El Templo Jing´an  junto a la boca de metro del mismo nombre en la línea 7.
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  Tras la pequeña frustración que supuso tener el templo cerrado, volvimos al hotel a desayunar.

Hoy tocaba visitar el Jardín Yuyuan. Ejemplo de la arquitectura de la dinastía Ming, ubicado en el centro de la Ciudad Antigua de Shanghái. Un paraíso verde dentro del frondoso bosque de neón, hormigón y asfalto. Dan-Fang se deshizo en explicaciones dando sentido a todo lo que nuestros ojos iban percibiendo...


  Se construyó entre los años 1559 y 1577. Un funcionario, de nombre Pan Yunduan, lo hizo a imagen y semejanza de los jardines imperiales. El funcionario quería que sus padres, que no podían trasladarse a la capital ya que eran demasiado mayores para viajar, pudieran ver que aspecto tenía un jardín de este estilo. Por eso le dio el nombre de Jardín Yuyuan (El jardín de la  salud y la tranquilidad ).

Dan-Fang en plena explicación.

  Después de la muerte del funcionario, la familia de Yunduan cayó en bancarrota. El jardín cayó pronto en el olvido y no recuperó su esplendor hasta que en 1760, cuando un grupo de comerciantes lo compró. A principios del siglo XX, una parte del jardín fue convertido en bazar por las autoridades. A partir del año 1957 se inició su restauración, que abarcó todo el barrio que rodea al jardín, construido también durante la dinastía Ming. Luego, en 1982 fue declarado monumento nacional.

  El parque ocupa unas dos hectáreas y contiene los elementos básicos de la jardinería china. Combina los pabellones y estanques con una variada vegetación. A la derecha os dejo algo de información por si queréis leer más...  ;-)

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Texto explicativo de la historia del jardín.
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La zona que rodea los Jardines Yuyuan es también un espectáculo en sí misma.
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Por dentro, los jardines, te trasladan a un mundo pasado.
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El Jardín Yuyuan es un oasis en medio de las moles de hormigón y cristal.

 Diversos pasillos cubiertos enlazan las distintas estancias, en las cuales encontramos grandes patios con decoraciones y esculturas típicas, todo ello dentro de un recinto amurallado con las características formas de un dragón. Precisamente el conocido como Muro de los Cinco Dragones, según contó Dan-Fang, es uno de los elementos más importantes de todo el entorno, en el que destacan las espectaculares esculturas de las cabezas de dragones. El dragón es una criatura mitológica en la cultura china, y se caracteriza por su forma ondulada y sus cuatro garras.

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La mañana fue muy amena y disfrutamos con la
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Seriedad en la Guardia de la R. P. China. Impertérritos se dejaban fotografiar aguantando estoicamente miles de disparos.

  Tras este espectacular paseo, salimos a lo que se conoce como Yuyuan Market, un entramado de calles dentro de la Ciudad Antigua, repleto de tiendas. Antes había que pasar por delante del puesto de la guardia de la R. P. China...

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Yuyuan Market una amplia zona de compras junto a los Jardines Yuyuan.

  Desde allí fuimos a la Fábrica-Museo Nacional de la Seda y más tarde a la concesión francesa. Allí, Ana, Juan, Alex, Rosa y yo decidimos comer en algún lugar de comida tradicional. Nos pusimos a buscar, pero no encontrábamos nada. En una panadería, preguntamos a una chica y nos escribió el nombre de un restaurante de comida china, que debía estar bastante cerca. Como podéis ver a la izquierda, la chavala tenía muy buena voluntad, pero no nos sacó de dudas. Os dejo el nombre del restaurante, por si algún día os hace falta... ;-)

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Una sopa, los baozis o dumplings o momos como les llaman en India. A la derecha, el nombre del restaurante.

  Al final encontramos un buen sitio, pero habíamos perdido mucho tiempo y tuvimos que comer... ¡Deprisa, deprisa!

El momo es una especie de bola de masa cocida que se rellena con diferentes ingredientes muy popular en la cocina nepalí, tibetana e hindú. En la cocina china se llama baozisjiaozi. La masa de los momos está elaborada de harina de cebada y agua. Después, el grupo se volvió a reunir para dirigimos al Templo del Buda de Jade ( Yu Fo Si ).

  Shanghái es una ciudad de contrastes con rincones mágicos. Uno ellos es el Templo del Buda de Jade, un lugar que invita a la meditación y al retiro... Una isla de paz en la vorágine de la vida en la ciudad.
 Esa fue la impresión que sentí en mi andadura por las distintas cámaras y jardines de este templo. Me considero una persona atea, pero si tuviese que "abrazar" alguna religión, desde luego que sería el budismo. Me transmite paz interior, el contacto con sus espacios me hace sentir bien, el olor a incienso y el arrullo de sus interminables rezos calma mi espíritu... 
 
  El templo se encuentra en la parte antigua de Shanghái, a unos 20 minutos del bullicio del Pudong y el Bund. Sus preciosos tejados, típicos en los templos budistas, curvados y decorados con innumerables figuras de dragones y dioses, resisten estoicamente el avance de modernos edificios que parecen sujetar la cúpula del cielo, como columnas de apoyo de una carpa invisible e infinita que cubre todo el recinto.

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El templo Yu Fo Si o Templo del Buda de Jade.

Cuenta la leyenda...

  ...que durante la dinastía Qing un monje, natural de una isla cercaba a Shanghái llamado Hui Gen, realizó un viaje de peregrinación al Tíbet. De regreso a China, el monje paró en Burma (Birmania); allí, un emigrante chino, oriundo de Shanghái, llamado Chen Jun-Pu, le regaló cinco estatuas de jade que representaban a Buda. Hui Gen trajo dos de ellas hasta Shanghái donde, gracias a los donativos que fue recibiendo por el camino, construyó un templo para albergarlas. Poco después Hui Gen falleció. 

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  El templo realmente existió; fue construido en el año 1882, a finales de la dinastía Qing. Sin embargo, en 1911, durante la Revolución China, ese templo fue ocupado por las tropas rebeldes y, las estatuas, así como todos sus tesoros, se trasladaron para salvarlos de la barbarie. Unos años más tarde, en 1918, un monje budista llamado Kechen, lideró un proyecto para construir un nuevo templo en terrenos donados por un miembro de la corte imperial Qing. Se tardaron 10 años en finalizar las obras y en 1928 se abrió nuevamente. Posteriormente, se enfrentó a tiempos difíciles durante La Revolución Cultural China y fue cerrado entre 1949 y 1976. Hoy en día es un lugar de culto activo, con 70 monjes que viven en un edificio aparte.

Tuve la gran suerte de poder asistir unos minutos a una ceremonia de los monjes.
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Distintas imágenes de Buda a lo largo de los salones del templo.
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El Buda reclinado... Me costó deshacerme de todos los reflejos de la urna, pero el trabajo valió la pena.

  La Cámara del Buda del Jade contiene la figura más impresionante de todas, es un Buda sentado. Está tallada de una sola pieza de jade blanco, que mide 1,95 m, pesa 3 toneladas y está decorada con ágatas y esmeraldas incrustadas. No se puede fotografiar, está custodiado por dos personas; un vigilante de seguridad desde un atril junto a la figura y otro que se mueve desde la puerta de entrada a la de salida. Te dejan pasar por el pasillo con la cámara de fotos, así que, si vuelvo a Shanghái, me comprometo a “robar” una fotografía de este Buda. Esta vez me pilló por sorpresa y sin capacidad de reacción...
  Otra sala contiene la figura del Buda de Jade reclinado que representa la muerte de Buda. 

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Otra "pedrada" jugando con el enfoque y el desenfoque.

  Destaca también la Cámara de los Cuatro Reyes Divinos, figuras impresionantes representativas de esta cultura milenaria.

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Los Cuatro Reyes Divinos.

  Me quedé haciendo unas fotos y sin querer, me había despistado del grupo. En cierto modo sentí alivio, poder pasear por ese mágico lugar a mi aire, sin prisas... Me acerqué a la sala de dónde procedían los rezos y me quedé allí prendido unos minutos. Mi mente se transportó a otro lugar, se vació, estaba en paz. Ana me llamó y me sacó del "trance". 
- ¿Has visto al grupo? -me preguntó.
- No, hace un rato que los perdí -le dije yo.
  Buscamos en el plano de situación la sala donde estaba el Buda de Jade. No queríamos irnos de allí sin verlo. De camino nos topamos con el grupo que ya venía de vuelta. Fuimos raudos a verlo. Al salir, compramos unos inciensos de sándalo, para purificar la casa. Ya en la puerta de salida del templo, Ana se dio cuenta que se había dejado el móvil en la tienda. Volvimos atrás. Lo dejó encima del mostrador y la dependienta se lo había guardado. Al llegar al autobús, Rosa estaba que echaba humo y me calló un buen rapapolvo. Ni que decir tiene que mi paz interior se resquebrajó.   :-(

Desde aquí pido disculpas al grupo, incluyendo al conductor y a los guías, por ese pequeño incidente. 

  Os dejo información: ( actualizada en mayo de 2017 )

* Templo Yu Fo Si / Templo del Buda de Jade

Localización: 170 Anyuan Street (Shanghái)

Cómo llegar: Línea 13 del metro hasta Jiangning Road

Horario: 08:30 a 17:00

Precio: Entrada 20 Yuanes + 10 Yuanes para ver la Torre y el Buda Sentado

Nota: se aconseja como mínimo una hora de visita, a poder ser a primera hora de la mañana.

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Fotografiando el atardecer desde el autobús, camino al hotel.

  Volvimos al hotel para ducharnos y cenar. Después iríamos a ver un espectáculo de acrobacias a un teatro del centro de la ciudad. Resultó bastante entretenido y curioso de ver. Diversas actuaciones de acrobacia, gimnasia, habilidad, contorsionismo y un número final en el que se juntaron cinco motos girando dentro de una esfera metálica que ponía los pelillos como escarpias...

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Arriba la tarjeta del teatro, abajo alguna de las actuaciones.

  Al acabar el show regresamos de nuevo al hotel. Era momento de relajarse y descansar. Al día siguiente iríamos al pueblo de los canales... Zhujiajiao.

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Shanghái - Zhujiajiao - Shanghái

Hoy tocaba la excursión a los canales. Tenía que ser un bonito día fotográficamente hablando, el lugar parecía que se prestaba para ello. Tras una ducha, como todos los días, nos tomamos un potente desayuno mediterráneo, con zumo,

fruta fresca, yogurt, cereales, pan tostado, mantequilla, mermelada y un par de cafés para espabilar. Lsalimos hacia la localidad de Zhujiajiao. Eran unos 55 km de carretera en dirección sur-oeste, hasta llegar a orillas del Lago Dianshan. Alrededor de una hora de viaje por una ancha y bien asfaltada carretera pero, como siempre, con bastante tráfico.

  Al llegar, Joan nos explicó el recorrido y nos citó en ese mismo punto. Disponíamos de dos horas y media. Así qué, sin demora, aprovechando que todavía no había mucha gente, nos dirigimos al embarcadero. Rosa, Dominique y yo, montamos en una de las anchas y robustas barcazas que recorrían el canal. Un gratificante paseo de una media hora que nos relajó bastante, haciendo unas cuantas fotografías.

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Distintas vistas del paseo en barca por los canales de Zhujiajiao.

  Tras el paseo en barca nos dispusimos a hacer el recorrido a pie por el pueblo. Cientos de pequeños comercios, con puestos de comida, artesanía y tiendas de todo tipo, salpicaban ambos lados de los estrechos callejones. Dan-Fang nos comentó que era festivo, celebraban "el día del dragón" y lo típico era comer una especie de pastel de arroz y especias. Compré uno para probarlo y bueno, se dejaba comer...
​  Poco a poco nos fuimos encontrando con la gente del grupo. Dominique se había quedado viendo un museo o algo así. Recorrimos todo el pueblo, cruzamos el puente hasta la otra orilla y sobre nuestros mismos pasos volvimos hacia el punto de partida... No había manera de hacer un recorrido circular, porque sólo se podía cruzar por ese puente.
​  Volvimos al punto de encuentro, la gente iba llegando con cuenta gotas, así que me aposté a la sombra en un lateral de la calle. Era "el momento retratos" y claro está...  ¡ Me puse las botas !
​  Os dejo aquí los mejores...

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Estos dos son mis favoritos...

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  Gracias a tod@s por posar para mí, de manera voluntaria o involuntaria. De todo corazón... xie-xie.

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  Tras la visita a Zhujiajiao volvimos a Shanghái y fuimos a comer. Después nos acercamos al Centro Financiero, aprovechando para hacer alguna compra de última hora. En una hermosa plaza, dónde los niños hacían volar sus cometas y jugaban con las bicicletas y patines, nos sentamos a disfrutar un poco del sol y descansar.
  Cómo tenía el día un poco inspirado, aproveché para seguir con lo mío, es decir, fotografiando; primero, a la gente...

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  Luego, la calle...

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Ticket de entrada a "La Perla Oriental".

  Hasta que el crepúsculo vespertino fue dando paso a la hora dorada y más tarde a una nueva noche... Era el momento de volver al hotel... Juan, Rosa, Alex y yo habíamos decidido ir a ver "La Perla Oriental".

"La Perla Oriental", un espectáculo de luz en la noche de Shanghái.

  Las entradas resultaron un poco caras, pero bueno, al fin y al cabo, estábamos de vacaciones... Fuimos a la parada del metro del Templo Jing´an, el templo dorado, línea 7. Desde allí hasta Longyand Road para coger la línea 2 hasta el mismo Centro Financiero, en Lujiazui a los pies de "La Perla". Las entradas resultaron un poco caras, pero bueno, al fin y al cabo, estábamos de vacaciones...

  Desde arriba, desde la segunda bola, que es el piso 90, la vista era espectacular. La ciudad iluminada se extendía a nuestros pies...  y nunca mejor dicho, porque desde la zona de suelo acristalado, se podía ver la calle, contemplando diminutas a las personas y los coches. Daba un poquito de cosa, pero...

  Sin embargo las fotografías hechas desde arriba no sirven para nada. Entre el espeso cristal de las ventanas, sucio por fuera, los reflejos de anuncios publicitarios del interior y los flashes de las máquinas y móviles de los chinos, era imposible hacer algo curioso... Pena, ¿pero? 
 Arriba hacía un frío horroroso. Rosa estaba aterida y no disfrutó nada de la visita. Además, el cansancio también hacía mella. Bajamos a las once, justo cuando apagaban las luces de los edificios emblemáticos. El metro cierra a esa hora, así que decidimos coger un taxi. No tardamos mucho en encontrar uno...  ¡ Uno de los años 70 !
Es curioso, tanto en Shanghái como en Beijing, sobre todo en la última, la flota de turismos es súper moderna y muy importante, Audi, Mercedes, Volvo... pero los taxis, que son todos empresas privadas, son cascajos  viejos.
¡¡ Oh, my Good !! ¿ Qué era aquello ? Un tío antipático en un "carro" que parecía estar sacado de una película de terror...


  El caso es que en quince minutos estábamos en el hotel, era hora de descansar...

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Shanghái 

Amaneció el último día de nuestro viaje a China. Tras desayunar y hacer el check-out a eso de las 09:30, fuimos de nuevo al Centro Financiero para subir a la torre denominada Shanghai World Financial Center Observatory.

Subimos hasta el piso 100 a 474 metros de altura. En esta ocasión, aunque también había reflejos en los cristales, estos eran más suaves y al no haber flashes se podía afinar algo más.

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Arriba, ticket de entrada a World Financial Center Observatory.
En el centro una imagen desde la torre.
A la izquierda el folleto de pubkicidad.
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Shanghái desde el piso 100 del World Financial Center Observatory.

  Al bajar de la torre, tuve la oportunidad de hacer esta panorámica...

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El colorido World Financial Center de Shanghái.
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  Eran las últimas horas en China. Después de esta visita, iríamos a comer a un restaurante a las afueras del Centro Financiero. Cuando parecía que ya estaba todo hecho, resultó que el destino nos tenía guardado un último regalo. El restaurante en cuestión estaba situado junto a la parte antigua de la ciudad, junto a lo que podríamos denominar los hutongs de Shanghái. Tras la comida, quedaban unas cuatro horas libres antes de partir camino al aeropuerto. Rosa me comentó que podíamos ir a ver esa zona de la ciudad. Dan-Fang y Joan nos ayudaron a situamos en el plano del metro para ver como volver al hotel y... ¡¡ Listo, a callejear !!
​  Caminar por la Gran Muralla y dentro de la Ciudad Prohibida fue alucinante, casi increíble, pero este fue el rato más entrañable de todo el viaje, paseando, tranquilamente, por las calles de Shanghái. Una sensación de libertad inundó mi cuerpo y mi mente. Sé que ella hizo un gran esfuerzo para recorrer esa zona. Desde aquí se lo agradezco de todo corazón. 

Joan y Dan-Fang en el hall de la torre.

  La verdad es que los dos disfrutamos mucho caminando entre la gente, las tiendas y mercados. Creo que las fotos más auténticas de este viaje están hechas en esas horas. ¡¡ Gracias Rosa !!
​Aquí os dejo algunas...

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  La vida a pie de calle, la simbiosis entre lo antiguo y lo moderno, encerrado en una misma imagen como muestra la foto central de arriba. La sonrisa de la gente, sus costumbres, sus oficios, en una palabra, su vida, eso es lo que intenté captar. 

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La tarde pasó en un suspiro. La gente fue muy amable y simpática. Rosa estaba bastante cansada y además debíamos volver al hotel para reunirnos todos. Así que nos dirigimos a Dalian Road para coger el metro en la línea 4. Desde allí hasta Zhenping Road donde engancharíamos con la línea 7 hasta la parada de Jing´an Temple y caminar por Yan´an Road hasta el hotel. Llegamos sobre las 18:30 con tiempo suficiente para asearnos un poco y cambiarnos de ropa para ir al aeropuerto. Sobre las 20:15 salimos en autobús hacia la T2. ¡Qué pereza! De nuevo a pasar los controles; pasaportes, maletas, mochilas... De nuevo la tensión del aeropuerto.

Shanghái, otra ciudad más para la lista de viajes en metro.

  En la entrada nos despedimos de Dan-Fang. Personalmente creo que a última hora nos portamos mal con ella. Yo no me di cuenta de la jugada hasta que estábamos dentro del avión, pero así como a Du-Fan y al conductor de Beijing se le dio una propina (cosa que entiendo completamente voluntaria), con el binomio de Shanghái no se hizo lo mismo. Creo que ella se portó muy bien. Siempre pendiente de si necesitábamos cambio, nos recogió los yuanes que nos sobraron, nos explico bien la historia de los lugares que visitamos... Sí, es un poco más seria que Du-Fan, pero una profesional como la copa de un pino.

​  Esta vez no hubo problemas. Pasamos los controles de entrada, facturamos y pedimos asientos para viajar juntos, pasamos los controles de embarque y una vez dentro de la zona internacional sólo quedaba esperar a la hora de subir al avión. De nuevo un Airbus-380.

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Shanghái - Barcelona - Astigarraga

Bastante puntual, el vuelo EK-303 de Emirates Airlines despegó de Shanghai con destino Dubái, eran las 00:10 horas. Teníamos cinco horas y media por delante. Nada más despegar, cuando el vuelo se estabilizó, nos sirvieron la cena.

¡ Qué descontrol de comidas ! La verdad es que Emirates se portó de primera. Buen servicio, sin escasez, azafat@s internacionales para atender al personal; vimos gente de Honduras, China, Malasia, Holanda, España, Lituania, Reino Unido, Francia, Arabia, Sudáfrica... 

  Después de cenar intentamos dormir un poco. Esta vez el avión llevaba más gente y no había tanto sitio libre como en la ida, así que no pudimos estirarnos. Yo me entretuve editando algunas fotos en mi ordenador... Siempre viajo con él. A la hora prevista 05:35A.M. llegamos a la T3 de Dubái. Allí el grupo se partía, unos para Madrid y otros íbamos a Barcelona.


​Primera despedida...

  El vuelo EK-185 con destino Barcelona despegaría de la T3 de Dubái a las 08:15. Así que nos dio tiempo a tomar un café y estirar las piernas por la zona de embarque del aeropuerto dentro de la terminal. Charlamos un rato con Joan, comentando las vivencias del viaje, hasta que llegó la hora de embarcar. Nos fijamos que para este segundo vuelo nos habían dado asientos separados, pero en la puerta de embarque hubo ocasión de cambiarlos.
  Faltaba el último tramo. Salimos puntuales. Pasamos el vuelo entretenidos, comimos nuevamente y vimos una película en nuestro portátil. A la hora prevista llegamos a Barcelona. Al llegar nos encontramos con la nota triste del viaje. Nada más aterrizar, a nuestro amigo Marcelo le comunicaron el fallecimiento de su madre. Tras el bajón, por ver triste a nuestro amigo, llegó el momento de una nueva despedida. Desde allí nos quedaba el último traslado hasta Donostia...

  El viaje finalizaba... De nuevo tocaba zambullirse en el mundo real, pero con una vivencia más, una historia más, un sueño cumplido... Ahora a trabajar y seguir pensando en otro lugar, otros sueños. Quien sabe... Mágicas auroras boreales, enigmáticas tierras africanas, la apasionante Ruta de la Seda, o la romántica Toscana...

  Pero eso como decía Du-Fan... Será en otro capítulo.

Agradecimientos:

  El Grupo Ejemplar verdaderamente fue un conjunto de personas con gran calidad humana, unidos por la pasión de viajar. Gracias a tod@s por vuestra compañía en este viaje. 
  Gracias a Joan por su entrega, simpatía, sus salomónicas decisiones e infinita paciencia. Gracias a Du-Fan y a Dan-Fang por sus amenas explicaciones. Gracias a Holiday Plus por su capacidad organizativa y su calidad de servicios.

  Y sobre todo, gracias a ti...

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谢谢大家,我会回来的

Xièxiè dàjiā, wǒ huì huílái de

Gracias a tod@s, volveré.

© F. J. Preciado  2017